Elizabeth Palacios

Elizabeth Palacios

Domingo, 24 Marzo 2019 05:27

Escapada a Metepec

Tal como se los sugerí a ustedes la semana pasada, yo me escapé a un pueblo mágico durante el pasado puente que nos regaló don Benito Juárez por su pre-cumple. Lo cierto es que aunque me habría encantado que el pueblo mágico elegido hubiera sido Bacalar porque muero por unos días de descanso frente a esa magnífica laguna de colores, no tenia mucho dinero así que tuve que buscar algo que no implicara pagar costosos boletos (ni de avión ni de autobús) y donde las actividades cotidianas también estuvieran al alcance de mi bolsillo.

Recordé entonces que uno de mis mejores amigos se nos volvió fifí de Metepec y dije ¡Claro! Y es que yo no conocía ese pueblo mágico a pesar de estar tan cerca de la Ciudad de México. Hablé con mi amigo y nos enfilamos en un autobús que apenas nos costó 60 pesos por persona con dirección a Toluca, la capital del Estado de México.

Mi amigo nos recibió en una de las paradas a pie de carretera que está pasando Lerma porque resulta que, por increíble que parezca, no hay un autobús directo hasta el centro de Metepec. Y es que por allá todos tienen auto (punto en contra para el pueblito) pues resulta que el pueblo mágico tradicional es el centro histórico pero alrededor existen desarrollos inmobiliarios modernos donde las clases medias y altas de Toluca y algunos godinez de Santa Fe han llegado a poblar en busca de un poco de paz.

Así, aunque este municipio podría considerarse aledaño a la Ciudad de México, lo cierto es que vivir en Metepec no es igual a vivir en Ecatepec o Chalco. No, acá todo tiene un encanto mucho más exclusivo y, según me cuenta mi amigo, a la alta sociedad toluqueña le gusta vivir por acá.

Tras estacionarnos cerca del centro visitamos la boutique especializada en práctica de yoga que la esposa de mi amigo tiene en el mero centro, en una plaza comercial pequeña y encantadora pues conserva la arquitectura tradicional del pueblo, y donde también hay un restaurante que tiene fama de vender las mejores pizzas de los alrededores.

Después caminamos hacia el zócalo donde nos encontramos un puente lleno de candados, sí, así como el puente de las artes en París, pero este no está sobre un río como el Sena, sino sobre una fuente ¡sí una fuente! Por ahí también está una estatua de una sirena que parece la del Starbucks pero pues no, resulta que antes por esa zona era lacustre y se decía que “había monstruos marinos que embrujaban a los hombres”… o sea la leyenda machista que no podía faltar pues. Pero al llegar a la catedral tuve mi primer encuentro de amor con Metepec: los tamales de ollita. Resulta que la forma tradicional de cocinar tamales por acá es en una ollita de barro, no en una vaporera, así que prácticamente los tamales se cuecen en un caldo y no al vapor lo que hace que el sabor de la salsa se impregne mucho más en la masa y queden más suaves. No pues nos enamoramos de los tamales, sobre todo del de pipián y el de fresa que tenía fruta natural… una delicia.

Nos comíamos los tamales mientras veíamos las impresionantes escaleras de la Iglesia del Calvario, que es mucho más pequeña que la Catedral pero mucho más famosa y visitada. Obviamente no subimos porque éramos felices comiendo tamales en las escalinatas y nadie quiere terminar con un paro respiratorio por tragón. Así que nos quedamos a disfrutar del clima fresco y rico de este lugar.

La impresionante escalinata que conduce a la Iglesia del Calvario recibe a los visitantes con la hermosa vista de la imagen que les ha dado identidad a los artesanos alfareros del pueblo: los árboles de la vida, depositarios de una larga tradición que tiene su origen desde la época prehispánica.

Metepec está asentado sobre una zona lacustre y rodeada de pantanos, en las inmediaciones de los ríos Verdiguel y Lerma, por ello fue hogar de fauna pleistocénica cuyos restos quedaron enterrados, y apenas hace pocas décadas han vuelto a salir a la luz en forma de descubrimientos paleontológicos.

La riqueza natural de la región trajo consigo un florecimiento cultural y artístico, sembrando la semilla de la larga tradición alfarera que ha permeado hasta nuestros días. Al principio, se trataba de piezas utilitarias, como vasijas para transportar y almacenar agua y alimentos, que con el tiempo derivaron en cosas más complejas como figurillas humanas y representaciones de la vida cotidiana.

Bajo la sombra de la cultura teotihuacana, en este Pueblo Mágico se asentaron grupos otomíes y mazatlincas cuyas raíces perduran en la actualidad en comunidades aledañas como San Miguel Totocuitlapilco y San Mateo Cuaxustenco. El Cerro de los Magueyes (de donde toma su nombre Metepec) constituyó así un importante centro ceremonial que los evangelizadores españoles pretendieron convertir en un punto de adoración católica. Y sí, por eso frente a la escultura de la sirena, hay un maguey de acero al que también le han puesto un montó de candados del amor… ojalá más personas entendieran que el amor no son cadenas ni candados pero bueno, ese es otro cantar.

Los barrios que integran este encantador Pueblo Mágico están tapizados de pintorescas construcciones con paredes de colores brillantes y techos de teja roja, que albergan galerías de arte, bares, restaurantes, pulquerías, cafeterías y tiendas de artesanías, entre otras, pero también son el hogar de la fuerte tradición religiosa del lugar. Por ello, Metepec está tapizado de templos, dedicados a los santos que protegen y amparan a los metepequeños.

El primero es el Convento Franciscano de San Juan Bautista, edificado en estilo renacentista durante el siglo XVI. Se trata de una austera obra tipo fortaleza, característica de la orden religiosa que habitó en ella. Está conformado por el templo, la capilla abierta, el portal de peregrinos, los claustros y la huerta. Actualmente, funciona como Museo de Arte Religioso, en el que destaca un retablo proveniente de 1570, y por ello el más antiguo que se conserva en el país.

En las paredes de este museo permanecen restos de pinturas murales, que representan acontecimientos religiosos como la Asunción de María y motivos prehispánicos como los caballeros Águila y Jaguar. En sus salas se muestran también los vestigios arqueológicos y paleontológicos encontrados en la zona, como un colmillo fosilizado de mamut y algunos de los códices que han servido para reconstruir la historia de Mesoamérica.

El segundo recinto en importancia es justo la Iglesia del Calvario, que no visitamos por exceso de tamales en nuestros cuerpecitos, pero que se ha convertido en todo un símbolo del pueblo por su ubicación en las faldas del Cerro de los Magueyes. Desde su portal de madera maciza, se puede apreciar la totalidad de la ciudad de Metepec y más allá, hasta la autopista que conduce a Toluca. También llamado Santuario de la Virgen de los Dolores, este templo de estilo barroco alberga en sus profundidades entierros y vestigios prehispánicos que fueron cubiertos a propósito por los franciscanos.

A los pies de este templo puede apreciarse una representación enorme de “La Tlanchana”, personaje de la imaginería indígena que se aparecía entre las aguas de los manantiales, y que los españoles comparaban con las míticas sirenas. Dicha figura es utilizada frecuentemente como base de los árboles de la vida, representaciones de la esencia de la existencia y de las etapas que atraviesan los seres humanos.

Otros templos que vale mucho la pena visitar son las capillas de la Purísima Concepción y de San Nicolás, así como los templos de San Bartolomé, San Miguel y Santa María Magdalena, sobre todo en las fechas de las fiestas patronales de cada santo.

Me contó mi amigo que en Métepec suele haber un festival cultural muy famoso donde en estas escalinatas donde nuestros tamales hacían digestión, se ofrecen espectáculos culturales diversos gratuitos por lo que me prometí volver.

Algunos puntos del municipio son sitios imperdibles. Por supuesto, el mirador que se levanta en lo alto de la Plaza de los Magueyes, un plácido sitio rodeado de estas peculiares cactáceas por donde se puede pasear y contemplar el tiempo pasar mientras se disfruta una deliciosa nieve o un elote preparado.

A escasos kilómetros, hacia las afueras del pueblo, el Parque Ambiental Bicentenario recibe a todos aquellos que busquen realizar actividades deportivas y ecoturísticas, como senderismo, ciclismo, skate, yoga, básquetbol, futbol, paseos en lancha y campamentos de concientización ambiental, además de una amplia zona donde es posible jugar con las mascotas.

Para adentrarse en la extensa obra alfarera de este Pueblo Mágico, resulta muy interesante visitar el Museo del Barro y el Centro de Desarrollo Artesanal. En el primero, se aloja una colección de más de tres mil piezas galardonadas durante 35 años de concursos nacionales, creadas principalmente por artesanos locales, así como las piezas ganadoras del Concurso Nacional de Alfarería Árbol de la Vida, que se realiza desde 1992. No obstante, la pieza más vistosa de este recinto es un mural de barro elaborado por 82 niños metepequeños de entre 8 y 11 años de edad.

En el Centro de Desarrollo Artesanal, las familias de artesanos encuentran un espacio digno y funcional donde pueden adquirir materias primas, elaborar sus obras y prepararlas para su exhibición y distribución. Este lugar cuenta con una bella y amplia sala de exposiciones, donde los turistas pueden acceder a lo mejor del trabajo artesanal regional.

Cerca del 14 de febrero se lleva a cabo el Festival del Amor, en el que se realiza la lectura de la leyenda de San Valentín y las plazas se llenan de parejas bailando sones y danzones, música de mariachi, rondallas y grupos musicales reconocidos a nivel nacional e internacional.

En el mes de la primavera, Metepec recibe a la estación más bella del año con el ritual prehispánico del Fuego Nuevo, en el que se interpretan danzas aztecas en la explanada de la Iglesia del Calvario por los danzantes del pueblo de Ixtlahuaca, se lee poesía y se narran leyendas prehispánicas.

También, en el segundo fin de semana del mes se celebra el Festival Musical Metepec Canta, en la explanada del Parque Juárez y en los centros nocturnos de la ciudad, en el que se intercalan artistas locales y de renombre para interpretar desde trova hasta rock.

La fiesta religiosa más importante del año es la de San Isidro Labrador, el protector de la siembra, que se festeja en mayo con eventos deportivos y culturales, exposición de artesanías, productos agrícolas e industriales, y el Paseo de los Locos, que implica desfile de yuntas, danzas de sembradores y palenques.

Los últimos meses del año se dedican a la cultura con el Festival de la Quimera, en el que participan artistas, músicos, cineastas, pintores, escritores, intelectuales, talleristas y artesanos de México y del mundo, con la finalidad de mostrar todas las riquezas culturales posibles. En este vibrante festival se pueden disfrutar recitales, conciertos, danzas, teatro, conferencias, muestras pictóricas, y exposición de artesanías tanto del Estado de México como de todo el país.

Por último, del 30 de octubre al 2 de noviembre tiene lugar una impresionante exposición de ofrendas, que se instalan en la Casa de Cultura de Metepec y en las escalinatas del Calvario, cada año con temáticas y materiales diferentes. En ella, diversas escuelas e instituciones presentan sus propias ofrendas, aunque la pieza central corresponde a los restos óseos de un entierro matlatzinca encontrado en el Cerro de los Magueyes.

A un lado de las escalinatas se encuentra un mercado de comida, de aspecto muy sencillo pero que alberga una gran muestra de la riqueza culinaria de la zona, representada por deliciosas aguas de fruta, café de olla, tortas, tacos y antojitos como enchiladas, flautas, sopes, quesadillas y unos deliciosos pambazos de mole verde. También, en los alrededores del centro existe una enorme variedad de bares, cafeterías y restaurantes, como la encantadora El Quintal, la Hacienda Los Olivos y La Cantrina.

Metepec es un pueblo alfarero por excelencia. Quienes visitan este magnífico pueblo mexiquense, por lo general resultan asombrados por las verdaderas obras de arte que realizan los maestros alfareros del lugar. Basta con pasear por pintorescos barrios como Santa Cruz, San Mateo, San Miguel, Coaxustenco y Santiaguito, en algunas de las muchas tiendas de artesanías que allí se localizan, para hallar antojables piezas: soles y lunas, calaveras, candeleros, imágenes sacras, coronas para celebrar el adviento y muchas otras más.

Existen opciones de hospedaje para todos los gustos en este bello Pueblo Mágico. Una de las más interesantes es el Bio Hotel Metepec, lleno de obras de arte debido a que en el pasado fue un taller artesano y casa de una de las familias más reconocidas de Metepec; además, cuenta con numerosas ecotecnologías para provocar el menor impacto ambiental posible. Por su parte, en las Villas La Muralla y en el Gran Hotel Plaza Imperial pueden disfrutarse instalaciones lujosas y amplios espacios de descanso.

Así que ya lo saben, no hay destino que no valga la pena conocer, por muy cerca que esté de nuestras grandes urbes. ¡Felices Viajes!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si el viernes le fue imposible salir de su ciudad y hoy ya está un tanto arrepentido de no haber aprovechado el puente, no se me ponga triste porque todavía hay tiempo de hacer una maleta rápida y lanzarse hacia un escape cercano a la capital del país, o a la capital morelense.

Los pueblos mágicos siempre nos brindan la opción de esos viajes cortos pero que alimentan el alma y nos regalan el placer de relajarnos pues muchos de ellos se encuentran a menos de tres horas de la Ciudad de México en auto. Hoy les voy a contar de 10 opciones cercanas que deben considerar.

Hay que recordar que, los lugares que califican para ser Pueblos Mágicos es debido a la riqueza cultural de la región en la que se ubican, su pasado indígena, la arquitectura del lugar, su legado histórico, así como las tradiciones que se mantienen en estos sitios. Así que sobre todo, son lugares para los amantes de la cultura, la gastronomía, las tradiciones y la historia.

 

  1. Tepotzotlán, Estado de México

Se ubica a poco más de 80 kilómetros de la Ciudad de México, o aproximadamente 1 hora con 30 minutos. Ahí se pueden visitar sitios turísticos como el antiguo Convento de Francisco Javier, echar un vistazo al pasado en el Museo Nacional del Virreinato o recorrer alguna de sus parroquias emblemáticas. En la Plaza de la Cruz encontrarás una cruz de piedra labrada con las imágenes de la pasión de Cristo. Además, Tepotzotlán te sorprenderá con su inigualable gastronomía o sus deliciosas nieves.

 

  1. Malinalco, Estado de México

Su nombre significa “Donde se adora a Malinalxóchitl, la Flor del Malinalli” y se encuentra a 2 horas con 10 minutos de la Ciudad de México, en el sur del Estado de México. Además de poder visitar la Zona Arqueológica de Cuauhtinchán, o sus diversas parroquias, en Malinalco puedes realizar actividades de ecoturismo como recorridos en cuatrimoto, tirolesa, escalar o visitar un temazcal en Semana Santa. Esta es una excelente opción si vives en Cuernavaca porque puedes llegar por Chalma.

 

  1. Huamantla, Tlaxcala

Se encuentra a 2 horas con 10 minutos de la Ciudad de México. Su nombre es de origen náhuatl y significa “Lugar de árboles formados o juntos”. Entre los puntos turísticos más visitados destacan de este Pueblo Mágico destacan: la Parroquia San Luis Obispo de Tolosa, el Museo Nacional del Títere, diversas haciendas pulqueras y el Parque Nacional La Malinche. Si acudes entre julio y agosto podrás ser testigo de la Feria de Huamantla, la máxima fiesta en honor a la Virgen de la Caridad. Durante los últimos días de julio se realizan alfombras florales, serenatas, el festival del globo artesanal, una carrera de burros y otras actividades.

 

  1. Taxco, Guerrero

A 2 horas con 40 minutos al sur de la Ciudad de México, pero a 90 minutos de Cuernavaca, Taxco es un Pueblo Mágico cuyo nombre significa “lugar donde se juega pelota”. La ciudad es reconocida por su trabajo de platería y no puedes perderte atractivos como el Zócalo, el mercado de artesanías o la estatua monumental de Cristo, en el Cerro de Atachi, desde donde tendrás una vista incomparable de Taxco en su totalidad. También puedes recorrer diversas capillas y parroquias, visitar las Grutas de Cacahuamilpa o comprar artesanías en el Tianguis de la Plata durante tus vacaciones de Semana Santa. Pero cuidado, en esta época se pone muy caluroso. Cuida tu hidratación si vas ahí.

 

  1. Bernal, Querétaro

Bernal es un Pueblo Mágico en Querétaro, aproximadamente a 2 horas con 50 minutos de la Ciudad de México. Tiene como característica principal el tercer monolito más grande del mundo, cuya formación data de hace 65 millones de años. Además de visitar la Peña de Bernal, donde podrás escalar, debes visitar la Capilla de las Ánimas y el Museo de la Máscara.

 

  1. Ixtapan de la Sal, Estado de México

Se ubica en el Estado de México, a 1 hora con 50 minutos de la Ciudad de México. El principal atractivo turístico de Ixtapan son sus aguas termales, además de servicios de masaje y fisioterapia. En Ixtapan de la Sal también es posible visitar la Laguna Verde y el pueblo de Malinaltenango. En el Museo Arturo San Román podrás revivir el pasado, mientras que en la plaza principal podrás visitar la Iglesia de la Asunción de María y la Presidencia Municipal.

 

  1. Tecozautla, Hidalgo

Son 2 horas con 50 minutos las que separan a la Ciudad de México de Tecozautla, Pueblo Mágico en Hidalgo. Su nombre significa “lugar donde abunda la tierra amarilla”. En Tecozaulta podrás visitar sitios arqueológicos, como Pañhú, y bellezas naturales, como manantiales y el Cerro del Astillero. El destino más atractivo de Tecozautla es un geiser natural, único en México. Ahí hoy en día hay un balneario con pozas tibias de las que no querrás salir nunca.

 

  1. Tlayacapan, Morelos

Si de plano no queremos ni salir del estado, podemos enfilarnos hacia el noreste de Morelos, a 1 hora con 50 minutos de la Ciudad de México. Tlayacapan significa “lugar sobre la punta de la tierra”. Antiguamente fue habitado por olmecas y xochimilcas. Es atractivo no solamente por su arquitectura y sus capillas, sino también por el clima y la belleza natural de los cerros que rodean a este Pueblo Mágico, donde además se realizan fiestas religiosas llenas de tradición. En Tlayacapan también podrás visitar museos durante Semana Santa o tomar un paseo por el corredor arqueológico.

 

  1. Huauchinango, Puebla

Huauchinango está a 2 horas con 15 minutos de la Ciudad de México. Su nombre significa “muralla de árboles” y es un pueblo famoso por sus diversas flores, las cuales son una parte fundamental de la economía local: jazmines, azaleas, magnolias, tulipanes, begonias, dalias y camelias. No puedes dejar de ir al Cerro de Zempoala, donde puedes practicar rapel. También debes visitar la Presa de Tenango, el Árbol de Tizoc y la Presa Necaxa.

 

  1. Tepoztlán, Morelos

A tan solo 1 hora con 30 minutos de la Ciudad de México, Tepoztlán resulta ideal para un viaje de fin de semana. Su nombre quiere decir “lugar del hacha de cobre” ofrece a la vez una experiencia natural y un vistazo al pasado colonial de México. Entre sus principales atractivos se encuentra la Pirámide del Tepozteco, el Templo de la Natividad, el Museo Carlos Pellicer y el Parque Nacional El Tepozteco, en cuya cima te espera una impresionante vista del pueblo. No dejes de visitar alguno de sus temazcales.

Como pueden ver, por alternativas no paramos en el centro del país así que sólo es cosa de terminarse ese café dominical, y agarrar camino que el fin de semana largo todavía no acaba. ¡Felices Viajes!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 03 Marzo 2019 05:13

Agricultura que construye paz

Esta semana comencé un nuevo trabajo de oficina que me hizo volver a una rutina que tenía olvidada. Levantarme muy temprano, preparar mi comida, salir de casa para enfilarme al transporte público y llegar a una oficina sin ventanas en una de las avenidas más famosas y transitadas de la Ciudad de México.

Fue una gran semana pero me hizo falta contacto con la naturaleza así que por eso el día de ayer fui a visitar uno de los oasis que existen en esta gran urbe: el huerto urbano Tlatelolco.

Lo primero que me dio este lugar al llegar fue una temperatura maravillosa y es que las plantas para eso ayudan, para regular estos terribles golpes de calor que amenazan con darnos una primavera muy ruda.

Lo segundo fue un encuentro no planeado con amigos entrañables como Jordi y su novia que son adorables y tan comprometidos como yo con el emprendimiento social y ambiental. De hecho ellos fueron a vender una deliciosa (en serio, el adjetivo le queda corto) crema de almendras y de cacahuate para untar en el pan que está para chuparse los dedos. Ellos preparan de manera artesanal y con mucho amor este delicioso producto energético y natural, ideal para veganos.

También me encontré con mi hermosa amiga Flor Corona, una chef increíble que ama enseñar a la gente a organizar su forma de comer (y comprar) y tuve la oportunidad de tomar una de sus maravillosas clases.

No sólo nos enseñó a hacer unos súper nutritivos nugetts de pollo, avena y amaranto ideales para niños, también nos preparó una ensalada con hortalizas del huerto y un aderezo de garbanzo con perejil y cilantro que nos hizo chuparnos los dedos.

Mirar alrededor a la gente sentada, los niños jugando y todos conviviendo tan relajados me olvidé de que estaba a escasos 10 minutos caminando de Tepito, uno de los barrios más rudos de la ciudad.

Y es que este huerto no sólo es importante porque se sube a la ola de tendencia de darle mayor importancia a la agricultura urbana, en la que vamos bastante atrasados porque resulta que en otros países han avanzado más.

Casi un 15% de los alimentos que hay en todo el mundo salen de la agricultura urbana. Según la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación), las granjas urbanas ya alimentan a cerca de 700 millones de habitantes en las ciudades, lo que significa una cuarta parte de la población urbana del mundo. Según esta organización, en el año 2030 el 60% de las personas en países desarrollados vivirá en ciudades. Datos, sin duda, reveladores.

Hoy en día son muchos los granjeros urbanos que se esfuerzan cada día por cultivar sus productos orgánicos, cultivar comida justa y revitalizar el suelo urbano. La agricultura urbana no sólo contribuye en mejorar la seguridad alimenticia sino también a la administración ambiental, cultural y educativa de la sociedad.

Pero como les decía, hay beneficios adicionales a la alimentación. Primero, la agricultura urbana ayuda a rellenar espacios que sobran en las ciudades. Los jardines o granjas orgánicas pueden ser construidas en zonas vacías como la parte superior de los edificios, márgenes de ríos o solares desocupados. Espacios que, de no ser aprovechados por esta maravillosa tendencia, serían desaprovechados. Estos jardines pueden utilizar aguas residuales para regar sus cultivos, por lo tanto, también mejorarían el tratamientos de las aguas residuales en la zona. Producen alimentos, puestos de trabajo, y una variedad de beneficios menos cuantificables, muchos de los cuales los mencionamos a continuación:

- Ayuda a unir a las familias y a las comunidades, trabajando hacia un objetivo común que será beneficioso para todos.

- Proporciona enlaces directos a la producción de alimentos.

- Crea un mejor entorno de vida debido al reverdeciendo la ciudad y la hace más productiva.

- Hace que la gente sea más fuerte, dependiendo ellos mismos de su seguridad alimentaria y haciéndolos más independientes y autónomos.

- Crea puestos de trabajo, ingresos y alimentos.

- Ayuda a combatir el hambre.

Beneficios de la agricultura urbana para el medio ambiente:

- “Enverdece” la ciudad

- Ayuda en la gestión de aguas residuales.

- Detiene la erosión y mejora la calidad del suelo.

- Aumenta la distribución de alimentos comprados localmente lo cual reduce la necesidad de transporte y por consiguiente la huella de carbono.

- Facilita la reutilización de residuos para la producción de alimentos.

- Tiene un impacto directo sobre la ecología urbana.

Beneficios de la agricultura urbana para la economía:

- Crea puestos de trabajo y aporta ingresos en espacios que de otro modo serían completamente improductivos.

- Mejora la economía local y evita tener que adquirir productos de territorios lejanos.

- Hace uso de recursos valiosos, como el compost, que de lo contrario se perderían en la ciudad.

 

La agricultura urbana en las ciudades tiene una larga tradición en Asia y Europa. Durante muchos años, esta técnica se ha estado practicando durante muchos años debido a la mala calidad del transporte y a la cercanía de los productos para el consumidor. La agricultura urbana era por aquel entonces una vía de supervivencia, al igual que en la actualidad para muchas personas pobres. Además aporta frescura, variedad y un mayor disfrute estético.

Hoy, después de pasar todo un día en un huerto hermoso, quiero compartir con ustedes para que los reflexionen, algunos datos interesantes de la agricultura urbana

- Hay 200 millones de agricultores urbanos en el mundo que suministran alimentos a 700 millones de personas.

- La agricultura urbana proporciona el 30% del consumo de verduras en Katmandú, el 50% en Karachi y el 85% en Shanghai.

- Un 50% de los hogares urbanos en Asia tienen granja.

- Los animales son importantes también. En Kenia, el 17% de hogares urbanos posee ganado.

- La familia promedio latinoamericana que habita en ciudad pasa de 1 a 1,5 días de trabajo a la semana en su jardín urbano y ahorra entre un 10% y un 30% con sus alimentos.

- Se estima que el 35% del suministro de agua potable se pierde a través de fugas y conexiones ilegales hechas por los agricultores urbanos.

- Las frutas, verduras, carne de cerdo y aves de corral proporcionan entre el 10% y el 40% de las necesidades nutricionales de las familias urbanas en los países en desarrollo.

Y lo más bello… en Ciudad de México, además del Huerto Tlatelolco tenemos el Huerto Roma Verde (ambos en terrenos que quedaron libres tras el derrumbe de edificios en los terremotos de 1985); y dos nuevos en Tepito y Ermita Iztapalapa, dos de las zonas con mayor índice de delincuencia en la ciudad, porque con la agricultura urbana, también se siembra paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si tú también te sientes frustrado al ver el time line de tu Instagram lleno de las aventuras viajeras de influencers, bloggers y hasta de tus amigos. Si estás harto de entrar a Pinterest sólo para hacer tableros de todos esos lugares de ensueño que visitarás “algún día” aún cuando sabes que en tu trabajo la palabra vacaciones parece ser un lujo que pertenece sólo a otros pero nunca a ti, déjame contarte que hoy en día no sólo no eres el único que se siente así, sino que otras personas han logrado encontrar la manera de escapar de vez en cuando a sus obligaciones de vida adulta a partir de algo que antes parecía impensable: mezclar el placer con los negocios.

Pues sí, en mi caso el 90% de mis viajes, que han sido hasta hoy por 12 países del mundo, han sido viajes de trabajo que, con un poco de planeación, se han transformado en viajes de placer también. Hoy, a esta actividad se le conoce como “bleisure”, que es la combinación de las palabras “business” (negocios) y “pleasure” (placer) y es algo cada vez más común y, en el caso de la Generación Z, es más prolongado (incluso más que los Millennials), ya que una estancia de cinco días de trabajo ellos pueden extenderla hasta 3.2 días más por placer, revela el estudio “Una mirada al futuro: cómo las generaciones más jóvenes están configurando el futuro de los viajes”, presentado Expedia Group.

Las estadísticas muestran que, en promedio, 60% de los viajes de negocios se convierten en bleisure, especialmente aquellos que duran dos o más noches, revela otro estudio de la misma agencia llamado “Desempacando el bleisure”.

¿Pero cómo se puede disfrutar mejor del bleisure? De entrada, es una especia de viaje 2X1 que requiere cierta organización como elegir el mejor día para volar, buscar tal vez escalas largas que te dejen visitar destinos de tránsito y otros más pero, vamos por partes.

En primer lugar, si eres tú quien agenda las fechas del viaje, programa que tus actividades laborales sean en lunes o viernes, así podrás aprovechar el fin de semana para ti. No olvides que la prioridad de ese viaje es el trabajo, y en torno a éste debes programar todo lo demás.

Si la parte de placer del viaje es previa a tu reunión de negocios, procura permanecer en la misma ciudad para evitar que, ante un inconveniente como perder un vuelo o retrasarte en el traslado de un lugar a otro, debas llegar tarde o, en el peor de los casos, cancelar tus compromisos de negocios.

Algo muy importante: reserva el primer vuelo de la mañana y el último de la noche con el fin de permanecer el mayor tiempo posible en el destino que te interesa conocer. Además, en muchos casos, estos horarios suelen ser más baratos.

Para hospedarte, selecciona un hotel que reúna las facilidades para trabajar sin sacrificar las comodidades para descansar. Opciones como Airbnb pueden ser más económicas, pero es difícil (aunque no imposible) que tengan ambas características.

Si la reservación la hizo quien te invitó a la junta o evento de trabajo, pregunta en el hotel si tienen alguna tarifa especial para ampliar tu estancia. Así evitarás trasladarte de un lugar a otro y ahorrarás tiempo, además de ganar comodidad.

Recuerda que es común reprogramar o cancelar reuniones de trabajo, por lo que si reservas noches de hotel o vuelos pensando en alargar tu viaje, cuida que se permitan las cancelaciones o los cambios de fechas, y de preferencia sin penalización.

Es fundamental ser muy transparente y ético pues aquí no estamos aconsejando que te aproveches de tu empresa para el placer. Los gastos de tu viaje de placer deberás cargarlo a tu cuenta personal y así, podrás administrar bien tu dinero y separarlo de tus viáticos.

Si te conviene para ganar puntos, paga con una sola tarjeta el avión y/o el hotel, pero asegúrate de “reponer” a la cuenta de negocios el equivalente a la parte de placer.

Ten en cuenta que combinar negocios y placer en un solo viaje requiere equipaje un poco más grande, ya que deberás empacar lo necesario para ambas actividades y una estancia más o menos larga.

Antes de empacar, elabora dos listas de lo que necesitarás para ambas partes del viaje y así reducirás el riesgo de olvidar algo, por ejemplo, una corbata, el maquillaje, unos zapatos cómodos para caminar, el bronceador, etc.

Si los viajes de negocios son comunes en tu empresa, redacta políticas para cuando alguien de tu equipo quiera extender su estancia para aplicar el bleisure (que establezcan reglas como que el viaje no se exceda en los gastos, que no interfiera con los días laborales, en qué caso aplica como días de vacaciones, etc.). Así evitarás cualquier tipo de conflicto.

Si compras un seguro de viaje para tu empresa, asegúrate que cubra también la parte de placer con el fin de no llevarte una sorpresa si llegas a requerirlo.

Y lo más importante para que realmente seas un maestro del bleisure: cuando termine la parte de negocios y empiece la de placer, desconéctate del trabajo y disfruta del descanso. De nada sirve estar mandando correos frente a un bello paisaje o tomando llamadas a la hora de disfrutar una comida durante el tiempo que, se supone, es de placer.

Si no tienes oportunidad de contar con tiempo libre suficiente para desconectarte del trabajo, es mejor que, por esa ocasión, no extiendas tu viaje. Ya tendrás oportunidad de viajar más tranquilo.

Si quieres que esos dos o tres días que extenderás tu viaje realmente se transformen en algo placentero, planea tus actividades, levántate temprano y trata de disfrutar al máximo tu estancia en ese destino. Programa actividades que no requieran mucho tiempo o traslados muy largos. Disfruta tu tiempo al máximo; levántate temprano para que rinda más el día y planea tus actividades con anticipación.

En algunos destinos (como aquellos que reciben muchas convenciones durante el año), el bleisure es algo muy común, por lo que hay hoteles, agencias o compañías que ofrecen paquetes que conjuntan negocios y placer. Revisa si en el lugar al que llegas existe esa opción, ya que puede resultarte más económico y obtener beneficios como traslados gratis o descuentos en las entradas para algún evento.

Si definitivamente tienes muy poco tiempo, aprovecha actividades como correr o rentar una bicicleta para recorrer la ciudad. Si los horarios te acomodan, aprovecha servicios como el “turibús” que te darán un paseo rápido por puntos de interés de la ciudad en la que te encuentras.

No olvides tener en tu teléfono todas las aplicaciones necesarias para tu viaje, como la de la aerolínea para ver posibles cambios de itinerario, la de tu hotel para aprovechar beneficios, la de mapas para no perderte, la de la reservación de restaurantes, la del Uber, la de tu banco para cualquier inconveniente, etc.

Y no lo olvides, en tiempos donde el trabajo puede ser realmente una adicción, el bleisure puede ser tu boleto al paraíso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 17 Febrero 2019 05:36

Detengamos el desperdicio de comida

¿Sabías que en México más de 28 millones de personas padecen hambre? En contraste, sabemos que 31 millones de toneladas de alimentos son arrojadas a la basura. Lo mismo comida en mal estado que se ha quedado olvidada en el fondo de una alacena o refrigerador, que comida que sirve pero que nadie ha querido solo por cosas tan banales como su aspecto.

¿Cuántas veces hemos ido al súper mercado sin una lista o sin idea alguna de lo que haremos con todo eso que como autómatas echamos en el carrito? A veces pareciera que tener el refrigerador o la despensa repletos nos brinda un estatus y una sensación de superioridad y poder adictiva.

El consumismo parece desbordarnos y cada semana llegamos a una caja registradora empujando un carrito lleno de alimentos que terminamos despediciando.

Lo cierto es que México, Argentina y Brasil son los tres países líderes de Latinoamérica en el desperdicio de alimentos según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Y tal vez tú pienses que tú no eres parte de este problema porque viajas o comes en la calle así que nunca hay comida en tu alacena o refrigerador pero… ¿te has preguntado cómo manejan la comida en los restaurantes a los que acudes?

Lo cierto es que el 6% de toda la comida que se desperdicia en el mundo proviene de países en América Latina y el Caribe, lo que equivale a 348 mil toneladas de alimentos al día y 127 millones de toneladas al año. Y ese problema es mucho más grave en los restaurantes que en tu propia casa.

47 millones de personas en nuestra región pasan hambre, según el estudio Pérdidas y desperdicios de Alimentos en América Latina y El Caribe. Lo terrible es que de esa cifra, 28 millones habitan sólo en México. Mientras a nivel regional perdemos 15% de los alimentos disponibles para consumo humano, en nuestro país se desperdicia la vergonzosa cifra de 37 por ciento

Además de lo horrible que eso suena en términos sociales y de desigualdad económica, producir alimentos que luego serán desperdiciados genera también un gran impacto ambiental pues al descomponerse, la comida emana metano, uno de los gases más dañinos para la atmósfera y que incrementa el calentamiento global. Así que, a la huella ambiental de su producción y distribución, se le suma la huella de su desperdicio y descomposición.

Sólo con los alimentos que se desperdician en supermercados, mercados callejeros y otros puntos de venta al menudeo en Latinoamérica podrían ser alimentadas 30 millones de personas.

En nuestro país hay productos que se desperdician más que otros, como la guayaba. 57.7% de la producción es desperdiciada. El mango tienen un margen de desperdicio de 54.5%, le siguen el pescado con 54%, el aguacate con 53.9 y el plátano 53.7 por ciento.

¿Por qué se desperdicia tanto? Puede ser por un mal manejo de los alimentos durante la cadena de producción y distribución, pero sobre todo por una falta de conciencia en los consumidores. Olvidamos revisar fechas de caducidad y llenamos de alimentos la despensa como si el tiempo no fuera a pasar jamás, compramos en exceso o por impulso y peor aún, elegimos sólo las frutas y verduras bonitas.

Pero si no nos ponemos a cuestionar los hábitos en nuestra propia casa, ¡menos en restaurantes! Resulta que ellos desperdician, y mucho, pues los estándares de calidad de los mejor posicionados los obliga a comprar de más, con más frecuencia y a servir sólo lo que está impecable, además de que están atados a un menú por largas temporadas por lo que no pueden solo ponerse creativos para cocinar con las sobras porque ¿les parecería una campaña atractiva llegar a un restaurante donde sabes que te están vendiendo las sobras?

Pues resulta que sí, otra vez somos los consumidores los responsables porque si en casa de nuestras abuelas podíamos hacer comidas familiares enteras con sobras o beber agua de mil frutas que estaban a punto de pasarse y todo eso se transformaba en fiesta, ¿por qué un restaurante no podría hacerlo?

Bueno pues el problema es que no hay tampoco indicadores que le permitan al consumidor conocer los hábitos de los restaurantes en el manejo y desperdicio de alimentos. Muy pocos transparentan su política de sustentabilidad pero existen soluciones, como la aplicación Olio, y otras que funcionan muy bien en Europa para que los restaurantes donen la comida que no utilizan, o en México, Francia y Canadá, existe La Tablée des Chefs, asociación sin fines de lucro que se dedica a rescatar comida de los restaurantes y panaderías, además de capacitar a los estudiantes de gastronomía para que tomen conciencia de la magnitud del problema del desperdicio de comida.

Ahora sólo nos falta a los consumidores, tomar las riendas de esta batalla. Sin importar si estamos en el mercado del barrio, el súper o el restaurante de lujo. Nosotros tenemos el poder y debemos consumir de manera responsable. Tenemos el derecho a preguntar sobre cómo manejan los recursos los lugares donde compramos y donde comemos, cuando estamos en casa y cuando viajamos ¿no creen?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 03 Febrero 2019 05:29

El clima y tus viajes

El cambio climático está modificando las costumbres viajeras y turísticas. En los últimos cinco años no se había visto la cantidad de nevadas que hoy hay en Europa en febrero. Mis amigos me han enviado fotografías de nevadas impresionantes lo mismo en los Alpes, lo cual es hasta cierto punto “normal”, que en el corazón de ciudades no muy familiarizadas con la nieve constante como París o Bruselas. Y es que la nieve es una maravilla si te sorprende una mañana al abrir tu ventana con un manto blanco y dura un par de días pero… ¿dos semanas seguidas?

Por supuesto en décadas Estados Unidos no había pasado por momentos tan fríos como los que se vivieron en ciudades como Chicago donde se llegaron a sentir temperaturas hasta de -23° centígrados. Una amiga mía estaba en Philadelphia y envió la captura de pantalla de la app del clima desde su móvil: -11° centígrados pero con una sensación térmica de ¡ -19°! Sin duda, un clima de tundra que muchas personas no hemos sentido jamás en la vida.

¿Cómo afectan estos cambios drásticos, derivados del cambio climático, a la industria turística? Bueno, sin duda alguna las afectaciones son bastantes. Por ejemplo, hubo muchísimos vuelos cancelados o desviados, lo que representa no sólo millones de dólares en pérdidas para las compañías aéreas y para los mismos viajeros que pierden noches de hotel reservadas o tours previamente pagados, también representa mucha más contaminación por los cambios en rutas aéreas intempestivamente.

Por otro lado, los veranos tampoco son lo mismo que antes y otra vez, el ejemplo es Europa porque antes no se veían las olas de calor de más de 40° centígrados y por tanto muchos lugares en ciudades como París o Berlín no cuentan con aire acondicionado. Adaptar los viejos hoteles y restaurantes a las nuevas necesidades metereológicas también representa mucho dinero en inversiones.

Por otro lado, antes los viajeros de lugares como Alemania o Noruega viajaban hacia el sur de Europa, como España, Portugal o Italia para buscar sol pero ahora en sus veranos ya no parece hacerles tanta falta. ¿De qué vivirán entonces estos países sureños si los flujos de turismo cambian?

Lo cierto es que el clima está cambiando y cada vez es más impredecible. En México tenemos en pleno febrero temperaturas primaverales y muy pocos días de frío, mientras que en el verano las lluvias nos tienen asolados. Si no frenamos la contaminación, y si no se hace nada pronto, va a ser demasiado tarde para tomar medidas para desacelerar el calentamiento global, porque va a llegar a tal grado el calentamiento que ya no va a haber punto de retorno y esto va a pasar en las próximas décadas. Se dice que en este siglo la temperatura global de la Tierra va a aumentar de 1 a 6 grados, quizás no parece nada pero los cambios drásticos ya están aquí, a la vuelta de la esquina.

Lo cierto es que hoy Estados Unidos se está congelando literalmente y Australia se está quemando, también literalmente. La ola de frío que experimenta América del Norte al este de las montañas rocosas, con temperaturas similares al Ártico, es real, pero  es solo una parte de esta historia.

Del otro lado del mundo hoy se viven temperaturas cálidas récord desde Australia y hasta el Ártico. ¿Qué tiene que ver el llamado vórtice polar con el calentamiento global?

En cualquier planeta que gire habrá un efecto llamado “vientos dominantes”. A medida que la atmósfera circula alrededor del mundo, el planeta Tierra experimenta típicamente tres tipos distintos de vientos, normalmente confinados a tres zonas diferentes de latitud. De 0° a 30° se dan los vientos alisios que soplan de este a oeste y convergen en el ecuador.

30° a 60° están los vientos del oeste que soplan de oeste a este y se levan hasta el círculo Ártico (o hacia abajo, a la Antártida. Y de 60° a 90° están las células polares que normalmente se limitan a las regiones de latitud más alta en la Tierra. Nuestro planeta tiene una diferencia de temperatura extremadamente grande entre el ecuador y los polos. Esta diferencia es más pequeña en el verano cuando las áreas polares experimentan casi 24 horas de luz solar continua. Gracias a estas severas diferencias , existe una zona persistente de gran escala y baja presión que gira en forma de ciclón en cada polo, de oeste a este, es decir, en el sentido de las manecillas del reloj en el polo sur y en sentido contrario en el polo norte).

Estas dos zonas se conocen como vórtices polares, y cada una de ellas comienza a pocas millas de la atmósfera y se extiende a la estratósfera. Debajo de ellos normalmente hay una gran masa de aire frío y denso rodeando a los polos. Normalmente estos vórtices son estables pues las diferencias de temperatura y presión eran lo suficientemente fuertes como para mantenerlos en su lugar durante todo el año pero cuando los vórtices se debilitan pueden dividirse y migrar hacia fuera de los polos. Cuando ya están extremadamente débiles pueden fragmentarse y una parte del aire de baja presión y baja temperatura comienza a interactuar con el aire de mayor presión y mayor temperatura desde fuera de las regiones polares.

El fenómeno que esta semana ha causado que el vórtice polar se desplace hacia el sur se conoce como calentamiento estratosférico repentino, es decir cuando las capas superiores de la atmósfera aumentan su temperatura en un lapso muy rápido de tiempo.

Así que por raro que te suene, Chicago se está congelando porque la tierra se está calentando y esto pasa gracias a nuestros autos, a las emisiones de carbono que hacen las industrias, y hasta al hecho de que no usemos la energía eficientemente.

La nueva “normalidad” parece ser que Estados Unidos se congele en pleno febrero, Europa reciba más nieve que en los últimos 5 años en unas cuantas semanas y que el ártico no pueda permanecer frío en pleno invierno. ¿Queremos seguir fingiendo que el cambio climático es un mito?

 

Nelson Mandela decía, y con justa razón, que la educación es el arma más poderosa del mundo. Puede ser el motor para reencausar el camino que se ha perdido. El 26 de enero es el día internacional de la educación ambiental, cifrada históricamente en 1975, contextualizada en el seminario que se celebró en Belgrado. En ese lugar se establecieron los principios de la educación ambiental en el marco del programa de Naciones Unidas, bajo la denominada Carta de Belgrado.

¿Cuándo fue que olvidamos que la educación era importante también en el tema ambiental? Porque este mundo parece estar castigado en el tema medioambiental, como ese espacio que parece pertenecer a todos, pero que cuidan unos pocos. Merece ser una materia en nuestros centros educativos pero también en nuestra casa, en la comunidad y hasta en nuestros viajes. Y es que el desarrollo sostenible no es una premisa del pasado, es una exigencia del presente y un compromiso con el futuro que tenemos en un planeta que debe ser preservado, y debe ser reservado de todo tipo de daños a su hábitat más preciado.

Cuando hablamos de las asignaturas del futuro una de ellas tiene que ver con ese escenario en el que vamos a convivir muchos miles de personas. Y el medio ambiente no es un compartimento estanco que no afecta a los que lo respetan el medio ambiente, sino a los que influyen en los malos usos. Y este concepto no debiera ser un hecho controvertido ideológicamente, si no que debiera ser el mayor de los consensos. El planeta deber cuidarse porque es el hábitat de nuestra vida saludable. Resulta duro observar la deforestación en muchas partes del planeta, al ver como la vegetación ha ido desapareciendo ante el vertiginoso empuje de los humanos en su afán de rellenar y ocuparlo todo. Sin tener en cuenta en muchos casos esas fuentes naturales como es el suelo, los ríos, los asentamientos de animales. Todo un conjunto de escenario y paisaje natural que procura darnos la convivencia necesaria.

Por esto es importante la preservación de nuestra naturaleza y que esa educación ambiental no sea la oportunidad de una moda, sino la convicción de que en este Planeta o lo cuidamos entre todos o nos abandonará a nuestra suerte, que no siempre es la mejor de las suertes. Lo comprobamos en las grandes ciudades y en aquellos países en los que la polución ha hecho mella en su salud y en el bienestar colectivo. De hecho, hay determinadas patologías asociadas a esta situación de emergencia en relación a nuestro medio ambiente.

Pero es muy difícil amar, respetar y cuidar algo que no se conoce. A últimas fechas yo me he dedicado al turismo con un enfoque restaurativo, educativo y de impacto social. Con tristeza suelo ver que la mayoría de los prestadores de servicios turísticos, lo mismo un joven que conduce una  trajinera en Tláhuac, que un lanchero en la Rivera Maya o un guía de turistas en Ciudad de México, no toman conciencia del papel que como influencia e inspiración podríamos tener si al momento de mostrar las bellezas de nuestro país también nos comprometiéramos con el diseño de experiencias de viaje que logren hacer conciencia y contribuir un poco a la educación ambiental. Y es que los viajes ilustran y educan ¿o no? Y no sólo si te vuelves un visitante de museos y bibliotecas alrededor del mundo vas a aprender cuando viajas. En cada experiencia, en el aprecio que puedas sentir por las bellezas y el respeto que te inspire el entorno, encontrarás una oportunidad para mejorar tu educación ambiental.

La celebración de este día mundial de la educación ambiental debe servir para ir generando una opinión crítica y proactiva en favor de gestos, actitudes y regulaciones que protejan el escenario medioambiental como la casa común de todos las generaciones presentes y futuras.

Se trata, sin duda, de una lección de vida, de la capacidad del ser humano de respetar el hábitat donde nace, vive y se desarrolla en la armonía de un espacio que no pertenece a uno mismo, sino al equilibro de la propia naturaleza. Que es uno de los enclaves que humaniza e identifica al ser humano en su capacidad de proteger aquello que le va a dar la perdurabilidad de su existencia. O ustedes ¿qué opinan?

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 20 Enero 2019 05:32

El #10yearchallenge viajero

Durante la semana que hoy concluye fuimos testigos de cómo las redes sociales se llenaron de imágenes que comparaban cómo se veían las personas en 2009 y cómo lucen ahora que estamos casi por concluir el primer mes del 2019. Obviamente yo no me quería quedar atrás y me puse a buscar alguna fotografía. Entonces caí en cuenta de que a principios de 2009 todavía no tenía cuenta en Facebook ni usaba un teléfono inteligente para registrar cada comida, cada viaje, cada momento.

Esto me motivó a reflexionar sobre cómo también ha cambiado la manera en la que viajamos en los últimos 10 años.

En septiembre de 2008, cuando mi hijo Diego no había cumplido siquiera 1 año, recibí una beca para asistir a un seminario de periodismo en la ciudad de Montevideo, en Uruguay. De ese viaje tengo muchos momentos gratos para recordar. Conocí a muchos colegas de todo el continente, recorrí una hermosa ciudad en clima lluvioso, visité su famosa rambla y caminé por ahí, también entré al estadio de fútbol más antiguo del mundo, bebí y comí en el mercado del Puerto, donde solían ir Mario Benedetti y Eduardo Galeano pero no tengo una sola fotografía de ese viaje. Recuerdo haber llevado una cámara digital muy básica, misma que años después tuve que vender en una de mis muchas crisis económicas. ¿Dónde descargué esas fotos? Uy pues creo que todavía existía Hi5 y tal vez ahí hayan quedado arrumbados, perdidos en el mundo digital mis memorias viajeras.

Al año siguiente, en 2009, me compré mi primer teléfono con cámara. Las fotos que aún tengo de ese tiempo son horribles. Pixeleadas, sin primeros planos. Simplemente un desastre. En diciembre de 2009 fui de vacaciones familiares a Veracruz y las fotos que encontré las tomé con la misma cámara digital básica que un año antes me acompañó a Uruguay.

A pesar de esto, recuerdo casi cada detalle de esos viajes y , si bien lamento no tener fotografías, lo cierto es que atesoro los momentos en mi memoria como tal vez hoy no lo hago.

Hoy tenemos tantos dispositivos a nuestro alcance que es difícil decidir con cuál tomar la foto, aunque la mayoría de las veces terminamos simplemente sacando nuestro smartphone y haciendo click para de inmediato compartir el momento con el mundo.

Cuando Instagram apareció en mi vida era casi 2012 y eso fue porque ya tenía una blackberry, que aunque tomaba unas fotos horribles, me permitía compartirlas casi de inmediato. Poco después tuve un ipod touch y eso mejoró mi experiencia y aumentó la cantidad de fotos que posteaba. Así llegó mi primer viaje a París y mis primeros experimentos de galería viajera. Lo cierto es que ahora veo esas fotos y realmente podrían ser en cualquier lugar y no necesariamente son un registro de los lugares emblemáticos de París, sino de los momentos emblemáticos que yo viví en aquel viaje.

Así cambió la fotografía de viajes. Ya no se trataba de registrar una visita en un lugar obligado, sino de poner a la vista de todos tu propia mirada, tu sello personal, tu manera de vincularte con el destino que estabas visitando.

De 2012 a la  fecha han pasado 7 años y muchos viajes. Hoy en mi galería de Instagram tengo fotos de Ámsterdam, Río de Janeiro, Madrid, Paris, y por supuesto, de muchos hermosos rincones de México. Hoy abundan los selfies, los filtros y las aplicaciones. Tengo fotos que me recuerdan hasta la temperatura que hacía una fría mañana en la que miraba el río Sena desde la ventana de mi hotel en 2014 y sin embargo, creo que tengo menos recuerdos de los detalles.

Una década. Muchos avances tecnológicos, nuevas formas de relacionarnos con el mundo y al parecer, la gente viaja mucho más que antes, o al menos, lo comparte más pero ¿qué ha pasado con nuestra memoria en estos últimos 10 años? Una reflexión que les dejo sobre la mesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 13 Enero 2019 05:42

Viaja verde

Hemos escuchado mucho durante los últimos días de la escasez de combustible para transportarnos de un lugar a otro y, como viajeros seguro más de uno se ha preguntado sobre ¿cómo se puede seguir viajando sin contribuir a este problema? La sociedad mexicana tiene una altísima dependencia de los combustibles fósiles y en una crisis de este tipo lo recomendable es tratar de usar vehículos lo menos posible y entonces… ¿qué hacemos los viajeros? ¿nos despedimos de todas las aventuras que soñamos?

No podemos negarlo, viajar hoy en día forma parte de un estilo de vida aspiracional para muchos millenials. Sí, somos parte de una generación de la selfie en los destinos más extraordinarios una postal del éxito que no supieron retratar generaciones anteriores; como los baby boomers, más preocupados por permanecer y escalar dentro de su trabajo que por conocer el mundo. Hoy, decir que se padece el síndrome de Wanderlust no es enunciar una rara enfermedad nueva sino proclamar que uno tiene el deseo irrefrenable de recorrer el globo. La llegada de las aerolíneas low cost al mercado promueve esa avidez por trasladarse. Pero, ¿cómo repercute esta avalancha de viajes en el cambio climático global? ¿cómo podemos viajar pero al mismo tiempo mitigar nuestro impacto ambiental y nuestro consumo de combustibles fósiles?

Al viajar, como en muchas otras actividades, los seres humanos generamos emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas con efecto invernadero responsable del calentamiento global. A la contabilidad de esas emisiones se le llama "Huella de Carbono" y conocerla contribuye a que viajeros, compañías aéreas y hoteles, entre otros, puedan tomar acciones directas para mitigar el impacto ambiental que tienen sus movimientos por el planeta.

El primer paso es transformarnos en viajeros conscientes. En la web se pueden encontrar diferentes calculadoras de CO2, cada una de ellas diseñada según los parámetros y criterios de sus propios países y organizaciones. Los resultados obtenidos permiten individualizar el foco de emisiones para actuar sobre ellas e identificar las posibilidades de reducción.

Tal es el caso de la calculadora de carbono de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que sirve como fuente de información al principal sistema internacional de reservas y emisiones de tickets aéreos, Amadeus. Con esta data, ellos proveen a sus plataformas de distribución de una estimación de las emisiones de CO2 por pasajero y vuelo. Así, los clientes tienen la posibilidad de comparar los efectos ambientales de distintos itinerarios al momento de planificar un viaje o de hacer una reserva.

Muchas de estas calculadoras traducen la información dura de forma figurativa para generar más conciencia ambiental, comunicando por ejemplo cuántos árboles se talaron al realizar un vuelo.

Así, si bien no podemos tener una huella cero porque para ello deberíamos ser ermitaños en una montaña, naturalistas, zero waste y andar desnudos por el bosque, lo cierto es que sí podemos hacer el cálculo del impacto de nuestras decisiones al planear nuestros viajes.

A grandes rasgos y sin necesidad de muchos cálculos, hay que saber que los viajes en avión son los que más CO2 emiten por persona. Sin embargo, si uno tiene que volar sí o sí, hay elecciones más sustentables a considerar: optar por compañías aéreas que utilizan biocombustible renovable, volar de día y hacerlo sin escalas, dado que el despegue y aterrizaje son los momentos en los cuáles el avión consume más combustible.

En el ranking de los medios de transporte más contaminantes siguen las travesías en crucero, ya que si bien se ahorra en quema de combustible el consumo energético a bordo es muy alto. El barco tradicional es una buena alternativa, pero por cuestiones de tiempo en tránsito la mejor opción es el tren. Así que sí, en México una buena política sería recuperar el sistema ferroviario para facilitar el traslado de personas y productos a lo largo y ancho del país. Trenes eléctricos, por supuesto, no de carbón.

Ahora, si viajamos en carretera y ahora en tiempos de escasez de gasolina, lo ideal es hacerlo en transporte público o en auto compartido, puedes utilizar Blablacar y además de conocer gente nueva, verás que todo te sale mucho más barato. También existen compañías de alquiler de vehículos eléctricos o híbridos eficientes en combustible, que informan en su web de la emisión de CO2 por kilómetros cuadrado de cada modelo. Una vez en camino, todas las medidas que se puedan tomar para ahorrar combustible son útiles; entre ellas, planificar bien la ruta y evitar sobre todo el uso del aire acondicionado.

Al llegar a destino lo recomendable es alojarse en hoteles ecoeficientes certificados por algunas de las organizaciones reconocidas por el Consejo Global de Turismo Sostenible (GSTC), como Rainforest. Evitar todas esas pequeñas cosas que le generan un consumo energético extra al hospedaje, desde prescindir del cambio de toallas diario hasta apagar las luces de la habitación al salir, también contribuye a la reducción de emisiones.

A la hora de hacer excursiones conviene moverse a pie o en bicicleta y consumir productos locales, que tienen una huella de carbono menor al no haber sufrido grandes traslados. Por último, cuanto menor volumen de desperdicios uno genere, mejor.

Otra alternativa es compensar la huella de carbono que dejamos cuando viajamos, teniendo un estilo de vida minimalista y de consumo responsable cuando estamos en nuestra ciudad. Esto significa consumir sólo lo necesario, dejar de usar el auto para trayectos cortos o si es posible, mudarnos cerca de nuestro trabajo para hacer nuestros trayectos caminando o en bicicleta, consumir productos locales y sustentables y sobre todo, reducir los empaques de lo que compramos para no generar más basura.

La compensación es un modo práctico de evitar que el problema del cambio climático se acentúe en el mediano plazo, pero la solución de fondo pasa por la reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero en cada etapa del viaje.

Así que ahora ya lo sabes, viajar es un estilo de vida pero lo ideal es que incluya también la responsabilidad ambiental y el consumo responsable no sólo ahora que sufrimos porque no hay gasolina, sino siempre porque el planeta ya no tiene mucho tiempo para que seamos irresponsables al momento de decidir.

 

 

 

 

 

 

Domingo, 06 Enero 2019 05:19

¿Puede la comida construir la paz?

Tras la firma de los acuerdos de paz en Colombia una de las principales prioridades es la reconstrucción del tejido social, lograr generar confianza entre antiguas víctimas y victimarios es uno de los retos más desafiantes para quienes se han ‘echado al hombro’ la construcción de paz duradera.

Y a las distintas instancias que están promoviendo la construcción de paz en aquellas tierras se les ocurrió que una herramienta útil para entablar diálogos y procesos de reconciliación en los territorios que más sufrieron las consecuencias del conflicto armado era justo una que ha unido seres humanos desde el principio de los tiempos: un plato de comida.

Fue así como el año que recién terminó, desde la Corporación Centro de Interés Público y Justicia se emprendió un proyecto en cual se pretende empezar a reconstruir esos lazos a través de la comida y su memoria histórica.

El nombre de esta iniciativa es Recetario Gastronómico de la Memoria y se trata de un proyecto que brinda un espacio de encuentro a los actores que vivieron el conflicto que azotó a Colombia en el cual a  través del dialogo se busca reconstruir las relaciones sociales que se perdieron por el trajín de la guerra.

La idea nació a partir de la importancia que tiene la comida en la sociedad, y es que siempre que uno tiene un invitado o celebra una fiesta juega un papel fundamental. Además nadie se sienta a comer con otro para enojarse, así que sabiendo que la comida tiene el poder de generar lazos emocionales, conexiones con nuestra memoria y nuestra infancia, además de fortalecer nuestro arraigo con la tierra y la naturaleza, diseñaron esta iniciativa para acercar a los grupos poblacionales que, durante el conflicto armado, fueron enemigos viviendo en el mismo territorio, a través de la gastronomía.

El municipio de Planadas fue el escogido para iniciar el proyecto dado sus antecedentes de conflicto armado, concretamente el poblado de Tolimá donde además se ha venido trabajando con el resguardo indígena Paez-Nasa del corregimiento de Gaitania, los excombatientes del espacio territorial de la vereda El Oso, militares del batallón 18 y campesinos de la región.

Cada uno de los miembros de estos grupos poblacionales tienen muchas cosas que contar a partir de lo que comían en cada periodo de la guerra, lo que están haciendo con este proyecto es tratar de recuperar esos ejercicios gastronómicos y ponerlos sobre la mesa para generar espacios de diálogos que ayuden a reconstruir tejido social.

Y es que se ha comprobado que si hay un momento en el que estas personas han podido hablar abiertamente y sin temor ha sido alrededor de una mesa, mientras se preparan los platillos.

¿Qué hace falta cuando se quiere arreglar un conflicto? Diálogo y ¿en qué momento es cuando las personas conversan de manera más fluida y conectan mejor? Alrededor de una mesa

Estas conversaciones sostenidas durante los diversos talleres de gastronomía territorial, les ha permitido entender que los unen las mismas raíces, que el territorio representa vida, unión, alimento, fauna y flora que se transforman en cultural. Saber que la guerra les impedía disfrutar al máximo del placer de la comida, les permite reconocerse como víctimas y también como victimarios del conflicto, por haber permitido que la guerra durara tantos años. Les permite, mirar su papel en el conflicto en su justa dimensión.

Usar ingredientes locales que generan arraigos y lazos, evoca a su vez lo más positivo del territorio

Un soldado del Batallón 18 dijo en un programa de radio que yo escuché y, gracias al cual conocí de este proyecto, que un solo plato de comida podía lograr lo que no se logró con años de guerra: hacerles ver que todos tenemos una familia, alguien que nos espera para compartir la mesa. Que todos somos personas y que todos sufrimos de igual manera con los conflictos armados, que en realidad son un gran negocio que beneficia a unos cuantos y que no son los que están en el campo de batalla.

Me conmovió mucho escuchar las anécdotas de cuatro personas que participaron en estos talleres gastronómicos, cada una representando a un grupo social distinto del mismo territorio. Una mujer indígena, un campesino, un soldado profesional y una mujer guerrillera. Al final, lo que escuchaba a través de mi computadora, no era más que las voces unidas de cuatro seres humanos que hoy se ponen a trabajar juntos, que se arremangan la camisa para picar la yuca, el patacón y la cebolla, y que dialogan, se ríen, recuerdan, lloran y se congratulan por estar vivos para contar todo esto tras haber dejado atrás la dolorosa experiencia de la guerra.

Hoy saben que pueden volver a pensar en el otro, sanar las heridas y tejer con el otro y el centro de todo es la alimentación porque permite reconocer el arraigo territorial, el nivel de violencia, de reconciliación y de resiliencia de las comunidades y hacer una cartografía social para identificar los estigmas que uno tenía sobre los otros y viceversa. En el pasado, habría sido imposible ver a esta gente sentada en una misma mesa. Ellos estaban acostumbrados a escuchar el plomo pero hoy quieren vivir en paz, alrededor de la misma olla, que representa a todo un país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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