Jesús Antonio del Río Portilla

Jesús Antonio del Río Portilla

Miércoles, 07 Noviembre 2018 05:24

Miquixtli en Cuernavaca

En varias ocasiones me he referido a la importancia de crear actividades culturales para construir armonía en la población. Hoy quiero enfatizar la celebración de las festividades del Día de Muertos en Morelos. Con la celebración de Miquixtli en Cuernavaca las personas que asistimos al centro de la ciudad entre los días 1 al 4 de noviembre, pudimos convivir y apreciar parte de nuestra cultura relacionada con los recuerdos de nuestros muertos.

En este año pude disfrutar en dos días de las artesanías y de eventos artísticos tanto callejeros como profesionales.

Primero me quiero referir a los callejeros que a lo largo de la calle Miguel Hidalgo, en el centro de Cuernavaca, que va del Jardín Borda a un costado de la Plaza de Armas, se instalaron y con diferentes propuestas artísticas o musicales nos deleitaban. En nuestro caminar, disfrutamos de dúos tocando charangos y cantando con disfraces alegóricos a las catrinas o de interpretaciones de obras clásicas que invitaban a detener el caminar sólo por el placer de escuchar y disfrutar.  Estos músicos se instalaron en las cercanías de los cafés en la calle Hidalgo o de la Casona Spencer y entretenían al caminante o amenizaban el mismo ambiente de los comensales. En particular, la coincidencia de nuestro andar en el tiempo y el espacio, nos permitió escuchar tres excelentes propuestas musicales que disfrutamos ampliamente.

Estas invitaciones de calidad musical excepcional se unían a otras, para compartir con otros andantes, de puestas en escena de obras coreográficas con áreas importantes para la mejora; pero que permitían el contacto remoto y efímero entre las personas que paseábamos por el lugar, al observar los pretenciosos movimientos evocadores de emociones.

En uno de los extremos de la calle Hidalgo, se encuentra el Jardín Borda, donde las tradicionales ofrendas de las diferentes regiones del Estado podrían ser admiradas. También en este jardín se instalaron los puestos de artesanos, desde los tradicionales hasta los artesanos de la tercera edad que ofertaban sus productos y los paseantes comprábamos para usar y disfrutar después.

En mi opinión, las ofrendas diseñadas y realizadas por varias escuelas de la ciudad de Cuernavaca, que se exhibieron en la Casona Spencer, también mostraron la calidad de todos los años anteriores. Paseando entre ellas, pudimos evocar momentos de otros tiempos y apreciar otras manifestaciones teatrales con artistas locales de excelente calidad.

Para finalizar, la calle Hidalgo en la Plaza de Armas se instaló otro sitio para artesanos o puestos de artesanías. Estos puestos adicionales a los que cotidianamente están en el lado sur del Palacio de Cortés o Museo Cuauhnáhuac, también permitían ser espectadores del trabajo de los mexicanos.

Además de estas formas, digamos espontáneas, de interpretaciones artísticas o de comercio en zonas no destinadas para ello; se presentaron en lugares diseñados para estos fines, como la fuente Magna o en la Sala Manuel M. Ponce del Jardín Borda, diferentes eventos teatrales o musicales. Ahí se presentó uno de mis grupos vocales favoritos “Vocal Axolote Ensamble” y que recomiendo ampliamente escucharlos, son un grupo muy talentoso de jóvenes con excepcionales voces.

Claramente, estos esfuerzos de los artesanos, artistas, comerciantes y de las autoridades locales y estatales, durante ya varios sexenios, han fomentado la creación de una identidad entorno a Miquixtli en la ciudad de Cuernavaca que las personas disfrutamos y asociamos con la cultura propia de Morelos. Por supuesto, que a lo largo del tiempo, hay variantes tanto en la forma de organizar como en la selección de los artistas; pero lo importante es preservar la tradición.

En estos momentos de franca incertidumbre por cambios anunciados, pero con amplias esperanzas la preservación de actividades colectivas enfocadas a la ciudadanía, fomentan la cohesión social que tanta falta nos hace en estos momentos, donde también las divisiones parecen ahondarse.

Esperemos que las actividades orientadas a las personas como Miquixtli o la Semana de la Ciencia se preserven y las autoridades actuales las continúen.

Miércoles, 17 Octubre 2018 05:46

Visión al 2050 en energías renovables

En estos días los comentarios son sobre la transformación de nuestro país que están a la orden del día, en la mayoría de los medios de comunicación las palabras sobre la cuarta transformación son cotidianas. Así que hablemos de transformación aquí también.

La semana pasada en estos comentarios, tocamos las contribuciones que dieron origen a los premios Nobel de este año en economía, enfatizando que los galardonados hicieron contribuciones que involucran los aspectos limitantes del cambio climático y el empuje de la innovación tecnológica en los ámbitos del análisis macroeconómico. Hoy quiero continuar comentando uno de los aspectos que mencioné tangencialmente la semana pasada: La urgente necesidad de cambiar nuestro comportamiento, respecto al uso de la energía para conseguir contender con el cambio climático antropogénico.

Para ello quiero seguir la líneas que planteó hace algunos meses la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), en la propuesta de mapa de ruta para las energías renovables con miras al 2050[1].

En este estudio se concluye que las tendencias actuales de las emisiones, apuntan a que no se cumplirá el objetivo de mantener el incremento de la temperatura en menos de 2°C con respecto a la temperatura de la época preindustrial, a menos que cambiemos estas tendencias. Por lo tanto tenemos que hacer algo.

En ese estudio, se enfatiza que los planes gubernamentales siguen muy lejos de satisfacer las necesidades de reducción de las emisiones. Claramente, no es cuestión de encontrar más yacimientos de petróleo, sino de la necesidad de no quemarlo, dado que existen otras fuentes de energía.

Con las políticas actuales, el mundo agotaría en menos de 20 años su “presupuesto de carbono” (CO2). Es decir, mientras que los combustibles fósiles como el petróleo, el gas natural y el carbón sigan siendo predominantes en el conjunto de las fuentes de energía, las consecuencias de un cambio climático global serán catastróficas.

Para contender con esta tendencia, IRENA propone actuar en seis ámbitos:

  1. Aprovechar las potentes sinergias entre la eficiencia energética y las energías renovables.

El efecto de estrategias dirigidas a utilizar la eficiencia energética y las fuentes renovables de energía pueden satisfacer rentablemente la mayoría de las necesidades de descarbonización relacionadas con la energía para 2050.

  1. Planificar un sector eléctrico en el que una elevada proporción de la energía sea renovable. Modificar los aspectos normativos del sector eléctrico para contemplar a la energía solar y eólica como las columnas vertebrales de las redes eléctricas. Esto implica una planificación del sector eléctrico enfocado hacia la generación distribuida.
  2. Aumentar el uso de la electricidad en el transporte, los edificios y la industria. Deben construirse las normas de ordenación urbana y construcción para hacer posible una descarbonización exhaustiva y rentable de los sectores de transporte, doméstico e industrial mediante electricidad. También es muy importante considerar la bioenergía moderna, la energía solar térmica y la geotermia, como parte fundamental de la mezcla de fuentes renovables de acuerdo con el entorno del uso específico de la energía.
  3. Fomentar la innovación en todo el sistema. Las iniciativas de innovación deben abarcar todo el ciclo de vida de una tecnología, incluyendo las fases de demostración, implantación y comercialización. Esta innovación debe considerar los enfoques de gestión de los sistemas energéticos y de los mercados, así como los modelos de negocio y concienciación de los usuarios. Para conseguir las innovaciones que necesita la transición energética, los gobiernos nacionales, los actores internacionales, el sector privado y el social deberán actuar de forma intensiva, enfocada y coordinada.
  4. Armonizar las estructuras socioeconómicas y la inversión con la transición hacia las renovables. Cuanto más rápido se materialice la transición energética, menores serán los costos de adaptación al cambio climático y el trastorno socioeconómico. El sistema financiero debe armonizarse con mayores requisitos de sustentabilidad y transición energética. Es indispensable que los costos económicos reflejen debidamente los costos ambientales y sociales del uso de combustibles fósiles y con ello contribuyan a eliminar obstáculos para acelerar la implantación de soluciones basadas en las renovables. Es fundamental proponer estrategias que fomenten las inversiones distribuidas (eficiencia energética y generación distribuida), muchas de ellas pueden ser sociales.
  5. Velar porque los costos y beneficios de la transición se repartan de forma equitativa. El alcance de la transición necesaria es tal que sólo se podrá conseguir por medio de un proceso colaborativo en el que se involucre toda la sociedad. Recordemos que la energía se puede ver como un bien común y su uso debe ser pagado en forma equitativa por todos los miembros de la comunidad. El acceso universal a la energía es un componente esencial de una transición justa y equitativa. Se debe promover un sistema de contabilidad social que visualice las contribuciones a la transición y las obligaciones que conlleva para ciudadanos, comunidades, países y regiones. Hay que avanzar en la definición y establecimiento de un contexto equitativo para compartir los costos de la transición, al tiempo que se promueven y facilitan estructuras que permitan un reparto equitativo de sus beneficios.

Por supuesto, que estas líneas son solamente el resumen de la propuesta, pero considero importante mencionarlas y apoyarlas. Hoy que en nuestro país se están definiendo las políticas para los próximos años que afectarán por el resto de nuestras vidas; es imperioso tener una visión de largo plazo que seguramente evidenciará que el único futuro está basado en las energías renovables.

Enfatizo: Hay que cuidar al petróleo, no lo quememos. Un México basado en energías renovables en el 2050 es posible, hagámoslo, recordemos que ese futuro no está lejos para la mayoría de las personas que habitan este planeta.

[1] http://irena.org/publications/2018/Apr/Global-Energy-Transition-A-Roadmap-to-2050

 

 

Aunque decidí titular este comentario mencionando el desarrollo económico, estoy pensando en el bienestar social. Sin embargo, la nota es el Premio Noble de Economía y este premio se otorgó en la economía. Si bien es cierto que fue en la macroeconomía. Quiero comentar que en la jerga de los versados en economía, al hablar de desarrollo económico se está invocando a frases cargadas de ideología que evitan la discusión y los acuerdos, cuando otros invocamos el desarrollo sustentable y algunos más radicales evitan la palabra desarrollo. Pero no me voy a detener en estas sutilezas, sino trataré de explicar en términos cotidianos la importancia de que la Academia Sueca haya decidido otorgar el Premio Nobel de Economía a: William D. Nordhaus (Yale University) por la integración del concepto de cambio climático con una perspectiva de largo plazo en el análisis macroeconómico; y Paul M. Romer (NYU Stern School of Business) por integrar la innovación tecnológica en el análisis macroeconómico con una perspectiva de largo plazo. En síntesis la Academia Sueca premia a dos destacados economistas por realizar trabajo con miras en el largo plazo y con dos aspectos fundamentales de nuestros días: el cambio climático y la innovación tecnológica.
En palabras de la Academia Sueca[1]: William D. Nordhaus y Paul M. Romer han diseñado métodos para abordar algunas de las preguntas más básicas y apremiantes de nuestro tiempo, acerca de cómo creamos un crecimiento económico sostenido y sustentable en el largo plazo. A continuación la propia academia abunda en la información, aclarando que han ampliado significativamente el alcance del análisis económico, al construir modelos que explican cómo la economía de mercado interactúa con la naturaleza y el conocimiento.
Por supuesto, estamos de acuerdo con la importancia de estos tópicos. De hecho en estos comentarios hemos abordado varias veces la necesidad de enfocar los estudios en las interacciones entre los ámbitos económicos, ambientales, sociales y organizacionales de la sustentabilidad. Los lectores no nos dejarán mentir, al recordar nuestras frases dirigidas a estudios en el largo plazo para contender con las contradicciones entre estos ámbitos que debemos dirimir para conseguir la sustentabilidad.
Paul Romer modeló cómo las decisiones económicas determinaban la creación de la tecnología y no sólo la tecnología era el motor de la economía. Consideró los efectos en ambos sentidos y para ello necesitó una visión de largo plazo. De esta manera, sus modelos han generado nuevas investigaciones sobre las regulaciones y políticas que fomentan nuevas ideas y bienestar en el largo plazo. Para nosotros, lo importante es contemplar que las políticas definidas para fomentar la innovación tecnológica tiene repercusiones en el bienestar de las personas, sí se analizan en el largo plazo.
Entre tanto, William Nordhaus se convirtió en la primera persona en crear un modelo de evaluación integrado de la economía y el ambiente, es decir un modelo cuantitativo que describe la interacción global entre la economía y el clima. Su modelo considera teorías y resultados empíricos de la física, la química y la economía. El modelo de Nordhaus ahora está ampliamente difundido y se utiliza para simular cómo la economía y el clima coevolucionan. Sus herramientas nos permiten simular cómo la economía y el clima co-evolucionan bajo supuestos alternativos sobre el funcionamiento de la naturaleza y la economía de mercado, incluidas las políticas. Nuevamente su modelo se utiliza para examinar las consecuencias de las intervenciones de política climática, por ejemplo, los impuestos al carbono en el desarrollo económico y se está ampliando para considerar el bienestar social.
Es importante mencionar que en las primeras entrevistas después de conocerse la noticia de otorgamiento del Premio Nobel [2], Romer enfatizó que sí es posible atender las medidas urgentes, como la señaladas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas, para no incrementar más de 1.5 grados la temperatura en el futuro cercano. Esto debido a que las personas tienen una gran capacidad para resolver los problemas; pero que se debe evitar apreciar como catastrófico e irresoluble la problemática de cambio climático, ya que sí tiene solución. Nordhaus señaló que debemos pensar en el largo plazo y lo global para poder contender con este cambio climático antopogénico. En otras palabras, recordar que nada está lejos y que todo tiempo nos llega.
Quiero recordar que en estos comentarios, he mencionado varias veces a otra persona ganadora del premio Nobel de Economía en 2009, Elinor Ostrom, quien con sus contribuciones en el entendimiento de la gobernanza de lo común, también nos brinda herramientas para construir un bienestar social.
Los invito a leer y difundir estos logros científicos en el área de la economía que apuntan más bien a una generación multidisciplinaria de conocimiento, donde debemos enfocarnos más a la compresión de las ideas que a la definición de conceptos o vocablos propios de las jergas disciplinarias.
Finalizo, comentando que las ciencias sociales y económicas deben redoblar los esfuerzos, al igual que las exactas y naturales, para que las personas que tomamos las decisiones votando, tengamos conocimiento adecuado para elegir a otras personas que puedan con conocimiento resolver nuestros graves problemas locales y globales en el largo plazo.

[1]https://www.nobelprize.org/prizes/economics/2018/press-release/
[2] https://www.theguardian.com/world/2018/oct/08/two-us-economists-win-nobel-prize-for-work-on-climate-and-growth-william-nordhaus-paul-romer

 

Miércoles, 03 Octubre 2018 05:35

De magnos edificios

Se han preguntado ¿cuál el tamaño máximo que puede alcanzar un edificio? Esta pregunta surge dado que cada año o más frecuentemente podemos ver, leer o escuchar que se está construyendo un edificio más grande. Recuerdo mi niñez cuando se decía que la Torre Latinoamericana en la Ciudad de México era la más alta del país. Por supuesto, que en esa época al pasar a su lado la veía enorme, aunque la verdad es que también los edificios de Tlatelolco me parecían muy grandes. En las películas de aquellas épocas el Empire State era un edificio emblemático por su altura.  La misma idea surgió al construir el Hotel de México en el entonces Distrito Federal. Así podemos ir contando en diferentes latitudes, cómo los edificios han sido construidos para mostrar que se puede hacer uno más grande.

Esta desmedida ambición por construir edificios altos, puede ser una característica de las personas que buscan dejar algo para la posteridad. Esta ambición data desde los palacios chinos o las pirámides de Egipto o las pirámides de los antiguos mexicanos. Como ejemplo citemos la pirámide del Sol y la Luna en Teotihuacán o la pirámide de Cholula o las construcciones en Chichen Itza y Uxmal. Me restrinjo a nuestro entorno cercano; pero en cada civilización encontramos algún ejemplo.

Desde mi perspectiva, la idea de construir edificios, puentes, centrales eléctricas, presas, trenes, aeropuertos cada vez más grandes parecería un reto interesante; pero hoy en día con los avances que tenemos en el conocimiento de las consecuencias de nuestras acciones, merece detenernos a reflexionar sobre la pertinencia de abordar este desafío. Claramente, el reto de construir algo más grande es tentador y merece estudiarlo, dado que ahora que conocemos los impactos de lo que construimos, debemos reflexionar sobre las consecuencias de poder vencer este desafío.

Primeramente, la construcción de una edificación tiene un fin y debemos preguntarnos si ese fin requiere del tamaño planificado para satisfacer la necesidad planteada. El edificio ¿alojará oficinas, escuelas, empresas, industrias? Claramente, su destino definirá la necesidad de construirlo y su tamaño. La definición de su tamaño implica que pudiera cumplir con sus objetivos en cuanto a funcionalidad y debemos también considerar la forma en la que satisfacerá esos objetivos.

Hoy en día en la mayoría de las ciudades cuando se planea una edificación, se demanda a la compañía encargada de la electricidad el suministro de la energía para el funcionamiento de la edificación. Lo mismo sucede con la demanda de agua, gas o desalojo de las aguas residuales o de los residuos sólidos originados por su funcionamiento. Sin embargo, considero que hoy estamos en una posición de cambiar esta forma de proceder y, en este pequeño escrito, quiero llamar la atención para poder cambiar la manera en la que las personas simulamos resolver los problemas que ocasiona nuestro vivir.

Desde mi perspectiva, el hecho que hoy sabemos que el uso de las gasolinas, los envases de plástico y muchas otras cosas de nuestra vida cotidiana causa problemas en el corto y largo plazo, implica que debemos tener conciencia de que nuestros actos afectan positiva o negativamente el bienestar de otras personas que comparten nuestro tiempo o que vivirán en el futuro, implica que debemos reflexionar antes de actuar.

Las construcciones majestuosas implican una demanda de servicios igualmente majestuosa y debemos preguntarnos cuál sería el límite a esa demanda.

En el caso de los edificios, podría ser que el tamaño fuera limitado por la disponibilidad de los recursos para su funcionamiento. Déjenme ilustrarlo con la energía.

El tamaño de un edificio pudiera estar limitado en su altura por la disponibilidad de la energía que pudiera ser generada en su techo. Es decir, las autoridades, o más bien los ciudadanos podríamos exigir que las autoridades limitaran el tamaño de los edificios de acuerdo a la energía que demanden para su funcionamiento. En la Ciudad de México podríamos decir que por cada metro cuadrado se podría generar 0.5 kwh al día de energía y así determinar, de acuerdo al uso del edificio su altura. Por ejemplo, un consultorio dental debería ser construido con una superficie mínima de 32 metros cuadrados, para que un sistema fotovoltaico con esa superficie pudiera proveerlo de su energía. Una casa habitación podría necesitar del orden de 16 metros cuadrados para satisfacer su demanda de energía con paneles fotovoltaicos.    

Toda la argumentación anterior para poder afirmar que es muy importante que desde nuestro cotidiano actuar, reflexionemos en los impactos que tendrán nuestras pequeñas acciones y limitemos los posibles daños a nuestro entorno o a nuestros semejantes.

Hoy más que nunca quisiera que los políticos que hoy están tomando sus posiciones en diferentes lugares del país, pudieran evitar construir obras faraónicas que efímeramente serán recordadas como obras que alimentaron sus egos; pero que no resolvieron los problemas que nos aquejan en el largo plazo.

 

Miércoles, 26 Septiembre 2018 05:17

La inversión en ciencia, una acción postergada

La semana pasada estuve en Buenos Aires, Argentina, en una reunión del Centro Latinoamericano de Física (CLAF), organismo de la UNESCO que tiene como objetivo, potenciar la colaboración en el ámbito de la ciencia entre los países y las personas de los países de la región. Esta reunión fue hospedada por la reunión de la Asociación de Física Argentina (AFA), donde se hizo un homenaje a los creadores del CLAF: Juan José Giambiagi (Argentina), José Leite Lopes (Brasil) y Marcos Moshinsky (México). En la asamblea del CLAF se leyó un comunicado de la AFA, donde manifiesta preocupación por la disminución del presupuesto para apoyar las actividades científicas en Argentina. En este documento, se plantea que la forma de construir un verdadero beneficio social pasa por la generación de conocimiento.

Como podemos apreciar, la situación de abandono de la ciencia en los países Latinoamericanos por parte de los gobiernos y del sector industrial o empresarial es una situación compartida. Con esta forma de actuar, las sociedades latinoamericanas renuncian a su capacidad de generar productos o servicios con alto valor agregado y asumen, sin cuestionar, un rol de proveedores de productos sin procesar y servicios de bajo valor agregado. Esta situación enfatiza la necesidad de basar una productividad en mano de obra barata, con la consecuente pobreza económica de su población, al no recibir suficiente remuneración por un trabajo o producto sin alto valor de intercambio.

Es importante mencionar que en otras regiones en el mundo, la inversión en ciencia y tecnología por parte de los gobiernos y de las empresas (privadas o sociales) asegura la generación de productos y servicios de alto valor agregado, con la consecuencia de ofrecer empleos bien remunerados a la población que le son suficientes para alcanzar un relativo beneficio social.

Es importante enfatizar la visión de Gambiagi, Leite Lopes y Moshinsky, al proponer una institución que fomenta la colaboración como medida para generar conocimiento en la región Latinoamericana y que fue establecida hace unos 55 años. Sin embargo, tenemos que decir que en la región existe una colaboración que no es suficiente y que estamos más atentos a lo que sucede en Europa, en los Estados Unidos o en el Canadá, que en compartir las contadas instalaciones para generar conocimiento científico en la región. Aunque existen interesantes esfuerzos realizados por Brasil hace unos 20 años, al aportar más de 10 veces lo que otros países para mantener el CLAF, o las actuales ofertas de becas, por parte de nuestro CONACyT, para que personas latinoamericanas puedan estudiar un posgrado en México.

La oferta de becas por parte de México es consonante con la forma en que nuestro país considera a la educación superior como un derecho y no como un servicio. Considero importante detenerme en este punto. La concepción de la educación superior, que han mantenido las universidades públicas mexicanas, como un derecho de las personas y, por lo tanto, como parte del compromiso que forma el contrato social por el que vivimos en comunidad, contrasta con la visión de considerar a la educación superior como un servicio que debe ser brindado por el sector privado. Estas dos visiones, están confrontándose en nuestros países. Si bien, en México, el sistema de educación superior pública ha crecido; pero se ha dirigido fundamentalmente a formar personas con competencias, en concordancia con el actual sistema empresarial o industrial basado en mano de obra barata; en lugar de propiciar la formación de talento para la generación de conocimiento desde lo local que conduzca a alternativas para construir empresas o industrias, basadas en ese conocimiento, para que la población pueda intercambiar productos o servicios de alto valor agregado. Por supuesto que esto último, debe realizarse bajo un esquema de sustentabilidad y generar progreso económico y bienestar social.

Hoy en nuestro país con tantas esperanzas y tantos miedos ante el inminente cambio en el gobierno, muchos deseamos que el apoyo a las actividades científicas sea considerado prioritario aunque, de entrada, se nos ha dicho que permanecerá igual. Hecho que, desde mi perspectiva, es equivalente a condenar el futuro de varias generaciones a una vida basada en salarios bajos y pobreza económica.

La perspectiva en el estado de Morelos no ha podido ser aquilatada, ya que no se han dado a conocer los detalles de la política científica y mucho menos se han compartido los retos planteados por el gobierno entrante para el sector científico morelense. Si se comparten los retos se puede construir conjuntamente políticas que conlleven el uso de conocimiento para la toma de decisiones y la generación del tan anhelado bienestar social.

Claramente, el menosprecio a la ciencia en la región Latinoamericana es un mal compartido por los gobiernos; pero las personas no podemos cruzarnos de brazos y resignarnos al retraso en la construcción del camino que la ciencia abre para todas las personas de nuestro entorno local, nacional o continental. Exijamos a las autoridades, que fueron electas por nuestros votos un giro en el timón y que brinden un verdadero o contundente apoyo financiero a las actividades de ciencia y tecnología, no posterguemos la inversión en ciencia, recordemos que el financiamiento a las ciencias no es un gasto, es una inversión para esta y las futuras generaciones.

 

Miércoles, 22 Agosto 2018 05:34

Innovación en el sistema energético

El pasado mes de mayo la Agencia Internacional de Energía (IRENA) dio a conocer su reporte sobre innovación para transformar el sistema energético global. Debo comentar que IRENA es el organismo internacional que promueve con mayor ahínco el uso de las fuentes renovables de energía y, desde mi punto de vista, tiene excelentes reportes que son materia para tomar decisiones de política pública o de selección de nichos de oportunidad para inversionistas y organizaciones civiles en busca de soluciones sustentables.

Entre los hallazgos de este estudio de IRENA, podemos encontrar que la evidencia indiscutible del inicio de un cambio en el sistema energético global, conducido por las necesidades de conseguir que la energía sea accesible, segura y contienda con el cambio climático. Este cambio es posible debido a que actualmente las fuentes renovables son competitivas en el costo y a que están emergiendo tecnologías innovadoras tanto en política como en el mercado.

Señala, el reporte, que las innovación tecnológica ha sido y será un aspecto importante para facilitar el proceso de cambio; sin embargo estas innovaciones requieren ser conducidas con mayor esfuerzo hacia los retos que representa la integración de la generación con renovables al sistema eléctrico; además de integrar adecuadamente este tipo de generación con los usos finales en el transporte, industria y edificaciones.

Desde mi punto de vista, uno de los aspectos más importantes para nuestras comunidades y en general para nuestro país, es el hecho de que los aspectos a innovar requieren ir más allá de las cuestiones tecnológicas o de demostración. Hoy requerimos que la innovación basada en conocimiento transforme las formas tradicionales de hacer negocios, políticas públicas, procesos de adopción y, por supuesto, de los mercados mismos de la energía.

El reporte enfatiza que los gobiernos deben fomentar la innovación en todas las etapas para conseguir que las renovables lleguen a los usuarios finales. Los programas de fomento deben ser cuidadosamente priorizados y no deben dejarse exclusivamente a las leyes del mercado. En particular, que la innovación debe contener sus tres diferentes formas la de empujar (push), la de madurar (nuture) y la de facilitar (facilite).

Claramente el reporte señala que la inversión del sector público en energías renovables, necesita ser fomentada, sostenida e incrementada. La inversión del sector privado requiere de un pensamiento nuevo y de acción coordinada con el sector público y social.

Los aspectos cruciales para la integración de las fuentes renovables, requieren de innovación en la operación de los sistemas energéticos y la electrificación del sector de usuarios finales. Los sectores industriales y de transporte requieren especial atención. Ya que el primero, en el ámbito internacional es el causante del 17% de las emisiones de CO2; mientras que el segundo es responsable del 11% de las emisiones actuales. En particular, respecto al sector de transporte señala que se requiere poner atención en el transporte de carga y en el aéreo.

De este reporte de carácter mundial, dedicado especialmente a los hacedores de políticas, podemos retomar acciones en nuestras localidades. En el ámbito nacional debemos cuidar los recursos fósiles y evitar venderlos o quemarlos. Los hidrocarburos son y deberán ser utilizados en la fabricación de materiales de uso diferente a los naturales, en lugar de ser quemados para obtener energía. Las tecnologías que hoy existen, posibilitan que la energía que usemos provenga de fuentes renovables, reservando los hidrocarburos para otros fines diferentes a los energéticos. En el ámbito estatal, en Morelos tenemos el recurso solar disponible en más del 90% de territorio. Con un promedio superior a 5 kWh diarios de energía solar, las posibilidades de generación distribuida en Morelos son verdaderamente alentadoras. Es decir, los gobiernos estatales y municipales deben fomentar el uso de la energía solar en cada edificación, sea residencial, industrial o de servicios. Hoy es posible generar la energía eléctrica en cada edificación o usar los captadores solares para calentar agua o fluidos en usos térmicos a precios competitivos y evitando la emisión de gases de efecto invernadero.

En estos días de definiciones específicas de las políticas públicas por las autoridades electas en todos los niveles, los tomadores de decisiones deberían asesorarse para, con base en conocimiento, establecer estas políticas y sus respectivos indicadores. Desde mi perspectiva, la definición de los indicadores posibilitará una verdadera evaluación, en el futuro cercano del desempeño de estos gobernantes por parte de la ciudadanía y son parte fundamental del establecimiento de las políticas.

Reiteramos, nuestro compromiso por trabajar en la dirección de construir un futuro sustentable, donde propiciemos un balance entre los aspectos sociales, económicos, ambientales y organizaciones que conlleven al bienestar social.

[1] IRENA (2018), Innovation priorities to transform the energy system, International Renewable Energy Agency, Abu Dhabi. ISBN 978-92-9260-065-5

 

 

Miércoles, 15 Agosto 2018 05:35

Turismo social, una propuesta desde la ciencia

En estos días llegó a mis manos un ejemplar de la revista Ciencia y Desarrollo editada desde hace 44 años por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Con ella recordé precisamente los primeros números y la primera suscripción que pagué con el salario que obtuve por haber impartido clases de regularización a compañeros de primer grado cuando estudiaba la secundaria. Recuerdo muy claramente los cuentos de Arthur Clarke y de Isaac Asimov. El dinero que invertí en la suscripción anual fue una de las mejores inversiones de mi vida. La lectura de los artículos de esos números fueron elementos que motivaron mi decisión de estudiar física.

En esta ocasión me sorprendió gratamente la lectura de artículos con un verdadero énfasis en la llamada ciencia útil. En el número de abril y mayo del 2018 que cayó en mis manos pude leer seis artículos sobre el tema de Turismo Social. Estos artículos están enfocados a la península de Yucatán y su lectura me permitió reflexionar sobre los caminos que debemos propiciar para conseguir el bienestar social.

En el primer artículo “Las comunidades: Agentes turísticos clave para salvaguardar el patrimonio cultural” [1] se comenta que: “el sector turístico ha experimentado profundos cambios motivados por la rápida modificación de su entorno social y económico. Las nuevas demandas de los viajeros y turistas, así como el diseño de estrategias para potenciar un turismo sostenible y responsable, han dado lugar a la elaboración de estudios y modelos de gestión turística, como el turismo sostenible o el turismo comunitario”. Con estos hallazgos se detecta que las comunidades están dispuestas a abrir su patrimonio cultural, para un uso turístico a cambio de obtener beneficios económicos bajo acuerdos institucionales que también respeten sus formas de vida. La conciliación de los intereses de las comunidades y de los turistas es una tarea de las instituciones actuales y futuras, para garantizar la sostenibilidad de la actividad turística y la sustentabilidad de las poblaciones y el entorno natural y cultural.

Otro de los estudios plantea que es necesario “Conocer para cuidar: Una forma de valorar el patrimonio en localidades de Mérida, Yucatán”[2]. En este artículo se plantea una metodología encaminada a detectar los recursos patrimoniales y garantizar las mejores actuaciones para generar productos turísticos de una forma sustentable. Esta metodología en forma simplificada se puede resumir en 5 pasos: 1. Realizar el inventario de los recursos turísticos con la participación de las personas de la localidad; 2. Determinar el perfil de visitante que actualmente o en el futuro se desea; 3. Evaluar el potencial turístico con miras a obtener retribuciones económicas evitando los desequilibrios entre las dimensiones naturales, económicas, sociales y organizacionales; 4. Planificación territorial turística participativa para diseñar el producto turístico en el largo plazo; y 5. Finalmente se diseña el producto turístico con alto valor agregado y miras en el largo plazo.

En esta ocasión quiero comentar un tercer artículo “Turismo alternativo en la Península de Yucatán”, el que comenta la necesidad de realizar una evaluación de la aptitud natural del territorio como primer paso para generar información de las características naturales del territorio. Esto permitirá planear las formas óptimas de su uso para el turismo alternativo. Para ello es muy importante integrar las dimensiones de la sustentabilidad: Naturaleza, Economía, Sociedad y Organizaciones con el objetivo de generar las capacidades técnicas y organizacionales locales necesarias para traducir la riqueza natural en un bienestar social para las comunidades. El artículo termina comentando que es importante “Reconocer la aptitud natural de la Península de Yucatán para ecoturismo, el turismo de aventura y el turismo rural es, por lo tanto, fundamental para iniciar un proceso estratégico de planificación territorial, orientado a generar productos turísticos innovadores y competitivos que contribuyan a impulsar el desarrollo sustentable de las comunidades rurales”.

El sabor de boca que me dejó la lectura de este número de Ciencia y Desarrollo fue muy agradable. Desde mi perspectiva es un claro ejemplo de la construcción de acciones sociales, derivadas del conocimiento científico amalgamado con el conocimiento tradicional para propiciar el bienestar social. Acciones como las desarrolladas por el grupo de científicos, trabajando en la península de Yucatán con las personas de las comunidades, deben ser un ejemplo que imitemos en el resto del país. A la vez éste es un claro ejemplo de que la ciencia (natural, exacta o social) es aplicable y útil para resolver la compleja problemática que hoy enfrentamos.

[1] Pérez González et al. http://cienciaydesarrollo.mx/index.php?p=articulo&id=335

[2] García Gómez et al. http://cienciaydesarrollo.mx/index.php?p=articulo&id=337

[3] Ayala Arcipreste y Arteaga Aguilar http://cienciaydesarrollo.mx/index.php?p=articulo&id=338

 

 

Miércoles, 01 Agosto 2018 05:22

Sin popote, por favor

Hace algunas semanas que se ha lanzado una propaganda para evitar el uso de popotes plásticos como una alternativa para disminuir la contaminación plástica que estamos ocasionando. Por supuesto, que me parece un esfuerzo que debe apoyarse; pero lo considero insuficiente. Claramente, al no usar los popotes disminuimos la contaminación; pero el resultado es mínimo.

Una alternativa mayúscula sería reciclar todos los artefactos de plástico que utilizamos; pero esta alternativa no es realmente viable. El problema radica en que la mayoría de los plásticos son muy baratos y con ellos podemos transportar fácilmente objetos, líquidos o productos. Los costos asociados a estas bolsas o estos envases son mínimos y no compiten con los reusables. La opción de reciclaje es importante; pero no es fácil reciclar los plásticos. Una de las dificultades reside en que hay diversos tipos de plásticos y aunque la mayoría de los productos están clasificados, no siempre el reciclado puede ser completo.

En particular, los símbolos triangulares con números que encontramos en la mayoría de los plásticos indican el tipo de plástico y con ello la temperatura y proceso de reciclamiento. En general se identifican siete tipos de ellos y con ello sabemos que una planta recicladora de plásticos completa debe implementar los siete procesos. Claramente, esta situación incrementa la inversión necesaria para establecer una industria recicladora de plásticos. Además, debemos considerar que los costos de transporte de estos plásticos ya usados, se incluye generalmente en la parte del reciclado, incrementando con ello su costo. Si verdaderamente el primer usuario le transmite el costo del reciclado a quien desea reciclarlo y no paga por hacer uso de ese plástico que contaminará el entorno de todos nosotros. De esta manera, los costos del primer uso de plásticos desechables, no se asocian con estos primeros usuarios sino con los que desean remediar el problema.

Esta última situación dificulta el reciclado, sería diferente si todo usuario de plásticos pagara por el proceso de reciclamiento, esto debe ser incluido en el primer uso.

Sin embargo, debemos ser claros y no pensar solamente en el proceso de remediación de la contaminación. Desde mi perspectiva, lo más importante es evitar esa contaminación. Así, que evitar el uso de plásticos desechables, es una de las acciones realmente efectivas para evitar la contaminación plástica que estamos sufriendo.

El verdadero problema es que los productos desechables de plástico -como las bolsas de supermercado, que usamos durante un promedio de 12 minutos, pero puede persistir en el medio ambiente durante medio milenio- son un abuso de las posibilidades tecnológicas que hemos desarrollado. Para mí es claro que durante la mitad del siglo pasado, cuando se desarrolló la tecnología para producir plásticos, no se vislumbraban las posibilidades de ocasionar daños a los ecosistemas con ellos. Hoy estamos en un punto donde se debe considerar que la producción masiva de plástico desechable, debería haberse evitado en lugar de promoverse.

Con esta problemática encontré en el blog de la revista electrónica Scientific American un artículo escrito por Matt Wilkinson [1], donde reflexiona y propone tres acciones para asumir la responsabilidad del uso de los plásticos.

Primero: asumir que las personas somos los responsables del desastre ecológico global causado por los plásticos.  Nuestro gran problema con el plástico, es el resultado de un marco legal que no contempla asociar los costos de los productos a quienes realmente los usan. Además de que reciclar también es muy difícil en la mayoría de Estados Unidos y carece de los incentivos adecuados para que funcione bien.

Segundo: Promover discusiones sobre el tema con los miembros de su familia y amigos para tomar conciencia de nuestras decisiones al usar o no plásticos desechables, como los popotes. Solicitar a nuestros legisladores locales y federales para que respalden las leyes que implanten costos reales a bolsas de plástico y, con ello, se genere mayor responsabilidad sobre su uso y se promueva la reutilización y el reciclaje.

Tercero: Pensar en grande y en lugar de proponer acciones para reducir en una pequeña fracción el problema de los plásticos desechables, promover cambios en el estilo de vida para asegurarse de que casi todo se reutilice, recicle o composte.

Una mejor alternativa sería promover el modelo de economía circular, donde los desechos se minimizan al planificar cómo los productos pueden reutilizarse o reciclarse desde su mismo diseño y fabricación.

Aunque no es una solución definitiva, empecemos ya; y digamos “sin popote por favor”, “sin bolsa por favor”, “traigo mi recipiente”, etcétera. Esto será un comienzo para evitar seguir contaminando nuestro entorno para las próximas centurias.

[1] https://blogs.scientificamerican.com/observations/more-recycling-wont-solve-plastic-pollution/

 

Miércoles, 25 Julio 2018 05:51

Sobre los parques de Cuernavaca

En toda comunidad los espacios para la convivencia son de vital importancia. En estos textos he mencionado diversas ciudades con excelentes espacios para convivir. La ciudad de México tiene muchos de ellos distribuidos en diferentes regiones, aunque en otras su carencia es notoria. En esta ocasión quiero llamar la atención sobre uno de los espacios que tenemos en Cuernavaca y donde disfruto en cuanto puedo de una caminata relajante y enriquecedora.

Quiero enfatizar que desde mi punto de vista, las plazas comerciales no son lugares adecuados para convivir. Estas plazas que recuerdan a los “malls” del vecino país del norte, son lugares que no fomentan la convivencia y nos alejan de percibir la naturaleza que hemos relegado por el desarrollo urbano que hemos propiciado. Por otra parte, estas plazas fomentan la frustración, en las personas que no reciben lo suficiente por su trabajo para adquirir los productos que se ofertan en estas tiendas.

En cambio lugares como Chapultepec o el parque de Aragón en la Ciudad de México fomentan la convivencia entre las personas y la naturaleza en su mínima expresión son uno de los ejemplos que muchos conocemos.

En Cuernavaca contamos que muy pocos parques y uno de ellos es realmente emblemático porque está situado en una bellísima cañada con ahuehuetes centenarios. Me refiero al Chapultepec de Cuernavaca. Este lugar lo he disfrutado en diferentes formas, desde que me mudé a Cuernavaca hace casi 30 años. Primeramente, lo disfruté con mis hijos pequeños, llevándolos a conocer algunos pequeños animales; después lo he disfrutado al ejercitarme por las mañanas y hoy los disfruto caminando y percibiendo los diferentes usos que se le da, dependiendo de la edad de los visitantes. Así en un día normal podemos observar como antes de las 8 de la mañana, ya hay personas que disfrutan de ejercitarse al correr, trotar o caminar entre la vegetación y el murmullo del correr de las aguas del arrollo que circula por la cañada. En esta época del año, alrededor de las 10 podemos observar a centenares de niños y jóvenes ingresando al parque para convivir con su franja etaria y con la vegetación del lugar. A esa misma hora podemos observar también el ingreso de familias con niños menores que miran con alegría el mismo entorno natural.

Desde mi punto de vista, las condiciones en las que se ha mantenido el lugar han sido suficientes para que sea disfrutable; pero podría mejorarse. El año pasado escribía por estos espacios que se estaba adecuando la pista para trotar; hecho que se realizó y quedó bien en la mayoría de los tramos. Hoy podemos observar que se están rehabilitando las zonas que no quedaron perfectas; pero el mantenimiento ha continuado y considero está dentro de lo aceptable. Ante el cambio de administración en el entorno estatal, me permito recomendar que se continúe con el mantenimiento y la mejora de este parque; pero que se evite su privatización, como se intentó en los primeros sexenios de este milenio.

Existe otro parque, el conocido como Alameda Luis Donaldo Colosio, donde también van familias a pasar un rato; pero no tiene la belleza natural que se ha conseguido a lo largo de décadas en el parque Chapultepec de Cuernavaca.

Es más, se tiene la oportunidad de que además de los aspectos naturales del parque Chapultepec, pueda convertirse en un verdadero ejemplo del uso de ecotécnias o de fuentes renovables de energía; pero para ello se requiere de proponer un buen plan y de contar con los recursos financieros para conseguirlo. Hoy podemos ver una casa que muestra estos aspectos hacia la sustentabilidad; pero no de forma funcional. Es más existe una mini planta hidráulica, al final del pequeño lago, que no ha podido funcionar por un diseño no adecuado. El parque está sufriendo las malas decisiones de sexenios anteriores; pero hoy la sociedad cuernavacense se merece al menos continuar disfrutando de este parque.

Por supuesto que si se desea contribuir con algún otro espacio para los cuernavacenses, sería importante realizar un plan de revitalización del Parque Ocampo. He estado en ese parque y realmente lo disfrutan muchas familias; pero se requiere impulsar mayor número de actividades en forma continua para que sea retomado por la sociedad y que el sentimiento de inseguridad que en ocasiones se percibe desaparezca. Es un parque menor; pero con posibilidades interesantes que con una inversión moderada podría revitalizar a artistas locales en todas sus facetas. Otro pequeño parque es el de Acapantzingo, donde se encuentra el Museo de Ciencias, en ese lugar ya existen actividades; pero pueden aumentarse y esperar a que en algunos años los árboles maduren mucho más y sea un verdadero lugar para disfrutar de la primavera.

Tenemos al menos estos parques en la zona metropolitana de Cuernavaca, algunos con vocaciones científicas y ambientales o recinto de biblioteca; pero hace falta uno con vacación artística, este podría ser el nicho de oportunidad para el Ocampo.

Por supuesto, que para que estos parques cumplan completamente su función de integración social, se requieren actividades en todos los matices de las actividades de las personas. Sin embargo, provocar inicialmente una vocación específica, puede facilitar la consolidación de todos ellos como la tiene el Jardín Borda.

 

Después de las elecciones del pasado 1 de julio, en nuestro país se han abierto expectativas de cambio con respecto a los últimos 18 años. Estas esperanzas son muchas, ya que la desigualdad en la que vivimos, ha sumido en la pobreza a la mayoría de la población en nuestro país. La bonanza que pudo haber ocasionado un precio del barril del petróleo por arriba de los 100 dólares durante el sexenio de Vicente Fox, se esfumó y solamente produjo que los que tenían más consiguieran más.

La guerra sin estrategia que se emprendió durante el sexenio de Felipe Calderón y que se continuó en el de Enrique Peña Nieto, ha causado centenas de miles de muertes y una corrupción que ha permeado muchísimos sectores de nuestra sociedad.

Lo anterior y muchas otras lamentables situaciones, han ocasionado que la mayoría de los electores participaran en las elecciones de este mes y que la mayoría de los que sufragaran lo hicieran por Andrés Manuel López Obrador con la esperanza de propiciar y ser parte de un cambio real en la forma de repartir la riqueza.

Tenemos que ser claros, en nuestro país los indicadores macroeconómicos han sido mantenidos y en algunos casos incrementado durante este milenio; pero los indicadores que reflejan el bienestar social han caído dramáticamente y ahora son verdaderamente de un país subdesarrollado.

La apuesta de implementar estrategias para propiciar el beneficio social ha sido comprendida como una alternativa real a la solución de la inseguridad, además, la propuesta de combatir a la corrupción parecen parte de la última opción, antes de provocar un estallido social del que nadie parece estar convencido sea conveniente.

Esta situación, ha provocado que se revivan los miedos heredados por la población sometida a la propaganda anticomunista del siglo pasado. En esta época he oído muchísimos comentarios sobre López Obrador, muy similares a aquellos que se podían leer en la revista Selecciones desorientando a la población sobre ficticias acciones de los comunistas.

La mayoría de las personas de hoy no leyeron esos enajenantes mensajes; pero sí escuchan los actuales. Una proporción pequeña, pero influyente de nuestra población, se identifica con el lema de todos podemos ser ricos rápidamente; aunque para ello sea necesario seguir incrementando las ganancias de unos cuantos, a costa de los que solamente tienen su fuerza de trabajo para conseguir sus satisfactores.

Parece más adecuado concebir que si a los vecinos les va bien y a los que viven en otra ciudad también, y si los ciudadanos de otros países tienen sus necesidades satisfechas, entonces la distribución de la riqueza será menos desigual y propiciará un mayor bienestar social con la consecuente seguridad social.

Hoy, en este mundo globalizado, se puede conseguir si propiciamos que la mayoría de la población genere servicios o productos con valor de intercambio que puedan aportar lo suficiente para satisfacer sus necesidades.

Uno de los aspectos necesarios para conseguir estos productos o servicios es el conocimiento y, ya sabemos, que la ciencia es la herramienta para generar conocimiento. Así la innovación basada en ciencia, en conocimiento, es una de las actividades que debemos propiciar en nuestro país. También los científicos tenemos esperanzas y miedos para este período.

Sabemos que para poder realizar innovación basada en conocimiento, primero tenemos que generar conocimiento de frontera; algunos llaman a esta actividad ciencia básica y la distinguen de la ciencia aplicada. El sector industrial y empresarial en nuestro país ha tratado de priorizar la llamada ciencia aplicada.

Desde mi punto de vista, es una división artificial, dado que toda la ciencia es aplicable y, en ese sentido, debemos cultivar todas las facetas de la ciencia para incrementar la posibilidad de generar esos productos o servicios con alto valor de intercambio.

Por esta razón, me parece adecuada la propuesta de incentivar más las labores de científicas en nuestro país. Estoy seguro que si se logra cumplir con la meta de una inversión del 1% en actividades científicas, se podrá promover toda la ciencia aplicable (básica, aplicada y desarrollo tecnológico) y generar innovación basada en conocimiento. Esto último requiere de la participación de los diferentes sectores: científico, industrial, sociedad civil y gobierno.

Como todo establecimiento de políticas públicas es necesario evaluar su desempeño, por lo tanto, es importante desarrollar herramientas de evaluación para conocer los impactos que esta actividad científica tendrá para la población mexicana. En este sentido, no basta con contar los artículos científicos, la formación de personal altamente capacitado o los comentarios recibidos en la literatura científica; sino que además deberá ser incluida la opinión de la sociedad que participa o usa esta generación de este conocimiento. El pasado día 4 de julio apareció un artículo en la revista Nature, mencionando una herramienta enfocada a explorar la opinión de la sociedad respecto a proyectos científicos [1]. Este artículo propone que mediante rúbricas se pueden evaluar diferentes impactos del conocimiento científico desarrollado y apoyado, estas rúbricas permiten sistematizar la opinión tanto de científicos de otras áreas como de personas no científicas; pero que pueden ser beneficiarias de ese conocimiento nuevo.

Considero, estamos ante la posibilidad de concretar las esperanzas y sobrepasar los miedos para construir un México que propicie el beneficio social de largo plazo. El camino no será fácil, no considero pueda ser realizado en seis años; pero si todos contribuimos, podemos iniciar un verdadero cambio que genere ese bienestar social que merecemos.

[1] https://www.nature.com/magazine-assets/d41586-018-05581-4/d41586-018-05581-4.pdf

 

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