Jesús Antonio del Río Portilla

Jesús Antonio del Río Portilla

Miércoles, 20 Marzo 2019 05:25

Edificios grandes y parques públicos

Hace algunos meses escribía que tenemos miedos y esperanzas en la nueva administración federal que recientemente cumplió 100 días. Ahora tengo que decir que los miedos y las esperanzas continúan. En cambio, a lo lejos, he notado las acciones acertadas de la administración de la Ciudad de México (CDMX), en este texto quiero enfatizar algunas aspectos que debemos retomar en otras ciudades, por supuesto incluyendo Cuernavaca.

En la CDMX se está revisando con cuidado los permisos otorgados para construir edificaciones grandes y, en especial, el cumplimiento de lo otorgado con miras a construir una ciudad sustentable. Además, se está promoviendo el uso de las energías renovables en la ciudad; en particular, el uso de la energía solar. Quiero aquí recordar que en el mes de enero comentaba sobre la pertinencia de construir edificaciones, que parecen ser más baratas; pero que al revisar los temas de servicios de agua, electricidad, vialidades y espacio verdes no lo son; así que es necesario analizar, con mucho cuidado, todos los aspectos para que las edificaciones grandes sean sustentables.

En las ciudades pequeñas como Cuernavaca, existe la estrategia de aumentar la densidad de población con la creencia de que al hacer este aumento, los servicios disminuyen y se incrementa el uso del espacio. Sin embargo, no es suficiente este hecho, sino que al construir edificaciones grandes debemos aumentar los servicios tanto de agua potable como de tratamiento de aguas residuales, el abasto de energía eléctrica, el manejo adecuado de los residuos sólidos, la movilidad de mayor número de personas y vehículos, etcétera. Los aspectos a estudiar son realmente variados, ya que las edificaciones grandes crean problemáticas diversas en cada ciudad con soluciones no triviales y que para dar con algunas posibles estrategias viables se requiere de análisis multidisciplinarios; así que no podemos hacer recomendaciones específicas de aplicación general que contemplen la diversidad de situaciones.

En este pequeño texto, me arriesgaré a hacer una pequeña recomendación general que debe ser adecuada a cada situación en forma específica.

A la par de aumentar la densificación poblacional con la autorización para construir edificaciones grandes, debemos aumentar los espacios de convivencia de la población. Específicamente debemos construir parques y áreas verdes, donde las personas podamos convivir entre nosotros y disfrutar un contacto directo con especies animales y vegetales. Considero que la mayoría de nosotros hemos disfrutado de algún tiempo en un parque, escuchando el canto de las aves, admirando el revolotear de las mariposas, la majestuosidad de algunos árboles o la belleza de pequeñas o grandes flores. Estos momentos disfrutables los pudimos haber tenido en algún parque o haber sido más afortunados y gozado de ellos en la naturaleza lejana de las ciudades, en ambos casos, me parece que todas las personas valoramos estos momentos y aumentan el sentido de pertenencia y contribuyen a consolidar el tejido social.

En este sentido, quiero enfatizar que en Cuernavaca existen muy pocos espacios de este tipo para el número de personas que habitamos la ciudad y deberíamos propiciar que se adecuen más espacios con este fin.

También tengo que reconocer que el Parque Ecológico Chapultepec de Cuernavaca es una maravilla que ha sido mantenida desde hace varios años y que tanto la administración anterior como esta nueva han tomado acciones para preservarlo y actualmente parece funcional. Desde luego, que al igual que muchas personas que lo disfrutamos periódicamente, me gustaría que mejoraran sus servicios tanto ambientales como educativos y de convivencia con la naturaleza y otras personas. Las propuestas de mejora no pueden hacerse con base en ocurrencias; sino que requieren de la participación de expertos en cuestiones ecológicas, también de personas conocedoras del uso del tiempo libre, de aspectos comerciales y hasta de energías renovables. Me parece que el lector estará de acuerdo con las primeras tres ramas del conocimiento; y para enfatizar la última quiero comentar que, en especial, el Parque Ecológico Chapultepec tiene sistemas fotovoltaicos, captadores solares, bombas de agua movidas por bicicletas y tiene, al final de la barranca, una miniplanta hidráulica para producir electricidad, que no ha trabajado cabalmente. Así, este parque puede ser emblemático y mostrar las bondades del uso de las diferentes energías renovables que hoy en día son más baratas que los combustibles fósiles y no emiten gases a la atmósfera, acercándonos hacia la sustentabilidad.

Este parque es visitado los fines de semana por miles de personas morelenses en grupos familiares, de jóvenes o individualmente y ya los visitantes de otras ciudades también lo reconocen como un atractivo natural de Cuernavaca.

Por lo anterior, además de recomendar que el gobierno de la ciudad de Cuernavaca revise con mayor cuidado los permisos que otorga para la construcción de grandes edificios para evitar alejarnos más de la sustentabilidad y preste, junto con el gobierno estatal, mayor atención a este parque y algunos otros en esta ciudad.

Por supuesto, ofrezco mi trabajo y conocimiento para construir ciudades que atiendan estas problemáticas.

Miércoles, 20 Febrero 2019 05:20

La autonomía garante de la diversidad

En estos días en el ámbito nacional se ha discutido sobre la autonomía de algunas instituciones. Si bien se ha argumentado que algunas instituciones autónomas obedecen a intereses grupales en lugar de velar por el bienestar social, considero que de ser cierto, el error está en la composición de estas instituciones en lugar de cuestionar su existencia.

Nuevamente llamo la atención sobre el trabajo de Donella Meadows, Thinking in Systems, donde alerta sobre la resistencia política que puede haber en un sistema, cuando diversos actores impulsan al sistema en diferentes direcciones para satisfacer objetivos diferentes. Para contrarrestar esta resistencia, lo que propone es atraer a todos los actores para usar la energía de cada uno de ellos y buscar la satisfacción de todos ellos mediante la definición de objetivos más amplios y más importantes en el largo plazo. De esta manera, cada uno de los actores puede impulsar sus propios objetivos, pero en forma conjunta con los otros actores. Desde mi punto de vista, esta es una clara visión sistémica de la compleja problemática que hoy sufrimos en nuestro país. Si bien el discurso oficial de hoy es de inclusión, en la práctica debe enfatizarse. En particular, es importante promover la consideración de actores diferentes en los objetivos de largo plazo, para implantar políticas que desde el corto plazo estén alineadas con un futuro, donde el bienestar social impere, en lugar de definir trayectorias rígidas.

Con esta visión general, ahora déjenme transitar al problema de la autonomía de las instituciones de educación superior. Primero, considero importante mencionar que las universidades tienen, principalmente, los objetivos de preparar los talentos y generar los conocimientos para alcanzar un bienestar social. Ya este lunes el doctor Juan Ramón de la Fuente expuso con detalle, las motivaciones y bondades que hace casi un siglo se argumentaron para dar la autonomía a las universidades, y que, desde mi perspectiva, siguen siendo vigentes. Además aclaró las características que tiene la autonomía en las universidades y la responsabilidad social que conlleva esta autonomía, así como el compromiso con la rendición de cuentas. Hoy en día en nuestro país tenemos un sistema educativo público en el nivel superior muy diverso. Contamos con el Instituto Tecnológico Nacional de México con decenas de entidades en todo el país, Universidades Politécnicas y Universidades Tecnológicas que presentan la característica de depender de las autoridades políticas de cada región o del nivel federal. Por otro lado, también están las diferentes universidades autónomas que precisamente ofrecen una forma diferente de educación e investigación para propiciar el bienestar social. Con una visión reduccionista, esta diversidad de opciones para la educación superior pudiera parecer caótica; sin embargo, en el tema de la educación superior en una sociedad debe responder de manera diversa para poder construir y contender con la diversidad que se requiere en la actualidad. Además, la forma de organización de las universidades autónomas obedece, generalmente, a estructuras multinivel para la toma de decisiones con el objeto de garantizar la buena administración de los recursos y talentos.

Desde una visión sistémica, podemos recordar lo mencionado por Elinor Ostrom en Understanding Institutional Diversity, donde menciona la importancia de contar con sistemas de gobernanza policéntricos para fomentar la capacidad adaptativa de los sistemas sociales. Ella define que sistema policéntrico se refiere a aquellos sistemas donde las personas son capaces de organizarse no sólo bajo un esquema de una autoridad sino de múltiples autoridades en diferentes escalas. Cada uno de estos niveles ejerce considerable independencia para hacer y seguir reglas dentro del dominio de su autoridad. En las universidades autónomas se tienen consejos internos, asesores, técnicos, académicos o universitarios, o asambleas y todas estas autoridades en sus respectivos ámbitos tienen representación de la comunidad universitaria respectiva. Esta organización, que ya de por sí es policéntrica, es compleja y obedece a características específicas de cada comunidad y entorno. La gama de este tipo de estructuras es amplia y, desde mi punto de vista, perfectible, pero está funcionando en la mayoría de los casos.

Esta diversidad en las universidades garantiza a la sociedad una capacidad de respuesta y adaptación ante diferentes problemáticas que un sistema de educación superior sin diversidad no puede ofertar.

Así, desde la perspectiva de los sistemas complejos, nuestra sociedad requiere tener diversidad en las instituciones que preparan talentos y generan conocimiento y al garantizar la posibilidad de autonomía de estas instituciones en la Constitución, es la única forma efectiva de tener la adaptabilidad requerida por nuestra sociedad para transitar hacia el bienestar social.

 

 

 

La semana pasada se difundió la noticia sobre una propuesta para modificar la Ley de Ciencia y Tecnología. Esta propuesta contiene cambios en la estructura del sector científico tecnológico que debemos analizar con cuidado. En estas líneas brevemente expondré algunas ideas para analizar la propuesta y evidentemente dejaré otras para el futuro.

Primeramente, debemos reconocer que la ciencia se enmarca en actividades participativas de las personas que se dedican a ella y que no se construye con base en verdades absolutas, sino en acuerdos entre las personas que se dedican a ella basadas en información verificada. Además, es común que existan diferentes corrientes de pensamiento, que a lo largo del tiempo convergen en un mayor y profundo entendimiento de los fenómenos naturales o sociales en los que estamos inmersos. La diversidad de opinión es uno de los baluartes de la comunidad científica.

Por otro lado, siguiendo la argumentación de Donella Meadows, en “Thinking in Systems” y de Elinor Ostrom en “Understanding Institutional Diversity”: los sistemas e instituciones deben ser evaluados con base en su desempeño y de ser posible por agentes externos. En este sentido el sector científico también debe estar sujeto a las evaluaciones externas y a contemplar diversidad de opiniones en su seno.

Otro aspecto importante, es que en la mayoría de las sociedades actuales, los científicos se han agrupado en organizaciones que conforman núcleos asesores para los gobiernos y, que basados precisamente en la diversidad de opiniones y de información verificada, orientan las decisiones hacia soluciones científico-técnicas que son priorizadas por la política del gobierno en turno. Dado estas acciones, los gobiernos financian las actividades de estas organizaciones científicas para mantenerlas activas y prestas a colaborar. Este financiamiento debe ser otorgado aunque en ocasiones las academias alerten sobre la posible implementación de políticas que no concuerden con la visión gubernamental en turno.

Recordemos, que uno de los sectores más críticos de toda sociedad siempre es el científico, ya que está entrenado para encontrar aspectos no contundentes en las afirmaciones de otras personas y con ello proponer formas que sean más incluyentes o más precisas en el entendimiento de los fenómenos naturales o sociales.

Desde mi punto de vista, toda modificación a la Ley de Ciencia y Tecnología debe contemplar los puntos señalados arriba y comento que la propuesta no parece incluirlos. Al proponer que el Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnología es el único actor que define la política en este sector y que tiene las facultades de inhibir actividades en algunos tópicos, es totalmente anticientífico. Además, me parece que al dejar a una sola persona tomar de decisiones de una variedad muy amplia de temas, que humanamente son imposibles de comprender a cabalidad, no es deseable. Si se plantea tener órganos consultores, la pregunta es ¿por qué no los existentes? ¿Acaso se desconfía de ellos?, me parece que la suspicacia es extrema. Las organizaciones científicas actuales, las Academias de Ciencias, Ingeniería, Medicina, etcétera, son organizaciones caracterizadas por su diversidad y actitud crítica hacia cualquier propuesta. Esta forma de responder críticamente ante cualquier propuesta, es una de las características del sector científico que los tomadores de decisión deben aquilatar en sobremanera y usarla para evitar tomar decisiones equivocadas.

Basado, precisamente en las propuestas sistémicas de Meadows y Ostrom, las evaluaciones en el ámbito académico deben tener una componente externo. En este sentido el nuevo CONAHCyT, debe tener precisamente evaluadores y consultores externos que critiquen y aplaudan las políticas que defina. En el ámbito científico y de las humanidades la diversidad no sólo es tolerada sino se fomenta con la certeza de poder construir entendimientos y apreciaciones más sólidas e incluyentes de los fenómenos naturales y sociales.

Por estas razones, me preocupa la propuesta de eliminar al Consejo Consultivo de Ciencias (organismo unipersonal) y al Foro Consultivo Científico Tecnológico (asociación de instituciones) como elementos de acompañamiento y vigilancia desde la comunidad científica hacia las actividades del CONHACyT. Para mí es claro que se pueden incluir otras organizaciones desde las raíces de la sociedad; pero eliminar las que pudieran presentar una oposición con base en conocimiento y experiencia me parece una actitud no promotora de la participación de la comunidad científica en la toma de decisiones. También desde mi punto de vista, muchos científicos y humanistas votaron en 2018 por un cambio en el sentido de propiciar mayor participación, para nada en el sentido de la toma de decisiones verticales arguyendo una verdad absoluta. También votaron por un mayor financiamiento a las actividades científicas, humanistas y culturales, aspecto que no se ha cumplido hasta el momento.

En todos los ámbitos científicos y humanistas, el intercambio de ideas con los que piensan diferente se fomenta con el afán de construir, es muy lamentable que esta propuesta de cambio haya sido presentada por un partido, sin haberla discutida con el sector científico tecnológico.

Éstas y otras partes preocupantes de la propuesta, espero hayan sido presentadas causadas por algún error, como ha pasado recientemente en aspectos de financiamiento a las universidades.

Estoy seguro que la mayoría de las personas que participaron en las elecciones del 2018 no votarían por un sistema dictatorial, y, en cambio, sí lo hicieron por la construcción de una sociedad donde el bienestar social aparezca y la diversidad de opiniones sea considerada en forma participativa. La diversidad es fundamental en la construcción del conocimiento y debemos fomentarla en todos los ámbitos de nuestra vida.

 

Miércoles, 06 Febrero 2019 05:13

Un vistazo desde el espacio

El día de hoy quiero ser especulativo y pensar en la forma en que nos vería alguna civilización extraterrestre. Supongamos que esta civilización hubiera observado el planeta Tierra desde hace algunos milenios y hubiera tenido la oportunidad de observar en detalle el comportamiento de las diferentes especies que habitamos este planeta. Por supuesto, que esta breve descripción tendrá un sesgo y lenguaje profundamente antropocéntrico; pero con esta advertencia prosigamos.

Hace algunos seis mil años, esta civilización extraterrestre se habría percatado de que en este planeta evolucionaban muy diversas especies, desde miniaturas como los insectos hasta mamíferos, que tenían masas varios órdenes de magnitud mayor que los insectos y por eso usaban más recursos, y que la distribución de estas especies obedecía a patrones relacionados con su situación en el planeta, con excepción de una especie que pululaba por todo el planeta y se desarrollaba en cualquier región. Los miembros de esta especie presentaban una masa de las más altas entre las especies y una proclividad a conformar grupos con comportamiento sincronizado. Si bien tenían un comportamiento territorial y preferían permanecer en una región, como muchas otras especies, su movilidad y adaptabilidad en largos períodos de tiempo les permitía avanzar y desarrollarse en situaciones ambientales diferentes.

Hace unos dos mil años las observaciones hubieran sido parecidas a estas: El planeta Tierra está cubierto grandemente por la especie que mostraba mayor adaptabilidad. En ese entonces conformaba grandes conglomerados que habían modificado el lugar donde habitaban. Donde se desarrollaban especies vegetales y animales diversos, ahora se propiciaba el desarrollo de especies que servían de alimento o aumentaban la velocidad de crecimiento de la especie mayoritaria. Aunque el número de individuos de esa especie no era el mayor en el planeta (había algunos insectos o especies acuáticas que los superaban en número) en cuanto a los recursos del planeta que usaban sí eran los de mayor consumo. Usaban materiales y los transformaban, mediante la energía que libera la combustión, usaban la energía que provee el flujo de fluidos (aire y agua) para mover pequeñas máquinas o vehículos que aumentaban grandemente su movilidad.

Las observaciones de hoy en día serían como: Ese planeta azul está infestado por la especie devastadora. Esta especie ha desplazado a todas las otras especies en muchísimos lugares y usa grandes extensiones de tierra para promover su desarrollo a costa del desenvolvimiento de otras especies. Ha descubierto la forma de extraer grandes cantidades de energía de capas internas del planeta y con ello ha modificado la delgadísima capa gaseosa que rodea al planeta. Estas variaciones en la composición de la capa gaseosa ha provocado mayores fluctuaciones en los flujos de masa y temperatura dentro de ella. Con las habilidades de modificación que esta especie tiene sobre los recursos naturales, ha creado materiales desconocidos para las otras especies que permanecen en los entornos, sin ser modificados por tiempos mayores a la vida promedio de los individuos de esa especie fundamentalmente transformadora del entorno y, por ello, estos nuevos materiales no forman parte de los ciclos naturales del planeta. Estos materiales (que no se encontraban disponibles en el planeta con anterioridad) parecen entorpecer el desarrollo de otras especies. Con el uso de enormes cantidades de energía (que sobrepasan grandemente la usada por el resto de las otras especies) para su propio desarrollo, ha empezado a modificar las condiciones físicas y químicas de la delgada capa gaseosa y de la capa líquida que rodea el planeta y con ello disminuido los rangos adecuados de estas variables para el desarrollo de la mayoría de las especies en el planeta. En menos de 200 años, ha modificado sustancialmente estas variables y parece tener una enorme capacidad modificadora de todo el planeta similar solamente a las que tienen las colisiones con objetos extraterrestres, como los meteoritos, o las erupciones volcánicas que han aparecido en épocas anteriores a la aparición de esa especie transformadora en el planeta Tierra.

Esta situación podría ser la que describieran estos seres extraterrestres en la traducción a un lenguaje antropocéntrico. La idea de analizar cómo se vería el comportamiento de las personas desde el espacio me fue sugerida por Eleonora Isunza, que codirige Cinema Planeta con Gustavo Ballesté, quien además me invitó a la XI edición de este festival, donde se abordarán las problemáticas ambientales con una perspectiva desde el espacio, parece una idea interesante que abre vistazos no tradicionales de esta problemática. En este año que se celebra el 50 aniversario del primer alunizaje tripulado, parece ser emblemático el festival. Les anticipo que este año Cinema Planeta se celebrará a finales del mes de mayo.

Quiero cerrar este pequeño texto invitando a reflexionar sobre los temas ambientales en una perspectiva local, sin perder la vista en aspectos globales y de largo plazo. Aunque no parezca los análisis en escalas o periodos de tiempo cortos, nuestras acciones modifican enormemente los entornos debido a las cantidades y tiempos de duración de esas modificaciones, causando nuevas situaciones que no pueden ser resueltas por las especies que habitan esos entornos y, entonces, las modificaciones son mayúsculas y con impactos para nuestra propia especie.

 

 

Miércoles, 30 Enero 2019 05:06

Edificios grandes o pequeños

Estoy seguro que cada día observamos que en las ciudades se construyen nuevos edificios y hay una tendencia a que éstos sean cada vez más altos. Se han preguntado; ¿la construcción de estos edificios es adecuada? Esta pregunta me surge por múltiples razones. En primer lugar puedo observar esta situación en Cuernavaca, donde vivo, y en la Ciudad de México, que frecuento; pero esta situación me parece que es una constante en la mayoría de las ciudades del mundo.

En muchas ciudades del mundo se construyen edificios con la finalidad de obtener mayores beneficios en el mismo terreno y con ello se infiere que al construir edificios altos y aumentar la densidad de habitaciones u oficinas, se está procurando una mayor eficiencia en el uso de los recursos. A primera vista, esta afirmación parece adecuada; pero al analizarla con mayor detalle, podremos encontrar que no necesariamente el construir edificios altos o grandes implica una mayor eficiencia.

Veamos el caso del suministro de agua, claramente, un edificio alto requiere una mayor cantidad de agua para su correcto funcionamiento. Los requerimientos para dotar de agua potable a las personas que habitan o laboran en el edificio, implicará la instalación de tuberías y sistemas de bombeo. Lo primero, el sistema de tuberías pudiera ser menos caro que el sistema para proveer de agua a varios edificios más pequeños; sin embargo, el sistema de bombeo presenta un comportamiento que se dispara con la altura del edificio. Es decir, existe un tamaño óptimo para el cual el costo de la instalación de agua, es el menos caro por número de usuarios. Además es claro que el agua debe ser obtenida de algún lugar cercano, y si no está disponible en las cercanías, el costo se incrementa.

Otro aspecto a considerar es el sistema de acceso a los pisos superiores, es decir, los elevadores. Por supuesto, que si tenemos una edificación con tres pisos un sistema de rampas pudiera ser suficiente; con lo cual no se requeriría de energía adicional para operar los elevadores. Sin embargo, edificios mayores a los cuatro pisos sí requieren de los elevadores y, por lo tanto, la energía necesaria para su funcionamiento se incrementa. Aspectos similares se pueden mencionar para la iluminación en edificios muy anchos donde la iluminación natural, por ventanas, no sea posible.

También, el aspecto energético puede tomarse en consideración. En el entorno mundial se está observando que en el futuro cercano, la generación distribuida de energía (con fuentes renovables) es una de las principales herramientas para desacelerar y finalmente contender con el cambio climático. En este sentido es claro que sea por energía solar, eólica, biocombustibles, etcétera, la generación local tiene un límite y, por lo tanto, el suministro de energía es limitado y como consecuencia la generación local de energía limitará el tamaño de los edificios. Para ser más claro, déjenme explicar con un ejemplo: En estas líneas he comentado que en la mayoría del territorio mexicano, un sistema fotovoltaico compuesto por 16 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos, es suficiente para generar la electricidad de una casa con un consumo eléctrico alto. Supongamos que el área de planta de esa casa es de 80 metros cuadrados (160 metros cuadrados construidos en dos plantas), por lo tanto, en sus techos se podría generar la energía hasta para cinco casas, es decir un edificio de diez pisos. Esto equivale al menos a 25 metros de altura. Ahora bien, este edificio daría sombra, de tal forma que en su entorno no se podría construir otra edificación con una altura menor a una distancia menor a los 25 metros. Con esta última restricción se trataría de evitar los sombreamientos. Situación similar se observaría en el caso de usar generadores eólicos de eje horizontal, donde también tenemos desvío de los vientos.

Aquí menciono solamente algunos aspectos, pero la energía, el agua, el manejo de los residuos sólidos o líquidos, de la infraestructura para la movilidad, entre otras consideraciones, son las que deben ser contempladas para definir el tamaño de las edificaciones en las ciudades.

Hace medio siglo no se sabía que el uso de los recursos naturales debe realizarse con medida o se ocasiona su agotamiento, o se modifica el entorno, de tal manera que se provocan cambios globales, como el cambio climático antropogénico que estamos padeciendo. El conocimiento científico nos aporta ahora información para poder tomar decisiones.

Con este pequeño texto quiero llamar la atención a los tomadores de decisiones en el ámbito de planeación, para considerar los diversos aspectos en la definición de los tamaños de las edificaciones para conseguir espacios urbanos, suburbanos o rurales verdaderamente sustentables. Hoy en todo el país y en el mundo estamos ante una verdadera encrucijada y solamente considerar los costos en el corto plazo, implica que no estamos pensando en la sustentabilidad que mira hacia la equidad entre las personas que vivimos hoy o vivirán en el futuro.

 

 

Miércoles, 23 Enero 2019 05:02

Visualizando el futuro: transporte eléctrico

La atención de los problemas urgentes como el combate al robo de combustibles es una de las acciones que está implementado el gobierno mexicano y que no necesariamente son la solución de la problemática de sustentabilidad que enfrenta el país y en general el mundo. En este sentido es que desde otros sectores debemos apuntar a la solución de problemas de raíz y visualizar estrategias que en el largo plazo conlleven a un bienestar social.

Por esta razón, en este texto insistiré en la electrificación del transporte, como una estrategia que plantea solución a diversos problemas que nos aquejan.

Primeramente, la electrificación del transporte público ataca directamente a la producción de gases de efecto invernadero en forma distribuida, es decir, los autobuses impulsados por motores de combustión interna emiten gases que contribuyen directamente al cambio climático y como estos autobuses circulan por las ciudades o las carreteras sus emisiones se distribuyen ampliamente. También estos autobuses son ruidosos y contribuyen a que las ciudades o los lugares cercanos a las carreteras sean lugares donde el ruido de motor sea una constante. Además, los motores de combustión interna disipan mucha energía y calientan el entorno, propiciando el fenómeno conocido como isla de calor en las ciudades. Para sentir este fenómeno basta con acercarse a un autobús en la parte cercana al motor. Desde mi perspectiva, las actuales iniciativas de implantar sistemas de autobuses en carriles confinados puede transformarse en líneas de autobuses eléctricos. Existen dos alternativas en este sentido, primero la de usar autobuses con baterías y otra que funciona muy bien en carriles confinados como lo es el trolebús, un autobús eléctrico que equipado con antenas conectadas a dos cables con energía eléctrica no requiere baterías.

En el contexto de transporte interurbano podemos mencionar como ejemplo a la compañía estadounidense Proterra Inc. que ha puesto en el mercado un autobús eléctrico, con cero emisiones de gases de efecto invernadero durante su operación y que consigue una impresionante autonomía de más de mil kilómetros con una única carga de sus baterías. Entre las ventajas que tiene este tipo de autobuses es que no requiere cambios de aceite, ni darle mantenimiento al sistema de inyección de combustible o al motor de combustión, ni al sistema de enfriamiento, ni requiere filtros catalíticos y, por lo tanto, menos partes para mantenimiento. Estas ventajas pueden ser mejor aquilatadas por los dueños de la líneas de autobuses; y los beneficios a la sociedad ya fueron descritos.

En el ámbito del transporte en las ciudades, podemos observar los autobuses totalmente eléctricos que se han adquirido recientemente (diciembre 2018) en la ciudad de Barcelona. Estos son autobuses articulados que tienen una capacidad de más de 100 pasajeros y pueden cargarse parcialmente con pantógrafo en paradas de 4 y 5 minutos con cargas totales en la noche. En mi opinión este tipo de transporte es ideal para las ciudades con más de dos millones de habitantes en nuestro país, donde ya funcionan sistemas rápidos de autobuses.

En el ámbito internacional la electrificación del transporte es un hecho. Recordemos que ya en el año 2013 la reunión de ministerios de energía y la Agencia Internacional de Energía propusieron una iniciativa para impulsar el uso de vehículos eléctricos para la movilidad. Los países que han decido apoyar esta iniciativa son: Alemania, China, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Holanda, India, Italia, Japón, Portugal, Suecia y Sudáfrica y pretende alcanzar los 20 millones de vehículos eléctricos rodando para el año 2020. En nuestro país estamos solamente 5 años atrás de esta iniciativa y podemos implementar políticas que cambien el actual proceder.

También el sector de la industria automotriz en nuestro país debe tomar cartas en el asunto para no perder las oportunidades que hoy explota. Es claro que dadas las políticas actuales en Europa y China, la demanda de automóviles eléctricos en el mundo se incrementará con la consiguiente disminución de los automóviles con motores de combustión interna y, hasta donde conozco, el sector de la industria automotriz mexicana no ha empezado la transición hacia la producción de las autopartes que se requieren en los autos o autobuses eléctricos; ya que muchas de las autopartes actuales no tienen cabida en los autos eléctricos. Sería muy desafortunado que nuestra industria automotriz perdiera sus nichos de mercados por no cambiar hacia la opción eléctrica.

Insisto, debemos propiciar la electrificación del transporte que de hecho ayudaría a eliminar de raíz el uso del combustible y por lo tanto el robo del mismo.

 

Miércoles, 16 Enero 2019 05:16

Urge la electrificación del transporte

Sinceramente, no entiendo por qué no se ha electrificado el transporte en nuestro país; en particular el transporte público. Las ventajas de un transporte urbano eléctrico son evidentes: menor contaminación en los trayectos, son menos ruidosos, menos olorosos, etcétera. Se imaginan autobuses eléctricos o trolebuses circulando en los carriles confinados de los sistemas de transporte rápido de las ciudades, sí de los metrobuses. Ya en esta sección he comentado que el antiguo director del metrobús de la Ciudad de México me comentó que este sistema no contaba con autobuses eléctricos porque eran más caros; y a mi pregunta sobre los trolebuses me comentó que también eran más caros por el tendido de los cables. Sin embargo, considero que los costos de la contaminación, el ruido y el transporte del combustible son mayores a los iniciales del costo de los autobuses eléctricos o del cableado para la alimentación eléctrica en el caso de los trolebuses.

Comienzo discutiendo el transporte público, pero cuestionamientos similares se aplicarían para el transporte individual o familiar: el automóvil. ¿Por qué no empezamos a usar masivamente los autos eléctricos? Claramente, en la zona metropolitana de la Ciudad de México y en algunas ciudades cercanas como Cuernavaca el incremento en el uso de autos híbridos es evidente. Sin embargo, el uso de los puramente eléctricos no ha sido tan bien acogido.

También en el caso de los autos eléctricos el principal argumento para evitar su uso es el costo inicial. Antes que nada quiero dejar claro que el costo del kilómetro recorrido en auto eléctrico, es menor al costo de ese kilómetro en un auto convencional bien afinado. Incluso con la nueva tarifa doméstica de alto consumo (DAC) donde el kWh cuesta entre $4.99 y $5.47 (dependiendo de la región geográfica en el país) el precio del kilómetro recorrido en auto eléctrico es cercano al peso por kilómetro. Para comparar calculemos lo que le cuesta a usted lector recorrer un kilómetro con su auto, 1) llene el tanque de gasolina de su auto, 2) anote el kilometraje y recorra un día o una semana y vaya otra vez a la gasolinera a cargar y 3) anote el kilometraje para conocer la distancia recorrida y 4) anote lo que pagó por llenarlo. Haga las siguientes operaciones: divida lo que pagó por llenar nuevamente el tanque 4) por la diferencia entre los kilómetros recorridos (reste 3) a 2. Estoy seguro que ese resultado es mayor a 1.5. Como ya mencioné, en la mayoría de los autos eléctricos este precio por kilómetro es del orden de 1. Es decir, al usar un auto de gasolina se está pagando más dinero por su uso, además de estar contaminando tanto el aire que respiramos, como generando mayor ruido y calentando el entorno de los carros.

Los cálculos anteriores, aunados al desabasto de gasolina que hemos sufrido en los últimos días, nos orillan a repensar en la electrificación del transporte.

Por supuesto, que el uso de transporte eléctrico aumentaría la demanda de electricidad en el país; pero esta electricidad se podría generar con fuentes renovables y, además, aprovechar las posibilidades de la generación distribuida. Es decir, la electricidad que podemos generar en casa, oficina, escuela, empresa o industria con fuentes renovables, especialmente la solar fotovoltaica que además de no contaminar en el sitio, es ya más barata que la electricidad que nos vende CFE en la tarifa DAC.

Por si lo anterior no fuera suficiente, un argumento adicional tiene que ver con el hecho de que un sistema de transporte electrificado disminuye grandemente las posibilidades de existencia de fenómeno huachicolero; la electricidad no se puede almacenar en tambos o cisternas.

Como lo he mencionado ya en múltiples ocasiones, la llamada reforma energética nos dio la posibilidad de generar nuestra propia energía para satisfacer nuestras necesidades. Hoy podemos aprovecharla para generar electricidad y utilizar vehículos eléctricos, sean autos, motocicletas o bicicletas; además de promover la implantación de sistemas rápidos de transporte urbanos, como los metrobuses, que sean eléctricos.

Estas propuestas requieren de una inversión mayor en el inicio, pero los beneficios son en el largo plazo para toda la población. Se imaginan que en la década de los ochentas en la Ciudad de México se hubiera fomentado el uso del auto eléctrico, hoy estaríamos disfrutando nuevamente de la región más transparente. En las diversas ciudades pequeñas como Cuernavaca, es el momento de fomentar el transporte eléctrico para que en algunos años podamos conseguir sus plenos beneficios. 

Miércoles, 09 Enero 2019 05:54

Sobre la seguridad vial

Durante las pasadas vacaciones decembrinas los viajantes en las carreteras del país pudieron observar, que en algunos tramos los señalamientos no son lo adecuado que debieran o que las indicaciones para poder seleccionar las rutas no tienen la anticipación necesaria. Esta situación se puede observar con mayor claridad en el libramiento de Cuernavaca.

Para los que vivimos en Cuernavaca o quienes transitan de la Ciudad de México hacia Acapulco por carretera, a finales del año pasado observamos un cambio en el libramiento de Cuernavaca, al ver como retiraban parte de los muros que dividían los carriles centrales de los laterales. Esta acción se debió gracias a la presión que desde la inauguración de este libramiento hicimos gran parte de la sociedad cuernavacense, cuando señalamos que el muro divisorio era, además de inoperante, totalmente inseguro; pero que la cerrazón de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) federal, de aquel entonces, no quiso tomar en consideración. Recuerdo claramente como en esta misma sección de opinión, señalé, al igual que muchas otras personas en diferentes medios, que además de lo inoperante de esta división, el libramiento carecía de señalamientos de seguridad adecuados.

Hoy debo reconocer que se ha retirado parte de esta división, donde es posible; pero que la observación de que este segmento carretero no cuenta con los señalamientos adecuados para su uso vial ni de seguridad necesarios permanece vigente.

Se podría actuar y, además de incluir los señalamientos de ruta con la debida anticipación, considero que se podrían analizar las propuestas que indican que este libramiento debe ser reconfigurado para tener un máximo de cuatro carriles con un acotamiento adecuado. Desde mi punto de vista, estas propuestas son muy pertinentes. Además, es muy importante señalar que esta reconfiguración solamente requiere de señalamientos sobre la cinta asfáltica, es decir, pintar adecuadamente los carriles y señalar el acotamiento; es más, podría haber paraderos para posibles averías y evitar que los vehículos obstruyan el flujo en los carriles adecuadamente configurados o que se implementara un transporte público que circulara por el libramiento con paraderos adecuados. Con esto, quiero enfatizar que el costo de esta reconfiguración sería mínimo, ya que solamente requiere de trabajo de escritorio y de instalación de señalamiento sin modificación de la infraestructura actual; pero estas ligeras modificaciones deberían hacerse respetando las normas internacionales para las dimensiones de los carriles.

Conozco que activistas cuernavacenses han estudiado las diferentes propuestas para hacer menos inadecuado este libramiento y con ello hacerlo más adecuado para la población de la ciudad y para los viajeros que lo usan para movilizarse hacia el sur del Estado de Morelos o de Guerrero. En forma similar la comunidad científica de Morelos se ha manifestado en diferentes formas y está dispuesta a colaborar para conseguir un libramiento funcional y seguro para todas las personas.

Sirva este pequeño texto para llamar la atención de los tomadores de decisión a buscar la asesoría de los científicos o de personas diversas que han invertido parte de su tiempo y esfuerzo en encontrar soluciones sencillas a la problemática de vialidad e inseguridad que hoy todavía tiene este segmento de la autopista México-Acapulco. Estoy seguro que la disponibilidad de los científicos e ingenieros en estos temas, o en otros, es un hecho que los tomadores de decisión podrían usar con mayor frecuencia en nuestro país y así construir mejores soluciones.

 

 

En estos días he leído y oído diversos comentarios sobre que debemos seleccionar entre las ciencias e ingenierías o las humanidades; que las universidades tal y como las conocemos desaparecerán para sucumbir en una versión mercantilista. Estas frases así, descontextualizadas, pueden dar origen a discusiones estériles y sin conclusiones posibles.

En cuanto a la primera frase, desde mi perspectiva es una falsa dicotomía y que no tenemos que optar por una o por otra. En mi opinión, tanto las ciencias e ingenierías como las humanidades son actividades que las personas podemos cultivar y disfrutar por igual. Hoy más que en las épocas pasadas, la información tanto científica como tecnológica abre posibilidades muy interesantes para las ciencias sociales e humanidades y su futuro desarrollo y divulgación; y, al mismo tiempo, las posibilidades de conocer desde cualquier punto del planeta diferentes culturas y apreciar obras filosóficas o artísticas, tanto plásticas, literatura como puestas escénicas, para citar algunos ejemplos, a larga distancia influye en la demanda de nuevos conocimientos científicos y tecnológicos. Aquí quiero mencionar un hecho que he resaltado anteriormente como consecuencia de mis visitas a Haití: durante los siglos XIX y XX Francia becaba a los haitianos para que realizaran estudios en ciencias sociales y humanidades en Francia y evitaba otorgar becas en ciencias e ingenierías.

Como resultado, esta sociedad caribeña no ha podido desarrollar la tecnología para resolver los intrincados problemas socioambientales que ahora lo sumen en la profunda pobreza. Así, la interacción, en nuestros días, entre lo que llamamos ciencia y tecnología y ciencias sociales y humanidades es, por lo menos, multifacética y muy intrincada.

La segunda frase algunas personas la atribuyen a las intenciones de ideología neoliberal por promover las carreras que generen opciones de trabajo en este mundo tecnificado y se menciona que las carreras de ciencias e ingeniería son preferidas por las personas en las universidades, despreciando las carreras de humanidades.

Sin embargo, lo que hemos visto es que la tendencia neoliberal en México ha disminuido dramáticamente el apoyo a ciencias y tecnología y nunca ha cumplido su promesa de invertir el 1% del PIB en este sector. Además esa frase está llena de prejuicios y presupone que las personas con carreras científicas o tecnológicas van o tener una mayor posibilidad de empleo bien remunerado. Hoy en día, los artistas y humanistas tienen la posibilidad de llegar al gran público en todo el planeta, con lo que pueden optar por difundir su obra de una forma más eficiente.

Por esta razón, desde mi punto de vista la afirmación sobre que las universidades están conducidas a no contemplar las carreras humanistas es falsa. Es más, un hecho es que el número de estudiantes en las carreras científicas ha disminuido en las últimas décadas en todo el planeta; y esta situación lo que ha propiciado es que no tengamos las suficientes soluciones técnico-sociales a los problemas actuales que sufrimos. Quizá la verdadera preocupación a la que debemos atender es que la mayoría de la población pudiera acceder a educación de calidad. Sin embargo, sí debemos comprender que los capitales, los fondos de  inversión, los accionistas sin nombre, etcétera, están buscando nuevas formas de obtener más rápidamente beneficios, y la educación superior en general está visualizándose claramente como una forma de negocio y aspiran a sacar del mercado al mayor competidor, el sector gubernamental.

Por razones de brevedad del texto, aquí solamente escribiré que estas formas de negocios deben ser reguladas por la sociedad en general y considerar que la inversión en educación es un bien que conviene a todas las personas.

Mientras más ampliamente conocedoras son las personas de una sociedad, las decisiones que tomen tendrán mayores fundamentos y contemplarán mayor número de posibilidades y perspectivas diferentes con mayores posibilidades de apuntar hacia un bienestar social.

Con este texto, quiero contribuir para convencer al lector que no existe el dilema entre ciencias y humanidades, sino que son expresiones de actividades humanas y, por otro lado, que más que propugnar por la enseñanza de las humanidades en las universidades, debemos enfatizar en que la educación en todos los niveles es una inversión social y como tal debe estar regulada la participación del sector privado. Por supuesto, siempre privilegiando la inversión desde las arcas gubernamentales, que son la fuente de financiamiento para las iniciativas sociales y así, en particular, financiar la educación superior en todas las áreas o dimensiones de nuestra humanidad. Por estas razones, considero que la inversión en educación superior es una de las acciones imprescindibles de cualquier sociedad.

Finalmente, ¡feliz año 2019 para todas las personas en este planeta!

 

 

La generación de conocimiento básico impacta más allá de donde pensamos. Con esta idea comentaba la semana pasada la necesidad de invertir en ciencia y educación superior para conseguir un bienestar social de largo aliento. En esta ocasión quiero comentar cómo métodos de la física cuántica pueden ser usados para orientar a los gobiernos a seleccionar los indicadores que pueden monitorizar el camino a la sustentabilidad.

Espero con la frase anterior no haber asustado a los lectores, primero a los científicos que pudieran también ser escépticos ante esta frase y tal vez los lectores no científicos, por considerar que la física cuántica está lejos de su entendimiento.

Quiero aclarar que ambos conjuntos están equivocados. A continuación trataré de explicar un artículo que presenta una metodología para seleccionar los indicadores que pueden monitorizar las políticas públicas tendientes a construir la sustentabilidad.

Primero déjenme explicar que la selección de los indicadores que puedan realizar este acto es de importancia para todas las personas que serán afectadas por la implementación de esas políticas públicas.

Como ejemplo, el gobierno puede seleccionar becar a los jóvenes para que se capaciten y puedan conseguir mejores empleos al brindar una mano de obra calificada a las empresas; además puede invertir para que las empresas contraten a jóvenes con talentos potenciados por la educación superior de calidad. Este tipo de políticas pueden ser bien vistas por algunas personas, pero no por otras.  La verdad es que no debemos dejarnos llevar por si son bien vistas o no, lo que requerimos son indicadores que puedan evaluar su efectividad; pero en todas las dimensiones: económicas, sociales, ambientales e institucionales. Así que la primera interrogante, para los gobernantes que proponen esas políticas y también para las personas que las sufrimos, es seleccionar esos indicadores que evalúen la política. Digamos que los indicadores directos pueden ser el porcentaje de la población con educación superior. Otro pudiera ser el porcentaje de personas ocupadas en empleos con salario de especialista; o  las exportaciones de productos elaborados.

Quizá algunos empiecen a dudar de este último, pero las interacciones entre las múltiples vertientes del bienestar social no son evidentes y dependen de muchos factores, por ejemplo, de los recursos naturales del lugar, las costumbres de las personas y el grado de confiabilidad en las instituciones. Así, las capacidades de las personas de diferentes lugares con recursos naturales diferentes requieren de capacitaciones diferentes para producir productos con valor de intercambio (exportables) que les propicien bienestar social.

Tengo que comentar que la ONU ha definido más de un centenar de estos indicadores y algunos gobiernos comprometidos con el diseño de caminos hacia la sustentabilidad han seleccionado otros tantos.

Así que un presidente municipal o un gobernador o un presidente tiene muy diversas opciones para seleccionar indicadores. Podríamos irnos por el camino sencillo y decir: “usemos todos los indicadores que ya han sido definidos”, pero la medición y el posterior seguimiento de estos indicadores requiere de financiamiento y en la mayoría de las ciudades, estados o países el dinero es escaso.

Por supuesto, ya llegamos al punto donde empezamos a sufrir por la propuesta de los presupuestos. La población generalmente está más preocupada por el bienestar individual e inmediato; sin embargo, la planeación y bienestar social en el largo plazo es una de las preocupaciones que debe tener el buen gobernante.

En fin, no me detendré en esta discusión, solamente concluiré que debemos reducir el número de indicadores que monitorizaremos para evaluar las políticas públicas, pero que este conjunto de indicadores debe ser suficiente para verdaderamente evidenciar si las políticas implantadas son las adecuadas.

En este mes publicamos un artículo de investigación en una revista de acceso abierto que aborda precisamente la selección de indicadores que puedan monitorizar el camino a la sustentabilidad en diferentes regiones de acuerdo a sus características ambientales, económicas, organizacionales y sociales.

Este artículo [1] muestra cómo la selección de estos indicadores puede hacerse con la misma metodología para ciudades tan diferentes como Thronjeim, Noruega (solo 11 indicadores); Mascota, Jalisco (solo 16 indicadores) o Cuernavaca, Morelos (solo 16 indicadores). La selección de estos indicadores se basa en un modelo inspirado en la interacción que manifiestan los átomos o moléculas en materiales magnéticos (modelo de spin) y contempla los mecanismos de competencia entre especies biológicas durante la evolución.

Con este sencillo ejemplo quiero llamar la atención a la población en general para que considere la inversión en ciencia, sea física, matemáticas, biología o cualquier otra rama de la llamada ciencia básica, como una de las posibilidades para realmente incrementar su bienestar social.

Sin el entendimiento en los fundamentos de la física no se podría haber diseñado este método de selección de indicadores que pueden monitorizar las políticas públicas. Invito a los lectores interesados a leer los artículos o comunicarse conmigo para poder colaborar y definir los indicadores de diferentes regiones.

[1] https://10.1371/journal.pone.0135250 y https://doi.org/10.1371/journal.pone.0208718

 

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