Elizabeth Palacios

Elizabeth Palacios

Domingo, 20 Enero 2019 05:32

El #10yearchallenge viajero

Durante la semana que hoy concluye fuimos testigos de cómo las redes sociales se llenaron de imágenes que comparaban cómo se veían las personas en 2009 y cómo lucen ahora que estamos casi por concluir el primer mes del 2019. Obviamente yo no me quería quedar atrás y me puse a buscar alguna fotografía. Entonces caí en cuenta de que a principios de 2009 todavía no tenía cuenta en Facebook ni usaba un teléfono inteligente para registrar cada comida, cada viaje, cada momento.

Esto me motivó a reflexionar sobre cómo también ha cambiado la manera en la que viajamos en los últimos 10 años.

En septiembre de 2008, cuando mi hijo Diego no había cumplido siquiera 1 año, recibí una beca para asistir a un seminario de periodismo en la ciudad de Montevideo, en Uruguay. De ese viaje tengo muchos momentos gratos para recordar. Conocí a muchos colegas de todo el continente, recorrí una hermosa ciudad en clima lluvioso, visité su famosa rambla y caminé por ahí, también entré al estadio de fútbol más antiguo del mundo, bebí y comí en el mercado del Puerto, donde solían ir Mario Benedetti y Eduardo Galeano pero no tengo una sola fotografía de ese viaje. Recuerdo haber llevado una cámara digital muy básica, misma que años después tuve que vender en una de mis muchas crisis económicas. ¿Dónde descargué esas fotos? Uy pues creo que todavía existía Hi5 y tal vez ahí hayan quedado arrumbados, perdidos en el mundo digital mis memorias viajeras.

Al año siguiente, en 2009, me compré mi primer teléfono con cámara. Las fotos que aún tengo de ese tiempo son horribles. Pixeleadas, sin primeros planos. Simplemente un desastre. En diciembre de 2009 fui de vacaciones familiares a Veracruz y las fotos que encontré las tomé con la misma cámara digital básica que un año antes me acompañó a Uruguay.

A pesar de esto, recuerdo casi cada detalle de esos viajes y , si bien lamento no tener fotografías, lo cierto es que atesoro los momentos en mi memoria como tal vez hoy no lo hago.

Hoy tenemos tantos dispositivos a nuestro alcance que es difícil decidir con cuál tomar la foto, aunque la mayoría de las veces terminamos simplemente sacando nuestro smartphone y haciendo click para de inmediato compartir el momento con el mundo.

Cuando Instagram apareció en mi vida era casi 2012 y eso fue porque ya tenía una blackberry, que aunque tomaba unas fotos horribles, me permitía compartirlas casi de inmediato. Poco después tuve un ipod touch y eso mejoró mi experiencia y aumentó la cantidad de fotos que posteaba. Así llegó mi primer viaje a París y mis primeros experimentos de galería viajera. Lo cierto es que ahora veo esas fotos y realmente podrían ser en cualquier lugar y no necesariamente son un registro de los lugares emblemáticos de París, sino de los momentos emblemáticos que yo viví en aquel viaje.

Así cambió la fotografía de viajes. Ya no se trataba de registrar una visita en un lugar obligado, sino de poner a la vista de todos tu propia mirada, tu sello personal, tu manera de vincularte con el destino que estabas visitando.

De 2012 a la  fecha han pasado 7 años y muchos viajes. Hoy en mi galería de Instagram tengo fotos de Ámsterdam, Río de Janeiro, Madrid, Paris, y por supuesto, de muchos hermosos rincones de México. Hoy abundan los selfies, los filtros y las aplicaciones. Tengo fotos que me recuerdan hasta la temperatura que hacía una fría mañana en la que miraba el río Sena desde la ventana de mi hotel en 2014 y sin embargo, creo que tengo menos recuerdos de los detalles.

Una década. Muchos avances tecnológicos, nuevas formas de relacionarnos con el mundo y al parecer, la gente viaja mucho más que antes, o al menos, lo comparte más pero ¿qué ha pasado con nuestra memoria en estos últimos 10 años? Una reflexión que les dejo sobre la mesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 13 Enero 2019 05:42

Viaja verde

Hemos escuchado mucho durante los últimos días de la escasez de combustible para transportarnos de un lugar a otro y, como viajeros seguro más de uno se ha preguntado sobre ¿cómo se puede seguir viajando sin contribuir a este problema? La sociedad mexicana tiene una altísima dependencia de los combustibles fósiles y en una crisis de este tipo lo recomendable es tratar de usar vehículos lo menos posible y entonces… ¿qué hacemos los viajeros? ¿nos despedimos de todas las aventuras que soñamos?

No podemos negarlo, viajar hoy en día forma parte de un estilo de vida aspiracional para muchos millenials. Sí, somos parte de una generación de la selfie en los destinos más extraordinarios una postal del éxito que no supieron retratar generaciones anteriores; como los baby boomers, más preocupados por permanecer y escalar dentro de su trabajo que por conocer el mundo. Hoy, decir que se padece el síndrome de Wanderlust no es enunciar una rara enfermedad nueva sino proclamar que uno tiene el deseo irrefrenable de recorrer el globo. La llegada de las aerolíneas low cost al mercado promueve esa avidez por trasladarse. Pero, ¿cómo repercute esta avalancha de viajes en el cambio climático global? ¿cómo podemos viajar pero al mismo tiempo mitigar nuestro impacto ambiental y nuestro consumo de combustibles fósiles?

Al viajar, como en muchas otras actividades, los seres humanos generamos emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas con efecto invernadero responsable del calentamiento global. A la contabilidad de esas emisiones se le llama "Huella de Carbono" y conocerla contribuye a que viajeros, compañías aéreas y hoteles, entre otros, puedan tomar acciones directas para mitigar el impacto ambiental que tienen sus movimientos por el planeta.

El primer paso es transformarnos en viajeros conscientes. En la web se pueden encontrar diferentes calculadoras de CO2, cada una de ellas diseñada según los parámetros y criterios de sus propios países y organizaciones. Los resultados obtenidos permiten individualizar el foco de emisiones para actuar sobre ellas e identificar las posibilidades de reducción.

Tal es el caso de la calculadora de carbono de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que sirve como fuente de información al principal sistema internacional de reservas y emisiones de tickets aéreos, Amadeus. Con esta data, ellos proveen a sus plataformas de distribución de una estimación de las emisiones de CO2 por pasajero y vuelo. Así, los clientes tienen la posibilidad de comparar los efectos ambientales de distintos itinerarios al momento de planificar un viaje o de hacer una reserva.

Muchas de estas calculadoras traducen la información dura de forma figurativa para generar más conciencia ambiental, comunicando por ejemplo cuántos árboles se talaron al realizar un vuelo.

Así, si bien no podemos tener una huella cero porque para ello deberíamos ser ermitaños en una montaña, naturalistas, zero waste y andar desnudos por el bosque, lo cierto es que sí podemos hacer el cálculo del impacto de nuestras decisiones al planear nuestros viajes.

A grandes rasgos y sin necesidad de muchos cálculos, hay que saber que los viajes en avión son los que más CO2 emiten por persona. Sin embargo, si uno tiene que volar sí o sí, hay elecciones más sustentables a considerar: optar por compañías aéreas que utilizan biocombustible renovable, volar de día y hacerlo sin escalas, dado que el despegue y aterrizaje son los momentos en los cuáles el avión consume más combustible.

En el ranking de los medios de transporte más contaminantes siguen las travesías en crucero, ya que si bien se ahorra en quema de combustible el consumo energético a bordo es muy alto. El barco tradicional es una buena alternativa, pero por cuestiones de tiempo en tránsito la mejor opción es el tren. Así que sí, en México una buena política sería recuperar el sistema ferroviario para facilitar el traslado de personas y productos a lo largo y ancho del país. Trenes eléctricos, por supuesto, no de carbón.

Ahora, si viajamos en carretera y ahora en tiempos de escasez de gasolina, lo ideal es hacerlo en transporte público o en auto compartido, puedes utilizar Blablacar y además de conocer gente nueva, verás que todo te sale mucho más barato. También existen compañías de alquiler de vehículos eléctricos o híbridos eficientes en combustible, que informan en su web de la emisión de CO2 por kilómetros cuadrado de cada modelo. Una vez en camino, todas las medidas que se puedan tomar para ahorrar combustible son útiles; entre ellas, planificar bien la ruta y evitar sobre todo el uso del aire acondicionado.

Al llegar a destino lo recomendable es alojarse en hoteles ecoeficientes certificados por algunas de las organizaciones reconocidas por el Consejo Global de Turismo Sostenible (GSTC), como Rainforest. Evitar todas esas pequeñas cosas que le generan un consumo energético extra al hospedaje, desde prescindir del cambio de toallas diario hasta apagar las luces de la habitación al salir, también contribuye a la reducción de emisiones.

A la hora de hacer excursiones conviene moverse a pie o en bicicleta y consumir productos locales, que tienen una huella de carbono menor al no haber sufrido grandes traslados. Por último, cuanto menor volumen de desperdicios uno genere, mejor.

Otra alternativa es compensar la huella de carbono que dejamos cuando viajamos, teniendo un estilo de vida minimalista y de consumo responsable cuando estamos en nuestra ciudad. Esto significa consumir sólo lo necesario, dejar de usar el auto para trayectos cortos o si es posible, mudarnos cerca de nuestro trabajo para hacer nuestros trayectos caminando o en bicicleta, consumir productos locales y sustentables y sobre todo, reducir los empaques de lo que compramos para no generar más basura.

La compensación es un modo práctico de evitar que el problema del cambio climático se acentúe en el mediano plazo, pero la solución de fondo pasa por la reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero en cada etapa del viaje.

Así que ahora ya lo sabes, viajar es un estilo de vida pero lo ideal es que incluya también la responsabilidad ambiental y el consumo responsable no sólo ahora que sufrimos porque no hay gasolina, sino siempre porque el planeta ya no tiene mucho tiempo para que seamos irresponsables al momento de decidir.

 

 

 

 

 

 

Domingo, 06 Enero 2019 05:19

¿Puede la comida construir la paz?

Tras la firma de los acuerdos de paz en Colombia una de las principales prioridades es la reconstrucción del tejido social, lograr generar confianza entre antiguas víctimas y victimarios es uno de los retos más desafiantes para quienes se han ‘echado al hombro’ la construcción de paz duradera.

Y a las distintas instancias que están promoviendo la construcción de paz en aquellas tierras se les ocurrió que una herramienta útil para entablar diálogos y procesos de reconciliación en los territorios que más sufrieron las consecuencias del conflicto armado era justo una que ha unido seres humanos desde el principio de los tiempos: un plato de comida.

Fue así como el año que recién terminó, desde la Corporación Centro de Interés Público y Justicia se emprendió un proyecto en cual se pretende empezar a reconstruir esos lazos a través de la comida y su memoria histórica.

El nombre de esta iniciativa es Recetario Gastronómico de la Memoria y se trata de un proyecto que brinda un espacio de encuentro a los actores que vivieron el conflicto que azotó a Colombia en el cual a  través del dialogo se busca reconstruir las relaciones sociales que se perdieron por el trajín de la guerra.

La idea nació a partir de la importancia que tiene la comida en la sociedad, y es que siempre que uno tiene un invitado o celebra una fiesta juega un papel fundamental. Además nadie se sienta a comer con otro para enojarse, así que sabiendo que la comida tiene el poder de generar lazos emocionales, conexiones con nuestra memoria y nuestra infancia, además de fortalecer nuestro arraigo con la tierra y la naturaleza, diseñaron esta iniciativa para acercar a los grupos poblacionales que, durante el conflicto armado, fueron enemigos viviendo en el mismo territorio, a través de la gastronomía.

El municipio de Planadas fue el escogido para iniciar el proyecto dado sus antecedentes de conflicto armado, concretamente el poblado de Tolimá donde además se ha venido trabajando con el resguardo indígena Paez-Nasa del corregimiento de Gaitania, los excombatientes del espacio territorial de la vereda El Oso, militares del batallón 18 y campesinos de la región.

Cada uno de los miembros de estos grupos poblacionales tienen muchas cosas que contar a partir de lo que comían en cada periodo de la guerra, lo que están haciendo con este proyecto es tratar de recuperar esos ejercicios gastronómicos y ponerlos sobre la mesa para generar espacios de diálogos que ayuden a reconstruir tejido social.

Y es que se ha comprobado que si hay un momento en el que estas personas han podido hablar abiertamente y sin temor ha sido alrededor de una mesa, mientras se preparan los platillos.

¿Qué hace falta cuando se quiere arreglar un conflicto? Diálogo y ¿en qué momento es cuando las personas conversan de manera más fluida y conectan mejor? Alrededor de una mesa

Estas conversaciones sostenidas durante los diversos talleres de gastronomía territorial, les ha permitido entender que los unen las mismas raíces, que el territorio representa vida, unión, alimento, fauna y flora que se transforman en cultural. Saber que la guerra les impedía disfrutar al máximo del placer de la comida, les permite reconocerse como víctimas y también como victimarios del conflicto, por haber permitido que la guerra durara tantos años. Les permite, mirar su papel en el conflicto en su justa dimensión.

Usar ingredientes locales que generan arraigos y lazos, evoca a su vez lo más positivo del territorio

Un soldado del Batallón 18 dijo en un programa de radio que yo escuché y, gracias al cual conocí de este proyecto, que un solo plato de comida podía lograr lo que no se logró con años de guerra: hacerles ver que todos tenemos una familia, alguien que nos espera para compartir la mesa. Que todos somos personas y que todos sufrimos de igual manera con los conflictos armados, que en realidad son un gran negocio que beneficia a unos cuantos y que no son los que están en el campo de batalla.

Me conmovió mucho escuchar las anécdotas de cuatro personas que participaron en estos talleres gastronómicos, cada una representando a un grupo social distinto del mismo territorio. Una mujer indígena, un campesino, un soldado profesional y una mujer guerrillera. Al final, lo que escuchaba a través de mi computadora, no era más que las voces unidas de cuatro seres humanos que hoy se ponen a trabajar juntos, que se arremangan la camisa para picar la yuca, el patacón y la cebolla, y que dialogan, se ríen, recuerdan, lloran y se congratulan por estar vivos para contar todo esto tras haber dejado atrás la dolorosa experiencia de la guerra.

Hoy saben que pueden volver a pensar en el otro, sanar las heridas y tejer con el otro y el centro de todo es la alimentación porque permite reconocer el arraigo territorial, el nivel de violencia, de reconciliación y de resiliencia de las comunidades y hacer una cartografía social para identificar los estigmas que uno tenía sobre los otros y viceversa. En el pasado, habría sido imposible ver a esta gente sentada en una misma mesa. Ellos estaban acostumbrados a escuchar el plomo pero hoy quieren vivir en paz, alrededor de la misma olla, que representa a todo un país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 23 Diciembre 2018 05:28

La chef indígena que me robó el corazón

Tiene la piel morena, los ojos brillantes y la sonrisa amplia y bien plantada. Llega apresurada tras hacer trámites y pagos de nómina. Es diciembre así que cualquier emprendedor pasa por la angustia del pago de salarios y aguinaldos. Pero esta mujer impetuosa, orgullosa de su origen indígena, guarda mucho más dentro de sí y está dispuesta a realizar toda una cruzada porque cada vez más personas compartan su pasión: la gastronomía regional chiapaneca.

Claudia Ruiz Santiz es una mujer única que hace tres años decidió empezar una aventura que hasta ahora sigue siendo una batalla cotidiana: abrir un restaurante enfocado en difundir la riqueza de la gastronomía chiapaneca pero, sobre todo, incluir los platillos e ingredientes de los pueblos originarios en la carta y diseñar platos de autor que mostraran el orgullo que ella misma siente de ser chamula.

El tamal de hoja santa, el pozol de cacao, las tostadas de carne chamula, el mousee de tascalate y el pan de chipilín son sólo algunos ejemplos de lo que los comensales pueden descubrir al visitar Kokono’, ubicado en la calle Diego de Mazariegos, en la hermosa ciudad de San Cristóbal de las Casas. El nombre del lugar significa “epazote” en tsotsil, idioma materno de Claudia, quien nació en la comunidad de San Juan Chamula

Moler, licuar, sazonar y montar es la vida de Claudia pero también dirigir, orgientar, motivar a un equipo de jóvenes cocineros indígenas que parecen danzar alrededor del fogón que este restaurante tiene en su cocina.

“Si tuviera que definirme con una palabra, sería guerrera” me dice Claudia cuando me confiesa que ha habido momentos en los que ha estado tentada a rendirse. Sin embargo, sigue luchando y trabajando cada día porque su restaurante se mantenga a flote, generando empleo para los jóvenes de la región pero también como un semillero para cocineros que revaloren el legado que la gastronomía indígena ha aportado a México.

Claudia tuvo que vencer muchos obstáculos para salir adelante, el primero, dentro de su propia comunidad pues por los usos y costumbres, las mujeres chamulas no tienen muchas alternativas para salir a estudiar o pensar en un futuro que no sea el casarse y tener hijos, destino de la mayoría.

Pero Claudia no sólo tuvo la fortuna de salir a estudiar en la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez, también su trabajo y su dedicación hicieron que a pesar de su timidez y bajo perfil, una luz se encendiera sobre ella y el chef más importante de México, Enrique Olvera, volteara a verla.

Y es que, cuando Claudia terminó su carrera de gastronomía en la Universidad de Ciencias y Artes Chiapas (UNICACH) hizo como trabajo de tesis, un recetario en español y tsotsil. La universidad lo publicó en 2012 pues es el primer trabajo de una alumna que habla sobre la accesibilidad y disponibilidad de alimentos, implementando una estufa ecológica tipo plancha.

Después de un año de arduo aprendizaje, Claudia ya era toda una repostera así que cuando renunció al Pujol, apenas pasó un día cuando recibió otra oferta difícil de rechazar: trabajar en Massimo Bistró, a lado del chef Eduardo García, otro ícono de la gastronomía mexicana contemporánea y muy comprometido con temas de alimentación sustentable y con la filosofía de Slow Food.

En el mundo de la gastronomía no es un secreto que existe una clara discriminación hacia las mujeres así que Claudia tuvo que vencer dos barreras: su origen indígena y su género. “Me topé con discriminación, cuestionaron mi presencia y mis habilidades, pero yo prefería guardar silencio y que mi trabajo hablara por mí. Además de la discriminación también tuve que enfrentarme a la gran ciudad, esa situación despertó en mí otro tipo de habilidades, estaba acostumbrada a vivir sin estrés, sin prisas y tuve que aprender a lidiar con todo lo que implica vivir en México”. Pero para Claudia, la situación más que ser un obstáculo, le dio la oportunidad de empoderarse día a día.

“En Pujol permanecí un año porque esa era mi meta y cuando lo cumplí Eduardo García otro de los Chefs más reconocidos me ofreció incorporarme a Máximo Bistrot. Ahí permanecí por unos meses porque posteriormente y debido a mi interés en la repostería tuve la posibilidad de integrarme a Duo Salado Dulce un restaurante de un Chef suizo y una Chef oaxaqueña. En ese lugar aprendí mucho del tema de chocolatería y panadería. En Duo la pastelería era elaborada con técnicas francesas y suizas, pero lo interesante también era que hacíamos una fusión de técnicas francesas con ingredientes mexicanos”.

Hoy ese chef suizo está en París y Claudia podría estar ahí también pero decidió regresar a casa después de tres años de aventura en la capital mexicana por motivos familiares. Primero trabajó en un hotel y una cafetería como repostera hasta que decidió crear su propio proyecto. Así nació Kokono’.

¿Cómo es Kokono’? Es su restaurante con filosofía Slow Food del que es propietaria y chef ejecutiva, que significa epazote en tsotsil. “Es un nombre que nos identifica a la comunidad, Kokono’ tiene el objetivo de rescatar la gastronomía chiapaneca. Pensé en establecer un punto donde turistas y gente de la región pudieran probar lo que mi estado ofrece. En el restaurante fomentamos ante todo el consumo local y el apoyo al pequeño productor”. La cocina de Claudia es completamente regional, tradicional desde los pueblos indígenas. En la carta hay sopa de chipilín, cochito horneado, atol agrio, tamales autóctonos, carne chamula.

 “Mi filosofía personal encaja totalmente con Slow Food, desde que formo parte de la Alianza de Cociner@s he podido llevar a diferentes lugares mi gastronomía chiapaneca, como lo hago el día de hoy aquí en la ciudad de Puebla. Slow Food me permite además, hablar sobre la importancia de salvaguardar los alimentos, la historia, las tradiciones del lugar de donde soy originaria”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 02 Diciembre 2018 05:33

Viaja con tu mejor amigo

Esta semana apareció en mi time line de Instagram la foto de alguien de mi familia a quien todos queremos mucho. Estaba cumpliendo 12 años de una vida que hasta ahora, ya ha sido en dos países. Estoy hablando de Choco, el fiel compañero canino de mi sobrina que emigró con ella a Francia y que ya lleva seis años paseando por las calles parisinas. Llevarlo no fue sencillo, hubo que tramitar muchos papeles y además comprar una transportadora especial, que fuera aceptada para viajes internacionales, sedarlo una noche antes para que no sufriera en las casi 12 horas de vuelo y preparar todo un expediente que demostrara que era un perro sano.

Yo me pongo a pensar hoy y sería tal vez muy complicado querer viajar así con mi perro pues hace algunos meses que se ha quedado ciego. Pero lo cierto es que ese apego que tiene conmigo ahora que tiene esta discapacidad visual tampoco hace sencillo pensar en largas aventuras con nuestro mejor amigo. Una vez lo dejé con una cuidadora que lo trató muy bien y la encontré a través de ciudamimascota.com donde otras personas amantes de los animales se ofrecen para cuidar a tus perritos en su casa mientras tú vas de viaje. Aquella vez sólo fui a Morelia 4 días, mismos que mi perro no tuvo que pasar en una fría pensión, sino con una persona que lo quiso y lo cuidó como si fuera yo misma.

Pero, ¿soportaríamos estar separados en un viaje largo? Pues mira, si tienes la oportunidad y estás planeando un viaje en el que tu perro esté incluido, estas son algunas de las recomendaciones de destinos que puedo hacerte.

Pero antes te hablaré de los retos, porque que una ciudad sea pet friendly no significa que cualquier perro la va a pasar bien siendo viajero.

Los viajes con perros, sin embargo, pueden ser una odisea si el perro no está bien educado. Ante todo, debemos pensar que estará en un entorno que no es el suyo, que interactuará con personas que no conoce, y que dormirá fuera de casa. Los perros son animales de costumbres y a muchos de ellos esta situación quizá les estrese. Por ello, debemos tener en cuenta el carácter del perro, su capacidad de adaptación a nuevas situaciones y lugares y si está acostumbrado desde pequeño a viajar.
Es bueno que desde cachorros les acostumbremos a hacer aunque sea pequeñas escapadas de fin de semana, que sepan lo que es viajar en coche, por ejemplo, y que no lo vean como una amenaza. Una buena idea es llevar con nosotros cosas que huelan a él y a casa, como su manta, algún juguete y también su bol y su bebedero. Así no se sentirá tan extraño fuera de su hogar.
En caso de tener que llevarle en transportín o jaula, también conviene que el perro sepa lo que es desde pequeño; no es una buena idea meter de pronto a un perro de cuatro o cinco años en una jaula. Se sentirá amenazado.
Pero, ¿qué pasa cuando viajamos en avión? Cada vez es más común llevar a nuestro perro con nosotros y si queremos hacer un viaje largo debemos prepararlo con suficiente antelación por ejemplo, podemos llevarlo en la transportadora en el coche varios meses antes para que se acostumbre al movimiento y a los ruidos, verificar que tenemos toda la documentación en regla,, elegir una transportadora cómodo y adecuado a su tamaño y llevar su manta para los cambios de temperatura del avión, le facilitarán el viaje a él y a ti.
Ahora sí, ¿quieres saber cuáles son las ciudades más amigas de los perros? Echa un vistazo y ¡disfruta!


San Francisco
Una de las mejores ciudades, sin duda, para visitar con tu perro. Restaurantes, bares, tiendas, hoteles... casi todos permiten la entrada (y no sólo los permiten, sino que los acogen como a ti mismo) a tu mejor amigo, hay muchos parques y espacios al aire libre donde pueden correr libremente y, para más señas, allí se celebra el Pet Pride Day, un día para celebrar a las mascotas, lleno de actividades.


París
París tiene una de las tasas más altas de perros por residentes. Los perros están permitidos en dos actividades en las que no esperarías encontrar uno: en la misa de la iglesia de Santa Rita y en los autobuses turísticos. Los cafés y tiendas son absolutamente "dog friendly" y, un plus: los parques cercanos, como el Bois de Boulougne son una delicia para nuestros perros.


Berlín
En Berlín hay hasta "delis" para perros, con comida típica pero hecha específicamente para el mejor amigo del hombre. Puedes pasearte por el centro histórico con tu perro y no habrá problema, y pueden entrar en la mayoría de restaurantes, cafeterías y tiendas, así como quedarse en una gran cantidad de hoteles. Por supuesto, en el transporte público también pueden ir.


Amsterdam
Y si hablamos de apertura y de ambiente "friendly", no podíamos olvidarnos de Amsterdam. Ciudad de bicicletas, canales y grandes parques, es perfecta para visitar con tu mejor amigo. Pueden viajar gratuitamente en el transporte público (excepto en los trenes, donde deberemos pagar), entrar en casi todas partes (a no ser que se indique con una señal que no) y hay muchos parques "off leash", es decir, donde pueden estar sin correa.


Ginebra
Los suizos tienen gran consideración por los derechos de los animales; incluso hay que pasar un test antes de poder adoptar uno. Por extensión sus ciudades tenían que ser "dog friendly". Hay multitud de parques enormes donde poder soltarlos, y es una de las ciudades con más alojamientos donde se permiten perros, por lo que evitarás la odisea de encontrar hotel. No sólo lo permiten, sino que les preparan una cama y un comedero y bebedero para que, como tú, se sientan como en casa.


Barcelona
Al contrario que en el resto de España, donde todavía cuesta más eso de llevar a tu perro contigo a todas partes, en Barcelona tienen permitida la entrada en tiendas y en casi todos los bares. No puedes dejar de visitar el Entredogs Café, donde, además de la oferta culinaria para humanos y perros, organizan charlas, talleres, jornadas pro-adopción…


Nueva York
Los perros no sólo pueden quedarse en hostales u hoteles de menor categoría. En Nueva York, algunos de los grandes hoteles también permiten que los perros se queden allí, así como sus centros comerciales más famosos y muchos cafés y bares. Y también está Central Park, el gran pulmón donde pueden disfrutar tanto humanos como perros.


Seattle
14 parques para soltar a tu perro lo convierten en un muy buen lugar para ellos. Además, pueden subir a los autobuses y puedes alquilar una canoa o un kayak con ellos. También hay servicios de "guardería", pero seguro que no te hará falta... ¡pueden ir a casi todas partes!


Roma
Roma es una ciudad para pasear y disfrutar de sus calles, al margen de museos y monumentos. Tu perro disfrutará de las numerosas plazas y de las fuentes que las salpican, y en los parques también pueden estar sin correa. La mayoría de restaurantes darán una calurosa bienvenida a tu perro y le pondrán un cuenco de agua para refrescarse.


Austin
En la capital del estado de Texas, los perros pueden entrar en muchos de los locales. Además, hay muchos conciertos, verbenas y celebraciones al aire libre, lo que hace que tu perro disfrute de la naturaleza a la vez que tú te sumas a un plan típico de la ciudad.¿Lo mejor? El Dog House Drinkery Dog Park, un bar con un parque para perros donde pueden estar sueltos.


Lisboa
Los portugueses son acogedores y en esta ciudad de luz y mar los perros tenían que tener un hueco. Sus terrazas y calles con cuestas son ideales para disfrutar de largos paseos con ellos. Además, acaban de aprobar la ley que les permite la entrada a todos los bares, cafeterías, etc.


Bruselas
Bruselas, como Amsterdam, es una ciudad muy europea y abierta. Uno de cada diez belgas tiene un perro, y por supuesto su capital tenía que ser "dog friendly". Aunque es obligatorio llevarles con correa, tienen muchos espacios verdes donde pueden correr en libertad, e incluso algunos parques tienen determinadas horas donde poder soltarlos. Y hoteles, restaurantes... cada vez permiten más la entrada a nuestros amigos.


Sydney
Las playas son la principal razón para decir que Sydney es una ciudad "dog friendly". En las más famosas no tienen permitida la entrada, pero sí en muchas otras, como Rowland Reserve. También puedes ir con ellos a casi cualquier pub; no tendrás problemas. Los viajeros más expertos señalan The London como el pub más acogedor para los perros.


Y ahora sí, ¿cuál es el próximo destino para ti y tu mejor amigo? ¡Felices viajes!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 25 Noviembre 2018 05:52

Mi corazón vive en Lamarck

La primera vez que estuve en ese lugar jamás pensé que años más tarde se iba a convertir en el símbolo de mis recuerdos y también de todas mis frustraciones. Pero la verdadera primera vez que estuve allí ni siquiera fue de cuerpo presente. Aquella esquina me cautivó aún antes de pisarla y andarla. La ví en una película y sentía como si yo perteneciera a esa acera en la que la protagonista caminaba acelerada describiendo todo a su paso para regalar su mirada a un invidente y transformar no sólo su día, también su vida.

Lamarck Caulaincourt es el nombre de la estación del metro a la que llegué en mi tercer viaje a París, hace ya casi cinco años. Cuando elegí el hotel donde me hospedaría no sabía que estaría justo a un lado del lugar donde se filmó una de mis escenas favoritas de Amélie, la película que llevó a millones a pisar las calles de Montmartre al menos con los zapatos del deseo.

Nunca sé cómo se llama cada una porque el nombre Lamarck Caulaincourt en realidad es compuesto, es decir, una de las calles que rodean a la estación del metro se llama Lamarck y la otra, Caulaincourt. Una está escalinatas abajo, frente a la estación del metro donde Amélie deja al personaje invidente iluminado por la experiencia que ella le ha regalado en apenas unos minutos y la otra está, escalinatas arriba, justo donde yo salía cada mañana para cruzar la calle y entrar al pequeño bar donde desayunaba un espresso y un croissant. No creo que me importe determinar el nombre de cada calle, para mí esas escalinatas donde exactamente en medio siempre se podrá leer el letrero rojo del metro parisino que hace que aunque pasen los años, esta calle sea icónica del paisaje de Montmartre.

Y es que este es el único letrero rojo que yo recuerdo para una estación de metro parisino. El resto tienen ese color verde viejo, añejado y nostálgico que incluso aquí en la Ciudad de México podemos recordar si vamos a la estación Bellas Artes, cuyo letrero fue justamente un regalo del gobierno francés para nuestra ciudad.

Lamarck Caulaincourt es especial no sólo porque a través de la historia de Amélie despertó mi deseo por París, por estar ahí algún día, sino porque ahí viví momentos especiales siempre. Una y otra vez. Esa esquina me fue construyendo una historia con la ciudad de mis amores.

Por ejemplo, gracias a las fotografías que tomé en aquel viaje donde me hospedé en el hotel Roma Sacre Cœur empezó una amistad que ha traspasado las fronteras, la distancia y el tiempo.

Meses después de que yo estuviera en esas icónicas escalinatas y subiera las fotos de mi viaje a mi cuenta de Instagram, comenzó a seguirme y a conversar conmigo un personaje “trés sympá”, como dicen los franceses. En su cuenta sólo dice que se llama Mr. Joe, y creo que su nombre es Joel pero en realidad nunca me importó. Para mí comenzó a ser simplemente Mr. Joe. Él vivía en París y aunque su aspecto físico no era el de un parisino y más bien era similar al de un norteamericano fanático de las malas hamburguesas, lo cierto es que había nacido en París y, como yo, profesaba un honesto y profundo amor por esta ciudad.

¿Por qué mis fotos le llamaron la atención?, simple. Él estaba entonces eligiendo el apartamento que iba a comprar para mudarse. Y lo compró ahí, a unos pasos de las escalinatas que a mí me habían marcado.

Mr. Joe no me conocía pero podíamos hablar del sabor de los croissants de aquel lugar en cuya barra ambos tomamos café cada mañana, tal vez al mismo tiempo y sin saber que existíamos.

Dos años más tarde, después de muchos likes en instagram, muchas conversaciones e intercambio de fotografías, finalmente Mr. Joe y yo nos conocimos personalmente. Nos citamos no en ese café pues no abría por las noches y era el único momento en el que las apretadas agendas coincidirían. Pero sí en un bar que estaba en contra-esquina, justo a lado de la estación del metro.

Aunque en aquella ocasión ya no estaba hospedada en Montmartre y ni siquiera había ido puesto que aquel era un viaje de trabajo con una agenda apretada, poder conversar en la vida real y no a través de un dispositivo móvil con alguien con quien sin imaginarlo tenías tanto en común me emocionaba, así que me enfilé a la puerta del departamento de mi sobrina, en la región de Courveboie bien envuelta y protegida contra la constante lluvia de primavera que caracteriza el clima parisino y decidida crucé el Sena para llegar al metro y de ahí, moverme por la enmarañada telaraña de sus líneas hasta llegar al punto de partida de aquella amistad y de mi vínculo con París: Lamarck Caulaincourt.

La velada fue agradable, Joe lo era, pero sobre todo, desde entonces supe que siempre esa esquina, de día o de noche, con el bullicio de la hora pico matutina o el frío de la terraza donde no pudimos tomar la cena por culpa de la lluvia, sería el lugar donde yo había enterrado mi corazón y al que siempre, cuando me siento triste o fuera de lugar, voy a querer regresar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 11 Noviembre 2018 05:31

Navega por un bosque en plena CDMX

Tal vez si escuchas la palabra “trajinera” siempre piensas en Xochimilco, fiesta y mucha cerveza. Tal vez piensas en lugares llenos de gente, altos precios y hasta mariachis flotando en pequeñas embarcaciones ofreciéndote música mexicana. Una experiencia para turistas. Sin embargo, en la Ciudad de México se puede pasear en estas embarcaciones tradicionales en un plan mucho más tranquilo y ecológico, incluso visitando un invernadero y aprendiendo sobre agricultura sustentable y no precisamente en Xochimilco sino en Tláhuac.

Hace una semana fui a Mixquic y en el camino vi trajineras y pregunté ¿qué no estamos en Milpa Alta? ¿o esto es Xochimilco? Entonces mis amigos me explicaron que existe otro lugar que se llama Lago de Los Reyes Aztecas y que pertenece a la alcaldía de Tláhuac. Por eso decidimos regresar.

Llegamos a las 10 de la mañana y nos dispusimos a pasear por los bosques de Ahuejotes y disfrutar el recorrido por los canales. Primer punto a favor: el precio por hora de trajinera es 40% menos que en Xochimilco. Estábamos del otro lado del lago y esta parecía ser una excelente alternativa porque no queríamos enfrentar multitudes. Nuestro objetivo era beber delicioso pulque y visitar un pueblo dedicado principalmente a la agricultura, cuyo fuerte es la producción del nopal pero también las hortalizas en las chinampas, igual que en Xochimilco.
Esta es una gran opción si quieres disfrutar de un día familiar. Si no tienes mucho tiempo, puedes pedir un paseo de una hora, ese será solo para recorrer canales cercanos y admirar algunas aves migratorias y locales. Si optas por el paseo de dos horas, podrás visitar un invernadero y comprar plantas y hortalizas frescas, además de que los lugareños te explicarán todo el proceso agrícola de esta práctica prehispánica de permacultura. Si eliges el paseo de tres horas podrás llegar hasta los ojos de agua, es decir, lugares donde brota agua cristalina todavía y hasta el Museo Vivo. El museo se ubica en una chinampa y allí puedes ver fotografías antiguas e incluso todos los artefactos prehispánicos que se han encontrado en los campos de cultivo de la zona.

Si quieres comer hay dos opciones: comprar unas quesadillas para llevarlas en el paseo ahí mismo en el embarcadero o llevar tu propia comida tipo picnic. O también puedes solo llevar botanas y al bajar, disfrutar de la gastronomía local, ya sea en los puestos del embarcadero o en los restaurantes del poblado de Tulyehualco. Si quieres pasar más tiempo y tienes antojo de mole, puedes aventurarte a llegar hasta San Pedro Atocpan, el pueblo donde se fabrica el mejor mole de la ciudad. Lo cierto es que no pasarás hambre.
También puedes pasar un excelente día en familia en el Parque de los Olivos, un mágico lugar donde hace más de 500 años se plantaron los primeros olivos del continente porque ¿sabías que Tulyehualco es un pueblo de productores de aceitunas y aceite de oliva? Admira los olivos centenarios y disfruta de las áreas verdes recreativas. Otra opción es agarrar las bicicletas o los patines y acercarse al Bosque de Tláhuac, donde puedes realizar todo tipo de actividades en familia.
Lo ideal es hacer esta experiencia en automóvil porque los sitios de interés están alejados unos de otros pero si no tienes coche, puedes llegar hasta el metro Tláhuac y de ahí tomar un taxi que te cobrará 35 pesos por llevarte hasta el embarcadero.
En domingo, llega al Lago de los Reyes Aztecas antes de las 4 de la tarde si quieres estar tranquilo, a partir de esa hora el lugar atrae a muchas personas. El ambiente familiar es mucho más apropiado en la mañana.

¿Qué opinas? ¡Lánzate a descubrir la cara rural de la Ciudad de México!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 28 Octubre 2018 05:30

Descubriendo Mixquic

Hoy debo hacer una confesión difícil para una chilanga de hueso colorado como soy yo. Resulta que mis vínculos con la parte rural de la Ciudad de México son muy escasos. Xochimilco es un lugar que me encanta pero es tal vez al único al que me he adentrado por tanto, no conozco prácticamente nada de las alcaldías de Milpa Alta y Tláhuac. En esta última se encuentra un pueblo que todavía no conozco y que la próxima semana pisaré por primera vez justo por algo que le ha dado fama a nivel internacional: su tradición para conmemorar el Día de Muertos.

Estoy hablando de Mixquic. Es un poblado pequeño que, fuera de este festejo pareciera no tener un gran encanto, sin embargo, para el Día de los Difuntos todo cambia y llegan visitantes de todos lados. El centro de todo el festejo es la iglesia y, por supuesto, el cementerio, que está junto a ésta pero llama la atención su sincretismo ya que, dentro de la Casa Cural se encuentra un antiguo templo prehispánico, donde está la piedra Miquiztli —que representa a la Muerte—, un Chac mool y unos aros del juego de pelota, llamados tlachtemalacatl. Esto no debe resultarnos extraño pues es bien sabido que como estrategia evangelizadora, los españoles construyeron los templos católicos sobre los antiguos templos prehispánicos.

Al lado se encuentra el templo de San Andrés, que fue construido en 1537 por los frailes franciscanos. La iglesia se derrumbó unos años después, pero fue reconstruida en 1600.

La festividad de Día de muertos es toda una tradición en Mixquic, que comienza desde septiembre: a finales de mes, los habitantes del lugar acuden al panteón a invitar a sus familiares y amigos que ya fallecieron, para que vengan el 2 de noviembre. Les llevan arreglos de flores y decoran sus tumbas.

En el primer día (31 de octubre) se pone la mesa para el altar de muertos, con un mantel, candeleros negros o blancos y velas. El segundo día (1 de noviembre) suenan las campanas a las 12:00 del día, las cuales anuncian la llegada de las ánimas de los niños y adultos.

En los altares nunca deben de faltar sal (para el alimento y representación de la tierra como elemento de la naturaleza), agua (para la sed), veladoras (para alumbrar el camino), y por último, flor de cempasúchitl para adornar. La ofrenda se complementa con fruta, hojaldras, y en el caso de los niños, las figuritas de los xoloscuincles (perros) que guiarán sus almas por el inframundo. Flores blancas que representan la pureza de los niños y amarillas que iluminan a los adultos para que no se pierdan en el camino.

En el tercer día (2 de noviembre) se realiza la famosa “Alumbrada” en el panteón, donde se rinde homenaje a los muertos que dejaron un recuerdo en este mundo. A partir de las siete de la noche la gente llega a las tumbas decoradas con flores y encienden cirios. El panteón se llena de luz para mostrarle el camino a los muertos. En medio del panteón se encuentra el Templo de San Andrés, el cual cuenta con un retablo y un techo que vale la pena conocer.

Por último el día (3 de noviembre) los vecinos van de casa en casa intercambiando fruta, pan y comida, con lo que se da como concluida la festividad de día de los muertos.

Mixquic es uno de los lugares en México que más poder de convocatoria tiene durante el Día de Muertos. Año con año, este pueblo mágico de la Delegación Tláhuac recibe a sus difuntos con las tradicionales ofrendas y "La Alumbrada".
Todas las casas se impregnan de los olores que desprende la flor de cempasúchil, la frutas, el sahumerio con incienso y las veladoras. Es raro quien no coloca un altar, pues es una costumbre que se hereda de generación en generación.
Se dice que las tradiciones de honrar a los muertos con ofrendas comenzó en la época prehispánica cuando los pobladores de esta zona colocaban agua, sal, rajas de ocote y pescado fresco en las chinampas en donde enterraban a sus difuntos.
El ritual para recibir a las ánimas inicia desde mediados del mes de octubre pues los habitantes de Mixquic hacen una limpieza especial en sus casas: lavan pisos y paredes y le dan brillo a las mesas.
Para el 31 de octubre todo está listo, ya que según sus creencias a las 12 del día es el momento en el que llegan los niños. De acuerdo con la tradición, el agua se coloca porque los muertos recorren un camino muy largo para llegar con sus familiares y con eso mitigan su sed. La sal significa purificación, para que el alma no se corrompa en su viaje de ida y vuelta el año siguiente, y el sahumerio con incienso aleja a los malos espíritus y sirve como guía olfativa para que los fieles difuntos lleguen a sus hogares.
Para el 1 de noviembre la ofrenda se enriquece. A las 12 del día se van los niños y a las 3 de la tarde llegan los adultos. Se riegan los pétalos de la flor de cempasúchil y se coloca el pan de muerto y mucha fruta, principalmente manzana, plátano, naranja y caña.
Mucha gente acostumbra hacer tamales de dulce, de chile y chacualole, que es la calabaza con tejocote, guayaba, caña y piloncillo porque se dice que así lo comían sus abuelos. La verdad tengo la esperanza de probar alguno de estos.
Algo que no puede faltar es el platillo típico de Mixquic: el mixmole (mole de pescado). Anteriormente se preparaba con atlacuetzon, una planta que flotaba en los canales que había en la zona, pero hoy en día la gente la sustituye con acelga y le agrega tomate, epazote, pescado, chile verde o rojo y se guisa con manteca.
El banquete también incluye la bebida favorita del difunto, una de las más populares de la zona es el pulque pero también la cerveza y hasta tequila o brandy.
Otra de las costumbres que aún se conservan en Mixquic es ‘El Campanero’. La noche del 1 de noviembre, las familias salen con los niños para pedir su calavera. El recorrido lo alumbran con una calavera de chilacayote que rascan por dentro para meterle una vela y llevan campanas que en todo momento hacen repicar.
Los grupos de niños y adultos pasan de casa en casa para rezar en las ofrendas . Cuando terminan de orar todos cantan ‘a las ánimas benditas les prenden velas pequeñas, y todos cantan: “campanero mi tamal, no me den de la ofrenda porque me hace mal’ y les dan pan, fruta o tamales.
La fiesta de Día de Muertos termina con la famosa ‘Alumbrada’ que realizan el 2 de noviembre en el Panteón Iglesia de Mixquic.
Si bien yo no he ido a este pueblo y estoy muy emocionada porque por primera vez lo visitaré este año, me puse a investigar y encontré que desde temprana hora, el día de la Alumbrada, la gente sube a limpiar las tumbas, a adornarlas con flor de cempasúchil y a colocar en cada esquina un candelabro con su vela. “Esta tradición tiene dos significados: que se está alumbrando el retorno de los fieles difuntos y la presencia de dios”, según algunos testimonios de pobladores del lugar.
Cada año, las autoridades de la alcaldía de Tláhuac esperan la visita de más de 100 mil personas entre el 1 y el 2 de noviembre. Cabe resaltar que no es para nada fácil llegar a este lugar.

Si ustedes irán en coche (o uber) como lo haré yo, hay que tomar la Avenida Periférico Sur hasta llegar a la Avenida Tláhuac, una vez en Tláhuac dirigirse a Mixquic
Otra alternativa, si el punto de partida es el centro de la Ciudad de México es llegar a la Avenida Taxqueña y seguir todo derecho hasta llegar a la Avenida Tláhuac, una vez en Tláhuac dirigirse a Mixquic
Y si vienes de la zona oriente, hay que tomar la autopista México-Puebla con dirección a la carretera Chalco- Mixquic.

En transporte público también se puede llegar pero prepárate para un largo camino. Desde el paradero norte del metro Taxqueña sale un camión que va directamente a Mixquic. Otra alternativa es tomar la Ruta 44, 56 dirección Tulyehualco. Una vez que está en Tulyehualco, Ruta 50 hacia Mixquic. Hay que señalar que este pueblo, Tulyehualco es famoso por su producción de Amaranto así que seguro la visita valdrá la pena.

Otra manera es llegar desde Xochimilco, concretamente de la estación del tren ligero Francisco Goitia. Ahí se puede tomar la Ruta 20 también con dirección a Tulyehualco y ahí tomar la ruta 50 que te lleva a Mixquic, esta ruta también puede tomarse en Chalco, Estado de México.

Otra alternativa es llegar en metro, a la estación Tláhuac de la línea 12 y de ahí tomar un colectivo que llega hasta Mixquic. También de la estación Santa Martha Acatitla salen.
La próxima semana les prometo una crónica completa de mi primera visita al lado rural de la alcaldía de Tláhuac en día de muertos… manden buenas vibras para mi aventura en Mixquic.

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 21 Octubre 2018 05:42

Sequía anunciada

Empiezo a teclear esta columna justo mientras me refresco y descanso después de pasar la mañana en el mercado de la Merced, en el centro histórico de la Ciudad de México. Aunque es normal que los sábados aquello se ponga muy difícil por la gran cantidad de gente que acude a este mercado a abastecerse de víveres para la semana, este día fue especialmente complicado pues muchos queríamos abordar el metro mientras llevábamos compras poco usuales: enormes botes de plástico.

Familias numerosas que iban hasta con cuatro o más niños acudieron desesperadas a esta zona de la ciudad por su fama de tener precios accesibles en todo. En esta ocasión buscaban pagar un precio justo por algo que la próxima semana será el bien más preciado de una casa: un bote de plástico para almacenar agua.

Quizá para la gente de la zona oriente de la ciudad esto no sea algo nuevo, sin embargo, para quienes vivimos en lugares donde normalmente el agua no escasea (o si pasa no nos damos cuenta pues vivimos en edificios con cisternas, bombas eléctricas potentes o simplemente los que administran nuestros conjuntos modernos se encargan de llamar a las pipas y resolver el problema) el próximo fin de semana se vivirá una situación a la que no estamos acostumbrados y, para la que tampoco estamos preparados.

Yo voy muy seguido al mercado de la Merced pues ofrezco visitas guiadas para turistas extranjeros que quieren conocer la vida cotidiana del comercio de la Ciudad de México, sin embargo, muchos de mis amigos y vecinos, no se asoman por esos rumbos nunca.

Desde hace días vi que los botes de plástico que en el super mercado pueden superar los 500 pesos en precio, en la Merced estaban en 200.

Yo que no tengo tanto espacio para colocarlos, compré dos botes medianos, de aproximadamente 60 litros cada uno, que después podré utilizar como botes de basura para separar mis desechos de manera correcta. Mis botes costaron 90 pesos cada uno. Y justo esos mismos los había visto en el supermercado hace tiempo en 250 cada uno.

El ahorro es considerable, aunque yo valiéntemente me metí al metro con ellos, pero incluso para la gente que tuvo que pagar taxi o resolver cómo trasladar botes más grandes, el esfuerzo valía la pena pues, según me contaban, realmente estaban angustiados de que la promesa de las pipas gratuitas que el gobierno dice que abastecerán a la ciudad no se cumpla.

Después del metro, subí al metrobús para acercarme a hipsterland y una señora me preguntó cuánto me habían costado los botes. Le respondí con honestidad y su cara de asombro era muy grande. Me dijo que ella había visto botes como los míos en 300 pesos y los más grandes en 800 ¡Qué descaro! No puedo entender cómo las cadenas de supermercados tienen el cinismo de subir tanto los precios cuando se ha anunciado por todos los medios posibles que esta ciudad prácticamente parecerá Mordor y que si bien nos va, algunos podremos medio bañarnos en perfume pero mejor vayámonos haciendo a la idea que esto será un fin de semana de muertos más hippie que Woodstock.

Lo cierto es que mientras más me acercaba a mi privilegiado barrio, al que llamo cariñosamente hipsterland, la gente me veía más raro. Yo cargando mis botes para almacenar agua para los días de crisis y en mi colonia, que es una de las más de 400 que será afectada por el corte masivo del servicio de agua, nadie parece estar preocupado. En mi edificio hay cisterna y bomba pero yo preferí prevenir que lamentar porque ¿y si las pipas no fueran suficientes? Vivir sin agua en serio es algo que no resistiría.

Cuando abordé el metro, escuché a dos señoras que llevaban cada una 3 botes de 120 litros cada uno, hablar preocupadas del problema de escasez de agua en la Ciudad de México e irónicamente, eso me permitió mirar el lado bueno de la crisis. Por fin un problema tan grave estaba siendo parte de las conversaciones de millones de personas. En el metro, en el mercado, en la calle, en los medios, en las redes sociales. ¿Será que después de intentar sobrevivir a Mordor los próximos días por fin tomaremos en serio esta problemática?

Esto parece el anuncio de un apocalipsis chilango. El megacorte de agua afectará por igual a 482 colonias sin importar condición social ni privilegio alguno. Obviamente eso será difícil para hoteles, restaurantes y espacios rentados de airbnb y en uno de los fines de semana largos más importantes para el turismo: el de día de muertos. La CDMX se está preparando para el megacorte de agua de noviembre, por lo que además de las 650 pipas de agua, también contempla una serie de medidas para disminuir las afectaciones.
Más de 3 millones de personas serán afectadas… eso se traduce a que más de 3 millones de personas no podrán bañarse, o al menos no todos los días que dure la contingencia.

La Conagua aumentará un 15% el caudal, cinco días previos al corte para que los chilangos podamos llenar felices y contentos nuestros botes nuevos y ese caudal durará los cinco días posteriores al corte para volver a estabilizar la red de abasto.

Lo de las pipas no luce fácil porque los medios han informado que el reparto de pipas se hará a través de los coordinadores vecinales, por lo que no abastecerán agua a un solo domicilio, ya que la carga se distribuirá en la misma calle o calles aledañas.
La cosa estará así: el 31 de octubre se realizará el paro de 100% en el Cutzamala. El día 1 de noviembre faltará el agua en el 50% de la ciudad, pero se prevé que en los hogares, escuelas y hospitales tengan líquido almacenado.
Del 2 al 4 de noviembre: Al ser fin de semana, se buscará que escuelas, hospitales, reclusorios y asilos tengan llenos sus depósitos para el lunes 5.
4 de noviembre: Se restablecerá el servicio en el Cutzamala a las 5:00 am
Del 5 al 7 de noviembre: aunque los tanques de abastecimiento estarán llenos, la ciudad tendrá reservas disminuidas, por lo que el servicio se dará con horarios limitados.
8 de noviembre: se espera que el servicio ya esté estabilizado en la mayor parte de la red.

Así que si están pensando venir a pasar el fin de semana largo a la CDMX y no pueden viajar cargando sus tanques de agua, pues al menos traigan un buen desodorante y varias botellitas de perfume.

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 14 Octubre 2018 05:28

La fiesta del diseño en CDMX

Esta semana la Ciudad de México está de fiesta pues el diseño se ha apoderado de sus múltiples espacios públicos por dos eventos en particular: Design Week México y el Abierto Mexicano de Diseño, ambos liderados por importantes diseñadores. El primero es encabezado por Emilio Cabrera y el segundo, por Ariel Rojo. Pero vamos por partes porque aunque ambos eventos se realizan casi al mismo tiempo, lo cierto es que no son para nada iguales pues están enfocados en distintos públicos.

Design Week Mexico (DWM) trabajó de la mano con el Gobierno de la Ciudad de México para lograr la designación de Capital mundial del diseño, Ciudad de México 2018. Desde su primera edición en 2009, DWM ha potencializado el trabajo de diseñadores, arquitectos y profesionales creativos mexicanos y destacado el resurgimiento de la CDMX como ciudad del Siglo XXI a través de diseño reflexivo, prácticas comerciales colaborativas y compromiso comunitario.

Algo que me ha encantado del 2018 es que justamente al haber sido el año en el que nuestra ciudad fue designada como Capital Mundial del Diseño, hubo muchos eventos relacionados con el tema a lo largo del año. En uno de esos eventos, como les contaba hace algunas semanas, conocí a Charles Montgomery, creador del concepto “Happy City”.

También me encantó encontrar este año en la Feria de las Culturas amigas al diseño sostenible como uno de los protagonistas, y al Design Thinking, una de mis más recientes pasiones (sí, soy una ñoña del diseño como pueden ver).

La programación de WDC CDMX 2018 está enfocada  en profundizar la experiencia de habitar y transformar la ciudad a través de exposiciones y eventos culturales, con un compromiso de enfatizar la necesidad urgente de apuntar hacia el diseño sustentable. El objetivo del programa es promover el diseño y la producción creativa como motores de cambio social, económico y cultural.  Para esto, identificaron algunos de los desafíos urbanos del siglo XXI en seis ejes temáticos: habitante, espacio público, medio ambiente, movilidad, identidad y economía creativa.

Así que si pensabas que cuando hablamos de la CDMX como capital del diseño nos referimos a un evento trendy para encontrar cositas bonitas para tu casa, estás lejos de lo que en realidad ha significado un evento de esta magnitud.

La Organización Mundial del Diseño (WDO por sus siglas en inglés) es una organización internacional no gubernamental que promueve el diseño como una disciplina para mejorar la calidad de vida en las ciudades. WDO está conformada por asociaciones profesionales, sociedades e instituciones educativas con el objetivo común de impulsar la disciplina a nivel internacional para atender las necesidades de las personas y ayudar a mejorar la economía y la interacción social.

WDO inició el programa bienal de WDC en Torino, Italia en 2008. Después siguieron Seúl, Corea del Sur (2010), Helsinki, Finlandia (2012), Ciudad del Cabo, Sudáfrica (2014) y Taipéi, Taiwán (2016). En 2018 como ya lo dijimos, la ciudad designada fue CDMX y para el 2020 se ha elegido a la ciudad francesa de Lille.

Design Week México entonces es el cierre espectacular de todo un año de fiesta alrededor de estos ejes temáticos. Ha habido foros, congresos, conferencias, alianzas con universidades, exposiciones con diseñadores y arquitectos locales, exposiciones en los principales museos y hasta un foro de arquitectura en el Museo Nacional de Antropología.

Este fin de semana por ejemplo, los mejores despachos de diseño industrial y de mobiliario se dieron cita en el Parque Lincoln, en el corazón de Polanco, para exhibir en contenedores, las últimas tendencias en las que México está a la vanguardia internacional. Además, en la Expo Reforma, los jóvenes emprendedores del sector se dieron cita para dar a conocer hacia dónde van las nuevas propuestas del diseño mexicano.

La mayor parte de las actividades de la Design Week México se llevan a cabo en la zona de Polanco, Reforma y Lomas de Chapultepec, mientras que en el área del Centro Histórico de la Ciudad de México se llevan a cabo las actividades del Abierto Mexicano de Diseño, un evento que nació en 2013 también con la finalidad de dar a conocer las propuestas de los jóvenes diseñadores mexicanos, pero en un sentido más amplio, abarcando el diseño gráfico, de moda y las instalaciones artísticas.

El Abierto Mexicano de Diseño tiene en este 2018 su  sexta  edición y  es  un  festival  cuyo  objetivo  es  mostrar  cómo  el  diseño  puede  convertirse  en  una  herramienta  que  responda  a  las  problemáticas  culturales,  sociales,  ambientales,  económicas  y  políticas  que  nos  conciernen  a  todos.  El  tema  localidad  provoca  una  serie  de  reflexiones,  y  propuestas  dándole  dirección  a  la  curaduría  de  esta  edición. En  su  quinta  edición,  celebrada  en  el  2017,  logró  convocar  a  más  de  400  diseñadores  para  mostrar  su  trabajo  y  ser  parte  de  distintas  colaboraciones.  Recibió  a  más  de  un  millón  de  espectadores  en  todas  sus  actividades  en  espacio  público  y  privado.  En  una  edición  histórica  logró  ingresar  a  más  de  60  mil  visitantes  al  Museo  Nacional  de  Arte  (MUNAL),  el  Museo  Franz  Mayer,  el  Palacio  Postal,  el  Palacio  de  la  Autonomía,  el  Museo  de  las  Constituciones,  el  Museo  de  Memoria  y  Tolerancia  y  otros  recintos  que,  año  con  año,  se  han  sumado  a  la  máxima  celebración  del  diseño  en  México.    EJE  CENTRAL  AMD  2018  Este  año,  en  medio  de  un  contexto  de  cambio  político  y  del  nombramiento  de  la  Ciudad  de  México  como  World  Design  Capital  Mexico  City  2018,  el  AMD  asume  su  rol  de  programa  local,  tanto  en  el  contexto  de  la  Ciudad  de  México  como  en  el  del  Centro  Histórico,  y  se  suma  convocando  proyectos  desde  la  práctica  del  diseño  que  generen  un  cambio  cualitativo,  o  que  sean  sinónimo  de  calidad  local.  El  término  local  se  usa  para  designar  el  lugar  delimitado  geográfica,  política,  o  culturalmente,  y puede  referirse  a  una  ciudad  urbanizada  con  cientos  de  miles  de  habitantes  tanto  como  a  un  pequeño  pueblo  ubicado  en  una  zona  rural.  Cualquiera  de  estos  casos  tiene  sus  especificidades,  ya  que  cada  contexto  moldea  las  tradiciones  y  forma  de  vida. Su lema es: “Lo  local  es  lo  nuestro”.

Yo, como buena amante del diseño, me he tratado de partir en mil para asistir a las actividades de ambos festejos porque lo importante es que la ciudad se impregne de soluciones creativas para nuestros grandes desafíos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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