Sociedad

El escritor y el machismo


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Los hombres (varones) han construido sistemas, como la política (corrupción), la medicina alópata (yatrogénesis), el futbol (negocio sucio), la economía (siempre desigual) y hasta el arte y sus becas (con sus poetas acosadores). Los caballeros han creado casi todo, dejando testimonio de ello. Es la visión de los vencedores, los machos, los increíbles dominadores de Mundo. Los griegos tenían esta visión, en su Club de Toby solo señores apuestos compartían ideas. Lo creado por masculinos tiene vigencia y muchos lo aplauden, pero también ha generado estragos.

Dicen que el machismo es una condición del hombre, que lo impulsa hacia adelante, como don Juan conquistador, para alcanzar sus metas. Según, que el hombre sea competitivo es benéfico para todos. Si viviéramos en la época de las cavernas, quizás valdrían dichos argumentos… y eso quién sabe.

Del machismo se conocen en especial sus daños: feminicidios, abuso de poder, fraudes, invisibilización de las mujeres (política, deporte, historia, arte), guerras, eugenesia, prohibiciones, desigualdad. Visto así, el machismo es el diablo de los creyentes, el coco de los niños, es Voldemort… Y sí.

Aquí mi hipótesis: “El machismo es una corriente ideológica que nunca ha expuesto sus principios, ni redactado sus bases, ni promovido su propagación por sí mismo, sin embargo, permea todas las sociedades destruyendo lo que puede”. Están claros sus efectos (defectos), que podríamos definir como “el resultado de la supremacía del hombre”, pero no existe un solo libro teórico que apoye el machismo como idea inicial.

Sí hay instituciones machistas, y aunque el machismo no es su propósito, se aprovechan de él, como: religiones (prohibitivas y abusivas), política (excluyente), pornografía, negocios (tanta testosterona), sistemas familiares (“patriarcas”), escuelas (faldas y pantalones), literatura, sindicatos, incluso en el lenguaje (masculino incluyente, plurales masculinos).

Tampoco existen líderes del machismo en el mundo. Hay dirigentes machistas de instituciones machistas (incluso fascistas), pero no líderes puros. Quizás te creas un buen representante, pero solo eres un miembro más de un gremio que no existe de forma independiente, aunque es actual, y no eres líder.

El machismo acaba con su entorno y ataca cuanto puede. En general, las mujeres no construyeron las ciudades, no desarrollaron los combustibles, no acaban con los recursos naturales, no explotan hombres sexualmente, no se casan con niños, no prohíben los derechos ajenos, no obligan a parir ni creen que los hombres sean inferiores; estos son resultados del machismo (no se ofendan, machistas, reflexionemos).

El machismo es una representación caníbal de la violencia, pero tampoco es la violencia pura. Por ejemplo, hay un punto cuando el machista es débil, en especial si se sabe ignorante y no está respaldado por otros machistas, pero también cuando le da gripa, se siente morir y le pide a su mami que le haga un caldito.

Paradójicamente, esta ideología no es exclusiva de machos: también puede haber machistas mujeres (en cualquiera de sus roles) y personas de la comunidad LGBT+. Contrario a lo que algunos piensan (quizás tú también), yo afirmo que el machismo no es natural, ni genético, sino que es algo que se enseña: en escuelas, en la familia y el trabajo, pero sobre todo en las religiones.

El machismo separa: divide el mundo entre hombres y mujeres: indica lo que pueden hacer ellos y lo que deben o no hacer ellas; marca distinción y discrimina con parámetros como “porque es hombre” o “porque es mujer”.

Aún no hay equidad de género, aunque por fortuna el debate está vivo. No se trata de ver quién gana (tan machista), sino de revisar los fenómenos sociales con sentido crítico. No se cambia el mundo con una opinión, pero puede ser un inicio. Mientras el feminismo es la defensa de los derechos de la mujer, el machismo es la violentación de los mismos. Cabe aclarar: no todos los hombres son machistas, pero sí está en cada uno de nosotros combatir, desde nuestros privilegios, una ideología incomprensible y destructiva, que acaba incluso con nuestra identidad y nos somete a su estulticia.

El octubre iniciaré el taller Yo, papá, para que hombres escriban su testimonio como padres. Una amiga me dijo que mi mejor lugar en la equidad de género sería trabajando con hombres.

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Daniel Zetina

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