Elizabeth Palacios

Elizabeth Palacios

Domingo, 11 Noviembre 2018 05:31

Navega por un bosque en plena CDMX

Tal vez si escuchas la palabra “trajinera” siempre piensas en Xochimilco, fiesta y mucha cerveza. Tal vez piensas en lugares llenos de gente, altos precios y hasta mariachis flotando en pequeñas embarcaciones ofreciéndote música mexicana. Una experiencia para turistas. Sin embargo, en la Ciudad de México se puede pasear en estas embarcaciones tradicionales en un plan mucho más tranquilo y ecológico, incluso visitando un invernadero y aprendiendo sobre agricultura sustentable y no precisamente en Xochimilco sino en Tláhuac.

Hace una semana fui a Mixquic y en el camino vi trajineras y pregunté ¿qué no estamos en Milpa Alta? ¿o esto es Xochimilco? Entonces mis amigos me explicaron que existe otro lugar que se llama Lago de Los Reyes Aztecas y que pertenece a la alcaldía de Tláhuac. Por eso decidimos regresar.

Llegamos a las 10 de la mañana y nos dispusimos a pasear por los bosques de Ahuejotes y disfrutar el recorrido por los canales. Primer punto a favor: el precio por hora de trajinera es 40% menos que en Xochimilco. Estábamos del otro lado del lago y esta parecía ser una excelente alternativa porque no queríamos enfrentar multitudes. Nuestro objetivo era beber delicioso pulque y visitar un pueblo dedicado principalmente a la agricultura, cuyo fuerte es la producción del nopal pero también las hortalizas en las chinampas, igual que en Xochimilco.
Esta es una gran opción si quieres disfrutar de un día familiar. Si no tienes mucho tiempo, puedes pedir un paseo de una hora, ese será solo para recorrer canales cercanos y admirar algunas aves migratorias y locales. Si optas por el paseo de dos horas, podrás visitar un invernadero y comprar plantas y hortalizas frescas, además de que los lugareños te explicarán todo el proceso agrícola de esta práctica prehispánica de permacultura. Si eliges el paseo de tres horas podrás llegar hasta los ojos de agua, es decir, lugares donde brota agua cristalina todavía y hasta el Museo Vivo. El museo se ubica en una chinampa y allí puedes ver fotografías antiguas e incluso todos los artefactos prehispánicos que se han encontrado en los campos de cultivo de la zona.

Si quieres comer hay dos opciones: comprar unas quesadillas para llevarlas en el paseo ahí mismo en el embarcadero o llevar tu propia comida tipo picnic. O también puedes solo llevar botanas y al bajar, disfrutar de la gastronomía local, ya sea en los puestos del embarcadero o en los restaurantes del poblado de Tulyehualco. Si quieres pasar más tiempo y tienes antojo de mole, puedes aventurarte a llegar hasta San Pedro Atocpan, el pueblo donde se fabrica el mejor mole de la ciudad. Lo cierto es que no pasarás hambre.
También puedes pasar un excelente día en familia en el Parque de los Olivos, un mágico lugar donde hace más de 500 años se plantaron los primeros olivos del continente porque ¿sabías que Tulyehualco es un pueblo de productores de aceitunas y aceite de oliva? Admira los olivos centenarios y disfruta de las áreas verdes recreativas. Otra opción es agarrar las bicicletas o los patines y acercarse al Bosque de Tláhuac, donde puedes realizar todo tipo de actividades en familia.
Lo ideal es hacer esta experiencia en automóvil porque los sitios de interés están alejados unos de otros pero si no tienes coche, puedes llegar hasta el metro Tláhuac y de ahí tomar un taxi que te cobrará 35 pesos por llevarte hasta el embarcadero.
En domingo, llega al Lago de los Reyes Aztecas antes de las 4 de la tarde si quieres estar tranquilo, a partir de esa hora el lugar atrae a muchas personas. El ambiente familiar es mucho más apropiado en la mañana.

¿Qué opinas? ¡Lánzate a descubrir la cara rural de la Ciudad de México!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 28 Octubre 2018 05:30

Descubriendo Mixquic

Hoy debo hacer una confesión difícil para una chilanga de hueso colorado como soy yo. Resulta que mis vínculos con la parte rural de la Ciudad de México son muy escasos. Xochimilco es un lugar que me encanta pero es tal vez al único al que me he adentrado por tanto, no conozco prácticamente nada de las alcaldías de Milpa Alta y Tláhuac. En esta última se encuentra un pueblo que todavía no conozco y que la próxima semana pisaré por primera vez justo por algo que le ha dado fama a nivel internacional: su tradición para conmemorar el Día de Muertos.

Estoy hablando de Mixquic. Es un poblado pequeño que, fuera de este festejo pareciera no tener un gran encanto, sin embargo, para el Día de los Difuntos todo cambia y llegan visitantes de todos lados. El centro de todo el festejo es la iglesia y, por supuesto, el cementerio, que está junto a ésta pero llama la atención su sincretismo ya que, dentro de la Casa Cural se encuentra un antiguo templo prehispánico, donde está la piedra Miquiztli —que representa a la Muerte—, un Chac mool y unos aros del juego de pelota, llamados tlachtemalacatl. Esto no debe resultarnos extraño pues es bien sabido que como estrategia evangelizadora, los españoles construyeron los templos católicos sobre los antiguos templos prehispánicos.

Al lado se encuentra el templo de San Andrés, que fue construido en 1537 por los frailes franciscanos. La iglesia se derrumbó unos años después, pero fue reconstruida en 1600.

La festividad de Día de muertos es toda una tradición en Mixquic, que comienza desde septiembre: a finales de mes, los habitantes del lugar acuden al panteón a invitar a sus familiares y amigos que ya fallecieron, para que vengan el 2 de noviembre. Les llevan arreglos de flores y decoran sus tumbas.

En el primer día (31 de octubre) se pone la mesa para el altar de muertos, con un mantel, candeleros negros o blancos y velas. El segundo día (1 de noviembre) suenan las campanas a las 12:00 del día, las cuales anuncian la llegada de las ánimas de los niños y adultos.

En los altares nunca deben de faltar sal (para el alimento y representación de la tierra como elemento de la naturaleza), agua (para la sed), veladoras (para alumbrar el camino), y por último, flor de cempasúchitl para adornar. La ofrenda se complementa con fruta, hojaldras, y en el caso de los niños, las figuritas de los xoloscuincles (perros) que guiarán sus almas por el inframundo. Flores blancas que representan la pureza de los niños y amarillas que iluminan a los adultos para que no se pierdan en el camino.

En el tercer día (2 de noviembre) se realiza la famosa “Alumbrada” en el panteón, donde se rinde homenaje a los muertos que dejaron un recuerdo en este mundo. A partir de las siete de la noche la gente llega a las tumbas decoradas con flores y encienden cirios. El panteón se llena de luz para mostrarle el camino a los muertos. En medio del panteón se encuentra el Templo de San Andrés, el cual cuenta con un retablo y un techo que vale la pena conocer.

Por último el día (3 de noviembre) los vecinos van de casa en casa intercambiando fruta, pan y comida, con lo que se da como concluida la festividad de día de los muertos.

Mixquic es uno de los lugares en México que más poder de convocatoria tiene durante el Día de Muertos. Año con año, este pueblo mágico de la Delegación Tláhuac recibe a sus difuntos con las tradicionales ofrendas y "La Alumbrada".
Todas las casas se impregnan de los olores que desprende la flor de cempasúchil, la frutas, el sahumerio con incienso y las veladoras. Es raro quien no coloca un altar, pues es una costumbre que se hereda de generación en generación.
Se dice que las tradiciones de honrar a los muertos con ofrendas comenzó en la época prehispánica cuando los pobladores de esta zona colocaban agua, sal, rajas de ocote y pescado fresco en las chinampas en donde enterraban a sus difuntos.
El ritual para recibir a las ánimas inicia desde mediados del mes de octubre pues los habitantes de Mixquic hacen una limpieza especial en sus casas: lavan pisos y paredes y le dan brillo a las mesas.
Para el 31 de octubre todo está listo, ya que según sus creencias a las 12 del día es el momento en el que llegan los niños. De acuerdo con la tradición, el agua se coloca porque los muertos recorren un camino muy largo para llegar con sus familiares y con eso mitigan su sed. La sal significa purificación, para que el alma no se corrompa en su viaje de ida y vuelta el año siguiente, y el sahumerio con incienso aleja a los malos espíritus y sirve como guía olfativa para que los fieles difuntos lleguen a sus hogares.
Para el 1 de noviembre la ofrenda se enriquece. A las 12 del día se van los niños y a las 3 de la tarde llegan los adultos. Se riegan los pétalos de la flor de cempasúchil y se coloca el pan de muerto y mucha fruta, principalmente manzana, plátano, naranja y caña.
Mucha gente acostumbra hacer tamales de dulce, de chile y chacualole, que es la calabaza con tejocote, guayaba, caña y piloncillo porque se dice que así lo comían sus abuelos. La verdad tengo la esperanza de probar alguno de estos.
Algo que no puede faltar es el platillo típico de Mixquic: el mixmole (mole de pescado). Anteriormente se preparaba con atlacuetzon, una planta que flotaba en los canales que había en la zona, pero hoy en día la gente la sustituye con acelga y le agrega tomate, epazote, pescado, chile verde o rojo y se guisa con manteca.
El banquete también incluye la bebida favorita del difunto, una de las más populares de la zona es el pulque pero también la cerveza y hasta tequila o brandy.
Otra de las costumbres que aún se conservan en Mixquic es ‘El Campanero’. La noche del 1 de noviembre, las familias salen con los niños para pedir su calavera. El recorrido lo alumbran con una calavera de chilacayote que rascan por dentro para meterle una vela y llevan campanas que en todo momento hacen repicar.
Los grupos de niños y adultos pasan de casa en casa para rezar en las ofrendas . Cuando terminan de orar todos cantan ‘a las ánimas benditas les prenden velas pequeñas, y todos cantan: “campanero mi tamal, no me den de la ofrenda porque me hace mal’ y les dan pan, fruta o tamales.
La fiesta de Día de Muertos termina con la famosa ‘Alumbrada’ que realizan el 2 de noviembre en el Panteón Iglesia de Mixquic.
Si bien yo no he ido a este pueblo y estoy muy emocionada porque por primera vez lo visitaré este año, me puse a investigar y encontré que desde temprana hora, el día de la Alumbrada, la gente sube a limpiar las tumbas, a adornarlas con flor de cempasúchil y a colocar en cada esquina un candelabro con su vela. “Esta tradición tiene dos significados: que se está alumbrando el retorno de los fieles difuntos y la presencia de dios”, según algunos testimonios de pobladores del lugar.
Cada año, las autoridades de la alcaldía de Tláhuac esperan la visita de más de 100 mil personas entre el 1 y el 2 de noviembre. Cabe resaltar que no es para nada fácil llegar a este lugar.

Si ustedes irán en coche (o uber) como lo haré yo, hay que tomar la Avenida Periférico Sur hasta llegar a la Avenida Tláhuac, una vez en Tláhuac dirigirse a Mixquic
Otra alternativa, si el punto de partida es el centro de la Ciudad de México es llegar a la Avenida Taxqueña y seguir todo derecho hasta llegar a la Avenida Tláhuac, una vez en Tláhuac dirigirse a Mixquic
Y si vienes de la zona oriente, hay que tomar la autopista México-Puebla con dirección a la carretera Chalco- Mixquic.

En transporte público también se puede llegar pero prepárate para un largo camino. Desde el paradero norte del metro Taxqueña sale un camión que va directamente a Mixquic. Otra alternativa es tomar la Ruta 44, 56 dirección Tulyehualco. Una vez que está en Tulyehualco, Ruta 50 hacia Mixquic. Hay que señalar que este pueblo, Tulyehualco es famoso por su producción de Amaranto así que seguro la visita valdrá la pena.

Otra manera es llegar desde Xochimilco, concretamente de la estación del tren ligero Francisco Goitia. Ahí se puede tomar la Ruta 20 también con dirección a Tulyehualco y ahí tomar la ruta 50 que te lleva a Mixquic, esta ruta también puede tomarse en Chalco, Estado de México.

Otra alternativa es llegar en metro, a la estación Tláhuac de la línea 12 y de ahí tomar un colectivo que llega hasta Mixquic. También de la estación Santa Martha Acatitla salen.
La próxima semana les prometo una crónica completa de mi primera visita al lado rural de la alcaldía de Tláhuac en día de muertos… manden buenas vibras para mi aventura en Mixquic.

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 21 Octubre 2018 05:42

Sequía anunciada

Empiezo a teclear esta columna justo mientras me refresco y descanso después de pasar la mañana en el mercado de la Merced, en el centro histórico de la Ciudad de México. Aunque es normal que los sábados aquello se ponga muy difícil por la gran cantidad de gente que acude a este mercado a abastecerse de víveres para la semana, este día fue especialmente complicado pues muchos queríamos abordar el metro mientras llevábamos compras poco usuales: enormes botes de plástico.

Familias numerosas que iban hasta con cuatro o más niños acudieron desesperadas a esta zona de la ciudad por su fama de tener precios accesibles en todo. En esta ocasión buscaban pagar un precio justo por algo que la próxima semana será el bien más preciado de una casa: un bote de plástico para almacenar agua.

Quizá para la gente de la zona oriente de la ciudad esto no sea algo nuevo, sin embargo, para quienes vivimos en lugares donde normalmente el agua no escasea (o si pasa no nos damos cuenta pues vivimos en edificios con cisternas, bombas eléctricas potentes o simplemente los que administran nuestros conjuntos modernos se encargan de llamar a las pipas y resolver el problema) el próximo fin de semana se vivirá una situación a la que no estamos acostumbrados y, para la que tampoco estamos preparados.

Yo voy muy seguido al mercado de la Merced pues ofrezco visitas guiadas para turistas extranjeros que quieren conocer la vida cotidiana del comercio de la Ciudad de México, sin embargo, muchos de mis amigos y vecinos, no se asoman por esos rumbos nunca.

Desde hace días vi que los botes de plástico que en el super mercado pueden superar los 500 pesos en precio, en la Merced estaban en 200.

Yo que no tengo tanto espacio para colocarlos, compré dos botes medianos, de aproximadamente 60 litros cada uno, que después podré utilizar como botes de basura para separar mis desechos de manera correcta. Mis botes costaron 90 pesos cada uno. Y justo esos mismos los había visto en el supermercado hace tiempo en 250 cada uno.

El ahorro es considerable, aunque yo valiéntemente me metí al metro con ellos, pero incluso para la gente que tuvo que pagar taxi o resolver cómo trasladar botes más grandes, el esfuerzo valía la pena pues, según me contaban, realmente estaban angustiados de que la promesa de las pipas gratuitas que el gobierno dice que abastecerán a la ciudad no se cumpla.

Después del metro, subí al metrobús para acercarme a hipsterland y una señora me preguntó cuánto me habían costado los botes. Le respondí con honestidad y su cara de asombro era muy grande. Me dijo que ella había visto botes como los míos en 300 pesos y los más grandes en 800 ¡Qué descaro! No puedo entender cómo las cadenas de supermercados tienen el cinismo de subir tanto los precios cuando se ha anunciado por todos los medios posibles que esta ciudad prácticamente parecerá Mordor y que si bien nos va, algunos podremos medio bañarnos en perfume pero mejor vayámonos haciendo a la idea que esto será un fin de semana de muertos más hippie que Woodstock.

Lo cierto es que mientras más me acercaba a mi privilegiado barrio, al que llamo cariñosamente hipsterland, la gente me veía más raro. Yo cargando mis botes para almacenar agua para los días de crisis y en mi colonia, que es una de las más de 400 que será afectada por el corte masivo del servicio de agua, nadie parece estar preocupado. En mi edificio hay cisterna y bomba pero yo preferí prevenir que lamentar porque ¿y si las pipas no fueran suficientes? Vivir sin agua en serio es algo que no resistiría.

Cuando abordé el metro, escuché a dos señoras que llevaban cada una 3 botes de 120 litros cada uno, hablar preocupadas del problema de escasez de agua en la Ciudad de México e irónicamente, eso me permitió mirar el lado bueno de la crisis. Por fin un problema tan grave estaba siendo parte de las conversaciones de millones de personas. En el metro, en el mercado, en la calle, en los medios, en las redes sociales. ¿Será que después de intentar sobrevivir a Mordor los próximos días por fin tomaremos en serio esta problemática?

Esto parece el anuncio de un apocalipsis chilango. El megacorte de agua afectará por igual a 482 colonias sin importar condición social ni privilegio alguno. Obviamente eso será difícil para hoteles, restaurantes y espacios rentados de airbnb y en uno de los fines de semana largos más importantes para el turismo: el de día de muertos. La CDMX se está preparando para el megacorte de agua de noviembre, por lo que además de las 650 pipas de agua, también contempla una serie de medidas para disminuir las afectaciones.
Más de 3 millones de personas serán afectadas… eso se traduce a que más de 3 millones de personas no podrán bañarse, o al menos no todos los días que dure la contingencia.

La Conagua aumentará un 15% el caudal, cinco días previos al corte para que los chilangos podamos llenar felices y contentos nuestros botes nuevos y ese caudal durará los cinco días posteriores al corte para volver a estabilizar la red de abasto.

Lo de las pipas no luce fácil porque los medios han informado que el reparto de pipas se hará a través de los coordinadores vecinales, por lo que no abastecerán agua a un solo domicilio, ya que la carga se distribuirá en la misma calle o calles aledañas.
La cosa estará así: el 31 de octubre se realizará el paro de 100% en el Cutzamala. El día 1 de noviembre faltará el agua en el 50% de la ciudad, pero se prevé que en los hogares, escuelas y hospitales tengan líquido almacenado.
Del 2 al 4 de noviembre: Al ser fin de semana, se buscará que escuelas, hospitales, reclusorios y asilos tengan llenos sus depósitos para el lunes 5.
4 de noviembre: Se restablecerá el servicio en el Cutzamala a las 5:00 am
Del 5 al 7 de noviembre: aunque los tanques de abastecimiento estarán llenos, la ciudad tendrá reservas disminuidas, por lo que el servicio se dará con horarios limitados.
8 de noviembre: se espera que el servicio ya esté estabilizado en la mayor parte de la red.

Así que si están pensando venir a pasar el fin de semana largo a la CDMX y no pueden viajar cargando sus tanques de agua, pues al menos traigan un buen desodorante y varias botellitas de perfume.

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 14 Octubre 2018 05:28

La fiesta del diseño en CDMX

Esta semana la Ciudad de México está de fiesta pues el diseño se ha apoderado de sus múltiples espacios públicos por dos eventos en particular: Design Week México y el Abierto Mexicano de Diseño, ambos liderados por importantes diseñadores. El primero es encabezado por Emilio Cabrera y el segundo, por Ariel Rojo. Pero vamos por partes porque aunque ambos eventos se realizan casi al mismo tiempo, lo cierto es que no son para nada iguales pues están enfocados en distintos públicos.

Design Week Mexico (DWM) trabajó de la mano con el Gobierno de la Ciudad de México para lograr la designación de Capital mundial del diseño, Ciudad de México 2018. Desde su primera edición en 2009, DWM ha potencializado el trabajo de diseñadores, arquitectos y profesionales creativos mexicanos y destacado el resurgimiento de la CDMX como ciudad del Siglo XXI a través de diseño reflexivo, prácticas comerciales colaborativas y compromiso comunitario.

Algo que me ha encantado del 2018 es que justamente al haber sido el año en el que nuestra ciudad fue designada como Capital Mundial del Diseño, hubo muchos eventos relacionados con el tema a lo largo del año. En uno de esos eventos, como les contaba hace algunas semanas, conocí a Charles Montgomery, creador del concepto “Happy City”.

También me encantó encontrar este año en la Feria de las Culturas amigas al diseño sostenible como uno de los protagonistas, y al Design Thinking, una de mis más recientes pasiones (sí, soy una ñoña del diseño como pueden ver).

La programación de WDC CDMX 2018 está enfocada  en profundizar la experiencia de habitar y transformar la ciudad a través de exposiciones y eventos culturales, con un compromiso de enfatizar la necesidad urgente de apuntar hacia el diseño sustentable. El objetivo del programa es promover el diseño y la producción creativa como motores de cambio social, económico y cultural.  Para esto, identificaron algunos de los desafíos urbanos del siglo XXI en seis ejes temáticos: habitante, espacio público, medio ambiente, movilidad, identidad y economía creativa.

Así que si pensabas que cuando hablamos de la CDMX como capital del diseño nos referimos a un evento trendy para encontrar cositas bonitas para tu casa, estás lejos de lo que en realidad ha significado un evento de esta magnitud.

La Organización Mundial del Diseño (WDO por sus siglas en inglés) es una organización internacional no gubernamental que promueve el diseño como una disciplina para mejorar la calidad de vida en las ciudades. WDO está conformada por asociaciones profesionales, sociedades e instituciones educativas con el objetivo común de impulsar la disciplina a nivel internacional para atender las necesidades de las personas y ayudar a mejorar la economía y la interacción social.

WDO inició el programa bienal de WDC en Torino, Italia en 2008. Después siguieron Seúl, Corea del Sur (2010), Helsinki, Finlandia (2012), Ciudad del Cabo, Sudáfrica (2014) y Taipéi, Taiwán (2016). En 2018 como ya lo dijimos, la ciudad designada fue CDMX y para el 2020 se ha elegido a la ciudad francesa de Lille.

Design Week México entonces es el cierre espectacular de todo un año de fiesta alrededor de estos ejes temáticos. Ha habido foros, congresos, conferencias, alianzas con universidades, exposiciones con diseñadores y arquitectos locales, exposiciones en los principales museos y hasta un foro de arquitectura en el Museo Nacional de Antropología.

Este fin de semana por ejemplo, los mejores despachos de diseño industrial y de mobiliario se dieron cita en el Parque Lincoln, en el corazón de Polanco, para exhibir en contenedores, las últimas tendencias en las que México está a la vanguardia internacional. Además, en la Expo Reforma, los jóvenes emprendedores del sector se dieron cita para dar a conocer hacia dónde van las nuevas propuestas del diseño mexicano.

La mayor parte de las actividades de la Design Week México se llevan a cabo en la zona de Polanco, Reforma y Lomas de Chapultepec, mientras que en el área del Centro Histórico de la Ciudad de México se llevan a cabo las actividades del Abierto Mexicano de Diseño, un evento que nació en 2013 también con la finalidad de dar a conocer las propuestas de los jóvenes diseñadores mexicanos, pero en un sentido más amplio, abarcando el diseño gráfico, de moda y las instalaciones artísticas.

El Abierto Mexicano de Diseño tiene en este 2018 su  sexta  edición y  es  un  festival  cuyo  objetivo  es  mostrar  cómo  el  diseño  puede  convertirse  en  una  herramienta  que  responda  a  las  problemáticas  culturales,  sociales,  ambientales,  económicas  y  políticas  que  nos  conciernen  a  todos.  El  tema  localidad  provoca  una  serie  de  reflexiones,  y  propuestas  dándole  dirección  a  la  curaduría  de  esta  edición. En  su  quinta  edición,  celebrada  en  el  2017,  logró  convocar  a  más  de  400  diseñadores  para  mostrar  su  trabajo  y  ser  parte  de  distintas  colaboraciones.  Recibió  a  más  de  un  millón  de  espectadores  en  todas  sus  actividades  en  espacio  público  y  privado.  En  una  edición  histórica  logró  ingresar  a  más  de  60  mil  visitantes  al  Museo  Nacional  de  Arte  (MUNAL),  el  Museo  Franz  Mayer,  el  Palacio  Postal,  el  Palacio  de  la  Autonomía,  el  Museo  de  las  Constituciones,  el  Museo  de  Memoria  y  Tolerancia  y  otros  recintos  que,  año  con  año,  se  han  sumado  a  la  máxima  celebración  del  diseño  en  México.    EJE  CENTRAL  AMD  2018  Este  año,  en  medio  de  un  contexto  de  cambio  político  y  del  nombramiento  de  la  Ciudad  de  México  como  World  Design  Capital  Mexico  City  2018,  el  AMD  asume  su  rol  de  programa  local,  tanto  en  el  contexto  de  la  Ciudad  de  México  como  en  el  del  Centro  Histórico,  y  se  suma  convocando  proyectos  desde  la  práctica  del  diseño  que  generen  un  cambio  cualitativo,  o  que  sean  sinónimo  de  calidad  local.  El  término  local  se  usa  para  designar  el  lugar  delimitado  geográfica,  política,  o  culturalmente,  y puede  referirse  a  una  ciudad  urbanizada  con  cientos  de  miles  de  habitantes  tanto  como  a  un  pequeño  pueblo  ubicado  en  una  zona  rural.  Cualquiera  de  estos  casos  tiene  sus  especificidades,  ya  que  cada  contexto  moldea  las  tradiciones  y  forma  de  vida. Su lema es: “Lo  local  es  lo  nuestro”.

Yo, como buena amante del diseño, me he tratado de partir en mil para asistir a las actividades de ambos festejos porque lo importante es que la ciudad se impregne de soluciones creativas para nuestros grandes desafíos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 07 Octubre 2018 05:36

El éxodo innegable

Esta semana se dieron a conocer los nombres de las personas ganadoras del Premio de Periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez, en Colombia. Llamó mi atención especialmente el trabajo colectivo que dos medios, uno colombiano y uno venezolano, hicieron sobre un fenómeno que está impactando seriamente a Sudamérica: el éxodo de venezolanos buscando una mejor calidad de vida en otros países.

El principal destino de la migración venezolana, derivada de la asfixiante crisis económica que se vive en el país gobernado por Nicolás Maduro, es Colombia. Hace pocos días una amiga me contó que la inseguridad en Bogotá se ha incrementado considerablemente debido a la alta cantidad de personas venezolanas que viven en situación de calle en la capital colombiana y que, tristemente, al no encontrar empleo, se ven tentados por las actividades ilícitas como el robo a transeúntes. Allá no se puede sacar el celular, dice mi amiga, porque te lo pueden simplemente arrebatar en cualquier calle.

El trabajo periodístico galardonado lleva el título de “Venezuela a la fuga” y trata de recorrer las rutas más comunes que usan los migrantes venezolanos para salir de su país. La historia más larga que se cuenta en video, es un mini documental que narra la historia de una enfermera que sale con rumbo a Lima. Los periodistas viajaron con ella mientras va relatando los motivos de su viaje, sus expectativas, la vida cotidiana de hambre y carencias que se lleva en Venezuela, además de ir retratando la travesía de más de 40 horas para que ella pudiera primero llegar a Ecuador y luego, de allí trasladarse a Lima, en Perú.

Su sueño era trabajar como enfermera, como profesional de la salud, que es lo que estudió en su país. Al final, el documental nos relata que trabaja en un Call Center y que todavía no ha podido cumplir su sueño de sacar a sus hijos y esposo para que la alcancen en Lima.

Otra historia es la de una pareja de jóvenes cuyo destino final es Buenos Aires, Argentina, que se ha convertido para los venezolanos en lo que Miami fue en su momento para los Cubanos. Y sí, hay similitudes con Cuba, al grado de que los venezolanos que salen con destino a Curazao en lancha ya son conocidos como “los nuevos balseros de Latinoamérica”.

Pasé todo un día viendo videos, leyendo crónicas, mirando infografías y cifras con datos alarmantes de esta migración masiva generada por una crisis humanitaria que está llevando al colapso a Venezuela y metiendo en aprietos a los países receptores de migrantes. La mayoría son migrantes calificados, profesionales, gente con estudios y competencias que en cualquier lado deberían ser suficientes para garantizarles una vida digna, sin embargo, que el fenómeno sea masivo y que no existan políticas públicas enfocadas a dejar de criminalizar la migración, hace que estas personas hoy en día tengan que vivir en las calles de Bogotá, o ejerciendo la prostitución en pequeños pueblos del Caribe colombiano, o trabajando en puestos menores en ciudades como Lima, Santiago, Buenos Aires o Quito.

¿Por qué se van? La respuesta siempre es la misma: por comida. Venezuela, un país que en tiempos remotos fue de los más ricos de la región por su ya sabido poder petrolero, hoy está mirando como sus hijos se van en masa, y cómo los que quedan -niños y ancianos- no tienen más remedio que seguir padeciendo hambre, escasez de medicinas, racionamiento de la energía eléctrica y angustia por el incremento de la violencia, particularmente en las ciudades.

Viajar a Venezuela, algo que podría ayudar a la gente, se ha vuelto también algo peligroso, pues ante la inverosímil inflación venezolana, cualquiera puede arriesgarse a coger un arma para robar a alguien por arrebatarle unos cuantos dólares.

Ver y leer todo esto sobre Venezuela me hizo recordar que no, no siempre hacer una maleta es sinónimo de alegría y excitación por conocer nuevos destinos y vivir nuevas aventuras. Las maletas que los venezolanos hacen, esas en las que cabe su vida entera, son las más tristes que haya visto hace mucho tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 30 Septiembre 2018 05:29

Escapadas necesarias

Estoy convencida de que muchas veces, las mujeres hemos sido educadas para abandonarnos. Nos volcamos en el cuidado de los otros y olvidamos a tal grado nuestras necesidades, que nos acostumbramos al cansancio y al dolor que sin darnos cuenta éste conlleva.

El turismo del bienestar ha tomado una fuerza impresionante en los últimos años y esta semana justamente descubrí el motivo. No tenía idea de lo verdaderamente reparador que puede ser dedicar un día entero a atender todo eso que has ido olvidando de tu cuerpo y tu energía y que, nos guste o no, tarde o temprano se fue convirtiendo en dolencias y hasta enfermedades que pueden ser muy serias.

Hace dos semanas perdí mi empleo principal. La crisis que sufre la industria de los medios finalmente dio justo en el blanco y tiró a matar una flecha que no me había dado cuenta el daño tan profundo que había hecho en mí. Por fortuna, muchos amigos y amigas acudieron a preguntar cómo podían ayudarme a pasar el trago amargo. Soy realmente muy afortunada al contar con gente tan generosa.

Todos ayudaron con lo que han podido y con lo que su particular personalidad les ha permitido también pero una persona, que curiosamente no es precisamente una amiga cercana sino más bien una muy honesta admiradora de mi trabajo, me dio un regalo realmente importante: un masaje relajante.

Si he tenido un reto en la vida siempre ha sido el poder pedir y aceptar ayuda. Como señalé arriba, las mujeres hemos sido educadas para cuidar de los demás, pero tristemente nunca para pensar en cuidar de nosotras mismas.

Esta vez decidí aceptar con humildad y agradecimiento la ayuda que poco a poco iba fluyendo, en medio de la montaña rusa de emociones que acompañaba el inicio de mi proceso de duelo.

Y justo esa fue la primera palabra que surgió en mi conversación con Susana, la terapeuta con la que amablemente mi amiga Carolina me mandó como un regalo amoroso y una enorme muestra de sororidad que agradezco infinitamente.

Por supuesto, en cualquier otro momento habría sido incapaz de regalarme una terapia de relajación, a pesar de saber que mi cuerpo ya tenía meses resintiendo el alto nivel de estrés. Tristemente, uno decide desatender lo importante para ir avanzando en lo que se considera urgente, en mi caso un trabajo que al final resultó ser un amante ingrato que un día sólo me abrió la puerta para dejarme ir.

Afortunadamente, en medio de todas las muestras de apoyo y solidaridad que recibí, apareció Carolina para regalarme un masaje relajante con Susana.

Llegar al lugar donde Susana me atendió, rodeada de plantas y frescura, ya fue algo que rompió con mi rutina de las últimas dos semanas que ha sido un cúmulo de vaivenes entre la tristeza, la angustia, el coraje y la soledad. Y todas esas emociones negativas habían sido la punta del iceberg de nudos y contracturas que tenían un clarísimo y terrible origen: el estrés.

Empezó por mi espalda y el dolor afloró desde el día uno, bajó por toda mi columna y la cosa no se puso mejor. Ni les cuento los hombros, creo que eso de cargar con la responsabilidad de dirigir un equipo y llevar tantos meses preocupada de que ellos no perdieran el empleo me llevó no sólo a perder el mío, también a tener un peso real y no sólo imaginario sobre mi espalda y hombros.

Cuando las manos de Susana fueron bajando hacia mis gluteos, muslos y pantorrillas, el dolor me iba revelando también años de tensión sexual atrapada y deseos reprimidos. No es un secreto que tengo un crush no correspondido hace mucho tiempo y la tensión de mis músculos en esa zona también parecía tener mucho que decirme al respecto.

Pero la parte preocupante fue cuando mi terapeuta me pidió voltearme boca arriba y comenzó a dar masaje en mis brazos, evidentes conductores del torrente sanguíneo. Mis arterias estaban tensas y duras, particularmente en brazo, pecho y axila del costado izquierdo. Fue imposible no pensar que estaba al borde de un infarto.

¿Hasta dónde es uno capaz de sodomizar esta cultura del estrés laboral? ¿Hasta cuándo vamos a dejar silenciados estos avisos naturales de nuestro cuerpo?

Fue inevitable sentirme culpable porque en todos estos años como viajera jamás me había realmente dado la oportunidad de regalarme una escapada de sanación. Ahora entendía por qué el turismo de bienestar está en auge y además porqué es caro, pues realmente su valor curativo supera en mucho a su precio.

Yo no tuve que ir lejos de mi ciudad para recibir este maravilloso regalo que sigo agradeciendo a mi amiga Carolina, y estoy segura que incluso ni siquiera es necesario ir de viaje para podernos acercar a los beneficios de los masajes relajantes y curativos, de la medicina alternativa y las terapias que atienden nuestra salud emocional. Les invito a comprobarlo en carne propia, sobre todo si como yo, están pasando por una etapa de duelo profundo. Amigas, no olviden que para seguir con nuestras andanzas femeninas, debemos cuidarnos nosotras mismas y no solo vivir para cuidar de los demás.

 

Domingo, 23 Septiembre 2018 05:45

Viajar como estilo de vida

Ser viajero es un estilo de vida. Suena fácil pero no lo es. No se trata de haber ido una vez a algún sitio o de conocer cientos de lugares en el mundo. Se trata de aprender a habitar los lugares que visitamos, a integrarnos y mimetizarnos con el entorno, la comida, los aromas y los hábitos de quienes le dan vida a cada pueblo, bosque, costa o ciudad que pisemos.

Un turista es esa persona que viaja cuando tiene posibilidades (vacaciones, dinero, condiciones, etc.) y que tal vez se transforma momentáneamente, durante una semana o dos, pero en esencia, su vida sigue intacta cuando vuelve a la rutina de su lugar de origen.

Un viajero en cambio, es aquella persona que tiene un espíritu tan flexible que sabe cómo mimetizarse en cada destino que decide explorar. Como diría mi madre: a la tierra que fueres, haz lo que vieres.

Yo me considero una viajera incluso cuando no estoy viajando. ¿Cómo es eso? Bueno pues déjenme explicarlo con manzanas.

Para mí viajar es un estilo de vida que, incluso en mi ciudad natal, puede determinar las decisiones que tomo cada día. Lo que yo considero que uno debe llevar, junto al pasaporte y la mochila, es el espíritu curioso incansable y ese en nuestra vida cotidiana tampoco debe descansar.

Así, aunque vivo en la zona Roma Condesa, en la Ciudad de México hace ya 11 años, cada que camino por sus parques, o abren un nuevo café o llega un evento al vecindario, yo salgo a las calles a disfrutarlo como si estuviera viajando, con el mismo entusiasmo y la misma energía.

Lo mismo me pasa con la comida. En cada mercado de la ciudad uno puede descubrir sabores distintos y sentir que está viajando por los múltiples rincones de México, incluso si no se ha movido de su propio vecindario.

Otra manera de viajar es a través de la gastronomía, por tanto, si se tiene la oportunidad de vivir en una ciudad tan cosmopolita como la CDMX, un día se puede visitar Tailandia, otro Indonesia, la India, China, Líbano, España, Francia, Portugal o Argentina. Uno puede ir a cualquier sitio con el paladar.

¡No te deprimas si no saliste de vacaciones en este verano! Pues si vives experiencias únicas a través de tus sentidos siempre podrás tener el estilo de vida de un viajero. Lo mismo a través de la comida que con la música, el baile, los museos, el deporte o las actividades culturales.

Abre tu mente y disfruta todas las nuevas experiencias que te ofrezca tu entorno, lo mismo si estás de viaje que si estás en tu ciudad natal.

Cada sabor, cada coctel, cada cerveza, mezcal, tequila o pulque puede ser una experiencia en sí misma. No te pierdas de esto haciendo siempre lo mismo, innova y descubre, ese es el espíritu viajero y ese vive en ti, incluso si no has podido salir aún de tu ciudad.

 

Domingo, 26 Agosto 2018 05:31

Educando los bolsillos de un viajero

Últimamente he andado bien distraída, como en las nubes y es que… ¡no he podido viajar! Y la verdad ya traigo un síndrome de abstinencia de vuelos que está afectando el resto de mi vida. Pero ¿por qué no he podido viajar? Pues porque no tengo dinero. Así de simple. Así de cruel. Por eso hoy les voy a hablar un poco sobre la educación financiera que a mí y a todos nos falta para poder cumplir nuestros sueños viajeros.

Estoy segura que te pasa con frecuencia, como a muchos de nosotros, que faltan aun casi una semana para fin de mes y tu cartera ya está vacía. Y es que mucho se ha criticado a las y los jóvenes que parece que nos urge gastarnos el dinero como si nos quemara las manos en cuanto llega pero lo cierto es que tal vez jamás hemos recibido en México una educación financiera adecuada.

Tampoco se trata de echarle la culpa a nadie y sólo tirarnos a llorar o a lamentarnos por no haber nacido en cuna de oro pues nunca es tarde para aprender aunque sería mucho más fácil y benéfico, tanto en el presente como en el futuro, si la educación financiera fuera parte de una política pública para fomentar el desarrollo humano y económico.

Y es que, de acuerdo con la OCDE, la educación financiera “es el proceso mediante el cual los individuos adquieren una mejor comprensión de los conceptos y productos financieros y desarrollan las habilidades necesarias para tomar decisiones informadas, evaluar riesgos y oportunidades financieras, y mejorar su bienestar

Entonces ¿por qué nos importa tan poco?

Un estudio de la consultora Price Waterhouse Coopers reveló que 54% de las y los millennials expresaron preocupación cuando se les preguntó sobre su habilidad para manejar su deuda; 53% de ellos dijo tener tarjetas de crédito sobregiradas y 50% no podría atender ningún imprevisto porque carece de ahorros o de algún seguro.

No olvidemos que las nuevas generaciones aprendieron esta información negativa en casa, considerando que 90.4% de los mexicanos dicen haber recibido educación para el ahorro de parte de sus padres. Tal parece que ahí hay un foco rojo… tal vez es momento de generar espacios y políticas para formalizar la educación financiera no? Porque evidentemente las “soluciones” que nos enseñan en casa como la alcancía o el colchón o ahora los hipsters maison jars con etiquetas, no harán crecer nuestro dinero.

Y es que resulta increíble que hoy, en plena época de las criptomonedas y los pagos en línea, los mexicanos sigan prefiriendo traer efectivo en la cartera, pagar en abonos, participar en tandas y meter sus ahorros bajo el colchón.

La consecuencia que nos duele aceptar es que las y los jóvenes llegamos a la vida laboral sin saber prácticamente nada en temas como ahorro, inversión o endeudamiento, entonces ¿qué es lo único que sabemos sobre el dinero? ¡pues gastar! y es que sólo nos quedamos con la información que recibimos de familiares y amigos o de los golpes que nos va dando en la vida.

Los expertos en finanzas opinan que en México también se necesita crear contenido sobre educación financiera que sean digerible para más personas, ahora aprovechando que todo se puede consumir a través de internet.

Otra triste verdad es que el mundo de las finanzas y sus extensiones están llenos de prejuicios y desconocimiento.

México sigue manifestando tasas muy altas en materia de sub-bancarización. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), casi el 56% por ciento de la ciudadanía con cuenta con ningún tipo de cuenta bancaria (en parte por la importancia de la economía informal); solamente el 25 % de las y los adultos cuenta con algún tipo de seguro, el 41% con una cuenta de ahorro y se estima que el 60% de los préstamos provienen de amigos y familiares.

Pero ¿por qué no somos fans los mexicanos de los bancos? Pues porque nos cobran mucho por todo. Según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de los Servicios Financieros, México ocupa el tercer lugar entre 10 países latinoamericanos en materia de cobros de comisiones por parte de instituciones financieras, lo que podría mantener un cierto desincentivo para las personas usuarias de servicios financieros

En la actualidad, en nuestro país los actores financieros carecen de obligación en materia de educación financiera. El Estado tampoco está proveyendo las herramientas eficientes en la materia. La poca información existente y difundida tímidamente está enfocada a una población adulta o mayor pero ¿y los jóvenes? ¿Los niños?

Con el fin de desplegar más capacidades desde la ciudadanía, valdría la pena reflexionar alrededor de una contribución o de un incentivo fiscal de las propias instituciones financieras para el financiamiento de estrategias de educación financiera, conjuntamente con el Estado desde una visión de corresponsabilidad social

Sin duda, vale la pena promover la educación financiera para detonar comportamientos inversionistas, también resulta fundamental elaborar campañas de sensibilización al riesgo de los créditos porque no podemos seguir siendo una generación que vive de prestado.

La OCDE y el G20 han adoptado líneas estratégicas rectoras para el desarrollo de la educación financiera en los países miembros a lo largo de la vida de las y los ciudadanos, reconociendo contundentemente sus beneficios. Incluso, en algunos de estos países la educación financiera forma parte obligatoria de los programas de la educación pública desde la adolescencia.

La educación financiera contribuye a que un país cuente con una ciudadanía no solamente resiliente frente a los riesgos y retos económicos, sino también informada y proactiva económicamente, que fortalezca las capacidades del propio Estado

La educación financiera también beneficia al desarrollo humano, al Estado y a su estabilidad socioeconómica: siempre y cuando se genere confianza en instituciones financieras fortalecidas, transparentes, profesionales, respetuosas del Estado de Derecho

Mientras no exista en nuestro país un mecanismo oficial para la educación financiera, lo mejor es hacer conciencia de la necesidad que existe de conocer más a fondo esos temas e informarse al respecto para tomar mejores decisiones y así poder hacer ese viaje que tanto soñamos, de lo contrario nos quedaremos solo suspirando y viendo a otras personas cumplir sus metas y muriendo de envidia por sus vacaciones en Instagram Stories.

 

 

 

Domingo, 19 Agosto 2018 05:28

Vivir sin plástico

El bello mes de agosto siempre me ha marcado por sus intensas lluvias vespertinas. Y es que yo nací en este mes, el 23 para ser exactos. Fui una niña que a temprana edad decidió dejar de tener fiestas infantiles pues estaba harta de que siempre lloviera. No podía aspirar a una fiesta en algún jardín porque siempre llovía, aunque no puedo quejarme, el año pasado festejé con muchos amigos en un picnic en pleno bosque de Chapultepec y la naturaleza fue tan bella conmigo que no llovió.

Cada vez que llueve esta ciudad se nos vuelve un caos. En serio, bastan 10 minutos para que las calles se inunden, el tráfico se vuelva una pesadilla y se hagan encharcamientos tan grandes que cualquier esquina puede ser digno escenario de aquel chapuzón que un camión le dio a Bridget Jones cuando iba a proponerle matrimonio a Mark Darcy.

Pero ¿sabemos que ese caos empieza en nuestras propias casas y cocinas? Pues sí, resulta que muchas veces la lluvia se junta de tal manera en las calles porque tenemos un enemigo que bien que sabemos que existe pero nos negamos a reconocer que somos adictos a él: la basura. Y la peor quizá, es el plástico. Por ejemplo, un popote tiene una vida útil (si es que ese calificativo aplica) de algunos minutos pero tarda años en degradarse. Las bolsas de plástico que nos dan en el supermercado o incluso esas que nos ponen hasta por partida doble o triple cuando vamos a comprar lo que sea en cualquier establecimiento.

¿Se han dado cuenta de que en México darte “doble bolsa” es como sinónimo de buena atención al cliente?

Hace mucho que yo comencé a decir “sin bolsa por favor”, lo mismo con los popotes. Sin embargo a veces parece que la vida te pone difícil la labor de reducir el consumo de plástico.

Por ejemplo, la semana pasada mis compañeros de trabajo y yo usamos una aplicación desarrollada por Greenpeace para medir nuestro consumo personal de plástico y, aunque mi número no fue el más alto, lo cierto es que aún me provoca vergüenza.

El experimento me reveló que uso más de 400 objetos de plástico y particularmente tres categorías son las culpables: envases de cremas, shampoo, limpiadores y jabones por un lado; cotonetes para limpiar mis pequeñas orejitas y algunos empaques y envoltorios que nos dan ya en la comida que compramos a diario.

No pude evitar sentir vergüenza y angustia por saber que mi consumo sigue siendo alto, a pesar de que ya he hecho cambios significativos en mi estilo de vida. Por ello, decidimos publicar en un video nuestra experiencia y gracias a eso, varios amigos y conocidos comenzaron a tomar conciencia y también a compartir consejos que ellos ya implementan para bajarle al uso de este material tan dañino para el medio ambiente pero lamentablemente tan práctico y común en nuestras vidas.

Mi amiga Fernanda, por ejemplo, me dijo que en una tienda muy trendy de origen japonés ella había encontrado cotonetes con palito de bambú. Fui a buscarlos pero no los hallé, aunque en su lugar pude adquirir unos con palito de papel que resultaron excelente alternativa porque confieso que sí me gusta limpiar mis orejitas después de cada ducha.

Otra amiga emprendedora nos regaló unas telas para envolver nuestros alimentos que comenzamos a probar esta semana. La tarde del viernes hice un panqué de elote y también unos muffins. Como muchos saben, este tipo de pan es bastante delicado pues el elote se fermenta con facilidad si no se guarda o refrigera de manera adecuada. ¿Qué mejor que un alimento delicado para probar si las Apitelas eran efectivas? ¡Ah! Porque se llaman “apitelas” pues están relacionadas con la apicultura. Y es que el chiste de esas telas es que están cubiertas con cera de abeja y aceite de coco para garantizar que se sellan de forma hermética cuando cubrimos nuestros alimentos y así considerarlas un verdadero reemplazo de los plásticos autoadherentes que muchas veces usamos para cubrir los alimentos antes de guardarlos.

Decidí cubrir el panqué en el molde y meterlo al refrigerador. Sin una cobertura realmente hermética, el pan en refrigeración se pone duro, hasta yo que no soy precisamente el ama de casa modelo lo sé.

Bueno la segunda prueba fue envolver con otra apitela unos muffins de elote que también hice. Esos no los metí a refrigeración y también, cuando el pan no se pone en bolsa de plástico y se deja en la de papel, suele endurecerse. El riesgo además sin refrigeración era la fermentación del maíz.

El resultado fue muy positivo pues al día siguiente ambos experimentos salieron perfecto y nuestros panes, tanto el del refrigerador como los que permanecieron a temperatura ambiente estaban deliciosos y frescos como si estuvieran recién horneados. ¡Punto para las telas!

Como realmente el video tuvo mucho impacto, otros amigos nos compartieron incluso un directorio de pequeños comercios que ya han erradicado el plástico de sus productos.

Estoy decidida a erradicar el plástico de mi vida y a tener un consumo responsable para generar menos basura pues, mi ciudad puede ser muy hermosa y si nos ocupamos de producir menos basura evitaremos esas molestas inundaciones y además, impediremos que millones de toneladas de plástico terminen en ríos y mares. Y tú, ¿te animas a vivir sin plástico?

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 12 Agosto 2018 05:47

Que nunca nos quiten las fuentes

Hace unos días, mi estado de ánimo no era el mejor. Tuve una semana por demás estresante y además mis hijos no han estado en casa por lo que me sentía un poco sola. Y de plano, en una búsqueda un tanto frustrante de inspiración, salí a la calle y sin darme cuenta comenzó a salir agua de mis ojos. Entonces, se cruzó frente a mí una fuente. Nada ostentoso, nada espectacular, solo una fuente más de las muchas que hay en esta hermosa Ciudad de México.

Sólo mirar el agua me relajó y me hizo relajar ese nudo que estaba sintiendo en el pecho. El sonido del agua y el movimiento de los chorros que no parecen ir a ninguna parte de esa sencillísima fuente me dio la paz que andaba buscando sin saberlo.

Fui editora de una revista de arquitectura por más de tres años y jamás me pregunté ¿Por qué hay fuentes en las ciudades? Esta es una pregunta que no se suele plantear pero ayer me la hice. Un arquitecto te diría que la función original de las fuentes en los espacios urbanos eran la provisión de agua potable.

Pero ¿eso sigue siendo válido en el mundo moderno? Lo cierto es que en las grandes ciudades, las fuentes son elementos ornamentales pero ¿tienen una función? Pues sí, resulta que el hecho de que el espacio público cuente con estos aparentes “ornamentos” vuelve rico el lugar pues siempre se agradece un área de descanso donde la gente se relaje y ¿para qué? pues para favorecer la comunicación entre las personas, lo mismo con otras personas que consigo mismas, como me pasó a mí ayer..

Así es como la arquitectura no se cansa de demostrarnos en lo cotidiano que su principal razón de ser no es meramente funcional, decorativa, habitacional o urbanística, pues en su conjunto, desde una perspectiva integral, la arquitectura cumple sobre todo una función social.

O ¿acaso hay un momento más feliz que cuando los niños y jóvenes se divierten mojándose en el Monumento a la Revolución? Vamos que hasta alguien triste puede olvidar sus penas sólo con mirar a la gente jugar y reír una tarde cualquiera.

Otra que yo disfruto mucho es la fuente de La Diana pues es un símbolo de la capital que adorna Paseo de la Reforma. Fue inaugurada en 1942 y sus creadores, el arquitecto Vicente Mendoza Quezaday el escultor, Juan Fernando Olaguíbel le otorgaron el nombre de La flechadora de las estrellas del norte. La fuente representa a Diana, la diosa romana de la caza y de la Luna, una belleza para una feminista como yo.

Otra bellísima es la Fuente de Tláloc Cárcamo de Dolores, que sí fue una obra hidráulica que distribuía el agua del Sistema Lerma a la Ciudad de México, construida por el arquitecto Ricardo Rivas en 1951. En este lugar, Diego Rivera realizó un mural dentro del cárcamo titulado “El agua, el origen de la vida” y una fuente de Tláloc que vistosamente adorna su explanada. Actualmente, se destina únicamente para mostrar la obra de Rivera y pertenece al Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental.

Y justo hace unos días que visité lo que era el viejo hotel Virreyes y que ahora es un famoso hostal y espacio de coworking, noté que esa complicada zona de tráfico también tiene un pequeño espacio de paz en la fuente del Salto del Agua, una pequeña construcción de la que brota un chorro de agua que se ubica en pleno eje central. La escultura, marca el lugar donde terminaba uno de los acueductos más importantes de la CDMX en la época virreinal. La estructura original data de 1779, pero en los años 60 fue sustituida por la réplica actual hecha por el escultor Guillermo Ortiz. Es una de las más antiguas de la capital y adorna una de las vías principales de la CDMX.

Otra ciudad famosa por sus bellas fuentes es Roma, donde obviamente no puede faltar una visita a la Fuente de Trevi, donde ya es muy famosa la tradición de pedir tres deseos tras arrojar tres monedas dando la espalda a la fuente.

Muy cerca de Roma está Tivoli, donde la fuente más famosa es La Fontana dell’Ovato o Fuente Oval, también llamada Fontana di Tivoli, se encuentra en la Villa d’Este, Tivoli, Italia, y fue declarada en 2011 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y cuyos jardines están considerados uno de los más bellos del planeta. Recuerdo bien haber estado allí correteando a mi hijo que ahora tiene 21 años y entonces apenas comenzaba a caminar. Buenos tiempos aquellos.

Así que ya lo saben, ya sea en el extranjero o en México, opciones hay muchas, si un día andan medio tristes o estresados, o de plano sienten que van a tener un ataque de ansiedad, busquen la fuente más cercana y recuperen la paz con el simple hecho de mirar el agua correr y escuchar su relajante sonido. Es gratis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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