Mientras la economía nacional se encuentra casi paralizada, el juguetito costó siete mil millones de pesos, un derroche digno de un país tan desigual y tan carente de ciudadanos, porque quienes viven pegados al futbol y a las telenovelas sin exigir sus derechos, no pueden tener la categoría de ciudadanos. Si acaso son mayores de edad con derecho a votar, pero sin capacidad de discernir lo bueno y lo malo de las cosas. ¿Cuánta gente comería con siete mil millones? ¿Cuántos empleos pueden crearse? ¿Cuántas becas para estudiantes pobres? Quienes nos gobiernan sólo están para legitimar las medidas de extracción acelerada de la riqueza nacional. Y por cumplir ese poco gratificante papel se dan el lujo de darse sus caprichos. El pueblo, el único que paga todas las cuentas, deberá resistir un poco más, pero tendrá el orgullo de tener un presidente que no viaja de forma corriente, sino con verdadera categoría, un poco como el alcalde de Tlaquiletango que se avergüenza de andar en vocho y prefiere las buenas camionetas.
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Oscar Davis
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